Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

sábado, 29 de octubre de 2011

La Ciudad


Este cuento forma parte de una serie más larga (por el momento una colección de relatos laterales), aún incompleta.

La Ciudad
o cómo hacer periodismo independiente en serio

Es la más hermosa de las Ciudades, la más bella que jamás haya existido, o existirá. Es sencillamente, la Ciudad. Cualquier otro nombre la desmerecería. Es sencillamente, el arquetipo de Ciudad del cual todas las Ciudades restantes son meras sombras.
La Ciudad brilla cual gema en el espacio, situada en una órbita estable,utilizando para ello los Puntos de Lagrange pertenecientes al sistema Tierra-Sol-Luna. Ajena a la mezquindades de la Tierra, y a la envidia de quienes nunca podrán habitarla, por ser indignos de ella.
Pero no siempre fue así. Pocos se atreven a recordar su verdadera historia, olvidando que la escasa dignidad de sus constructores no contraria la belleza de su obra. Como dijo un hombre sabio, Dios escribe derecho con renglones torcidos. Nada más cierto en este caso: la Ciudad le debe su existencia a un grupo de seres viciosos e inútiles, cuya soberbia era insoportable a los ojos de la gente decente.
Se los contaré. Escuchen con atención. Hace muchos años, cuando aún existían las naciones sobre la faz de la tierra, cuando la Ciudad no era más que un sueño caro y lejano, surgió un grupo nefasto, formado por la crema y la nata de la intelectualidad mundial: científicos, ingenieros, escritores, periodistas. Creían ser dueños de la verdad y actuaban en consecuencia. Defendían ideas inmorales, y las practicaban. Eran ateos y se reían de Dios y sus obras. Se hacían llamar “bright” (brillante), una muestra más de su invencible vanidad .Esto quizá no debería asombrarnos, ya decían los antiguos que fue el más brillante de los ángeles el que se rebeló...
Pero pronto la gente decente se rebeló contra tanta maldad. En el gran país de la libertad fueron juzgados como delincuentes. Esto fue posible gracias a las leyes democráticas que sus habitantes impulsaron, leyes que permitían aplicar la máxima condena a los crímenes contra la humanidad: la hoguera. Sí, el fuego purificador era su castigo...
Claro que no fue sencillo. Muchos huyeron a países incivilizados, gobernados por dictadores populistas, en busca de protección. Países que simpatizaban con su deforme visión del mundo. Otros en cambio se quedaron . No les agradaban los gobiernos dictatoriales y, poseídos por la creencia de estar defendiendo algo justo, insistieron en difundir sus mentiras en el juicio.
Estaban entre ellos Miriam Russell, una física teórica muy renombrada (había ganado un premio Nobel), Alexandra Hollow, famosa por descubrir una forma más eficiente de utilización de los paneles solares, y Ernest Thomson, un ingeniero experto en el diseño de materiales. No había forma de que eludieran la condena,o al menos eso parecía.
Su actitud, burlona y soberbia, les enajenó el apoyo del jurado de inmediato. Y el desarrollo posterior del juicio empeoró todavía más su situación.
Las familias de estos individuos sufrieron mucho: la gente no quería comprender que eran inocentes y las perseguía. Finalmente el gobierno tomó cartas en el asunto ofreciéndoles protección y nuevas identidades, que fueron rápidamente aceptadas.
Una vez atados estos cabos sueltos y siendo manifiesta la culpabilidad de los acusados , el resultado del juicio era evidente. Los acusados fueron declarados culpables y el juez les asignó la pena máxima a todos.
Hubo festejos en todo el mundo civilizado. Sobre todo en el gran país, artífice de un nuevo triunfo para la libertad.
Al júbilo le siguió el fastidio, porque los acusados apelaron una y otra vez. Siempre fueron hallados culpables, pero no desistieron hasta llegar a la Suprema Corte.
El juicio fue televisado a todos los rincones del planeta. El interés, que había decaído, renació con más fuerza que antes.
La estrategia seguido por los acusados en su último intento fue grandilocuente e inútil. Era evidente cual sería el veredicto. Fueron declarados culpables por el supremo tribunal y su suerte quedó sellada.
La ejecución iba a ser televisada a nivel mundial y se esperaban records de audiencia...
Sin embargo algo inesperado sucedió. Los planes de construcción de la Ciudad se retrasaban por falta de gente idónea. Entre los que fueron detenidos o huyeron estaban miembros importantes del proyecto. Por otra parte el carácter arriesgado de la empresa hacía difícil el reclutar nuevos miembros.
Los funcionarios a cargo de la gestión del proyecto movieron influencias y poco antes de la ejecución se supo que los condenados habían aceptado trabajar en la construcción de la Ciudad y ,a cambio, se les concedió el indulto. Fue una muestra de debilidad de nuestros gobernantes, o, tal vez, una muestra del poder de la Providencia Divina.
Lo cierto y auténtico es que la Ciudad existe y seguirá existiendo mucho después de que los “bright” hayan caído en el olvido. Tal es el destino de las obras que superan en mérito a sus creadores.
El joven periodista suspiró aliviado, mientras miraba una vez más la pantalla. El artículo sobre los orígenes de la Ciudad estaba completo, y justo a tiempo. El día siguiente era el aniversario,y como de costumbre se publicarían artículos conmemorativos. Sin embargo para él no era sólo rutina. Se trataba nada menos que de su primer publicación, si lo aceptaban, claro está.
Poco después lo presentó a la editora para su revisión. Ella lo leyó rápidamente mientras asentía. Él permaneció de pie tratando de disimular su nerviosismo.
Es bastante bueno— comentó finalmente— , lo enviaré. De seguro estará en la edición de mañana.

1 comentario:

  1. Las grietas en la acabada civilización, forjadas por los herejes que consentimos son la esperanza del cambio futuro.
    Que podrán gozar quienes sepan de la existencia de una prehistoria (aún en el siglo XXI !) por unos extraños libros que le explicarán como el hombre vivió tan alejado de su condición de "humano". Algo que debería haber sido elemental hace tanto.

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