Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

sábado, 29 de octubre de 2011

Contra las "credenciales de bondad" y otras yerbas.

Hoy quiero señalar mi profundo rechazo a una modalidad generalizada que se observa en diferentes ámbitos, principalmente en aquellos que hacen alarde de políticamente incorrectos.
No puedo decir que sea una moda porque lleva siglos practicándose con diferentes disfraces. Se trata de justificar el daño infligido al otro, los actos de injusticia, la persecución y hasta el asesinato en masa basándose en la supuesta maldad del otro.Aún quienes defienden a las víctimas a veces caen sin darse cuenta en esa trampa cuando intentan mostrar que después de todo las acusaciones son falsas y que los "malvados" no eran tales.
Refutar una calumnia está bien, pero no hay que perder de vista lo esencial: después de siglos de historia hemos llegado a comprender que nuestras sociedades pueden y deben garantizar un mínimo de derechos, un piso si se quiere, a todos sus integrantes ¿Por qué? Porque las sociedades que lo logran son más ricas, más complejas,  más  seguras, menos violentas para sus componentes que las que ni siquiera intentan asegurar ese piso.
Ese piso mínimo es lo que se conoce como "derechos humanos". Y constituyen un horizonte más que un lugar donde asentarse. Son una utopía: sirven para caminar.
Pero hete aquí que se introduce el viejo prejuicio que insiste en preferir privilegios en vez de derechos, y entonces salta una vieja al grito de "los derechos humanos son sólo para los delincuentes y no para las personas honradas"... y la trampa no está en la falsedad de su afirmación sino en la idea implícita de que un delincuente por ser tal, ya no debería tener derechos...la defensa no puede pasar por mostrar que muchos son detenidos injustamente o que en el fondo son buenas personas porque ese razonamiento está cayendo en la misma trampa que trata de eludir. No es la bondad lo que garantiza que deban respetarse sus derechos: es un acuerdo existente en la sociedad de que todas las personas por nacer en ella, tienen un mínimo de derechos asegurados sin importar sus características personales.
Y esto que se aplica al presente, también se aplica en cierto modo a la historia, que no hace otra cosa que formularle preguntas al pasado, desde el presente.
No hay una máquina del tiempo que nos permita reparar acciones que hoy en día consideramos injustas pero la historia se escribe día a día. No es inmutable. Ella representa la visión de una época sobre su pasado, y en ese sentido, si bien no podemos evitar, por ejemplo, la mal llamada "Campaña al desierto", podemos, al menos, dejar de aplaudirla. Podemos dejar de ejercer y justificar la discriminación hacia los pueblos indígenas (no porque estuvieran antes sino porque aún seguimos en deuda con ellos, ya que no los hemos tratado como iguales, tal es nuestra obligación y su derecho). No vale la excusa de que llevamos más de cien años haciéndolo. Cuanto más tiempo lleve una injusticia más obligados estamos a dejar de cometerla.
Y he aquí que resulta que para evitar esas reivindicaciones históricas aparecen los artilugios ya mencionados: que después de todo no eran buenos, que ellos también cometieron crímenes: la exigencia de un certificado de bondad a las víctimas...que quienes piden justicia no son legítimos descendientes de las víctimas, que son mestizos (certificado de pureza de sangre, además). Criterio que haría imposible denunciar un exterminio completo, porque ninguno de los denunciantes sería legítimo descendiente.
Curioso prurito además si se tiene en cuenta que la discriminación es ejercida a ojo de buen cubero (si pareces,sos), pero a la hora de reclamar derechos y justicia hace falta un ADN certificado por escribano.
¿Qué formaba parte de un proyecto de nación? ¿Qué somos hijos de ese proyecto? ¿Y? Eso no significa que sea ahora nuestro proyecto de nación, ni, tampoco, que no veamos cosas positivas en él. Pero reivindicarlo in toto por inercia no es la mejor opción. Sobre todo si pretendemos construir una Argentina para todos, que pueda mirarse al espejo sin avergonzarse y sin añorar patrias ajenas...

4 comentarios:

  1. Si no leíste la nota de Jose Pablo Feinmann " La pesada carga del hombre blanco " te recomiendo hacerlos

    http://findelcapitalismo.blogspot.com/2011/10/la-pesada-carga-del-hombre-blanco.html

    ResponderEliminar
  2. Ya había leído ese artículo. Gracias por la recomendación.

    ResponderEliminar
  3. Iris, los "originarios" ni estaban allí desde el origen ni vivían en un bucólico edén en armonía con la naturaleza, en cambio se ocupaban de conquistar y asesinar a otros grupos y de depredar los recursos naturales que estaban a su alcance; por eso eran nómades: si se agotaban los recursos buscaban otra zona y si estaba ocupada combatían a muerte, como se combate por la comida y la supervivencia...

    ResponderEliminar
  4. Ese es el argumento que cuestiono justamente: creer que el daño al otro se puede justificar aludiendo a su maldad. Nunca dije que fueran perfectos, ni siquiera dije que fueran mejores que los invasores. Sólo que después de siglos de injusticia seguimos discriminando.Y que es nuestro deber corregir eso . Nada más.

    ResponderEliminar