Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

jueves, 10 de noviembre de 2011

Ciencia para todos

Tomando como punto de partida un artículo que leí en el blog del profesor que habla sobre la presentación del último libro de Paenza este miércoles 9 de noviembre y la presencia de Cristina en dicho evento, y resalta la importancia de que desde el gobierno se ha dado a la educación y a la investigación científica. Importancia reflejada no sólo en discursos sino en inversiones constantes y sonantes.Y creo que eso es lo esencial, lo que marca la existencia de un punto de inflexión en la historia de nuestro país. Paenza es doctor en Matemáticas y con sus obras ha aportado mucho a la divulgación de la misma. Pero eso en sí mismo, sin desmerecerlo, no es una novedad.En nuestro país hemos tenido figuras excepcionales en diferentes campos científicos pero por desgracia han faltado, salvo contados períodos siempre interrumpidos abruptamente, políticas públicas que fomentaran tanto la generación de nuevos conocimientos como su divulgación entre amplias capas de la sociedad.
El proyecto político iniciado en el 2003 ha apostado decididamente por la educación y por la producción de conocimientos. Cito al profesor: "Lo que respalda estas palabras de la Presidenta y las convierte de un discurso en una política de efectos reales es el hecho que éste, el gobierno kirchnerista, entre otras cosas, ha  triplicado en ocho años el presupuesto destinado a la educación y el desarrollo científico y tecnológico, ha puesto en marcha innumerables emprendimientos tecnológicos, ha renovado el apoyo a los proyectos que sobrevivieron a la destrucción menemista y de la alianza, ha repatriado a centenares de científicos brindándoles un espacio apropiado para que puedan contribuir con sus conocimientos."
Allí está la clave. No dejar ni a la educación, ni a la ciencia y a la tecnología al arbitrio de los caprichos del mercado, porque por ese camino sólo podremos, a lo sumo, proporcionar investigadores a universidades de EEUU y Europa y a las multinacionales, que beneficiarán a los países centrales (en rigor de verdad favorecerán principalmente las finanzas de dichas multinacionales) pero no al nuestro.
Aclaro desde ya que estoy en contra del sistema de patentes y que desconfío enormemente de que éste sirva para incentivar la investigación y los descubrimientos. Más aún dada la forma en que se construye el conocimiento científico: este se beneficia del intercambio de ideas y no de su atesoramiento.
Pero comprendo que los años del inventor de entrecasa, que con muy poco hacía mucho, han pasado. Como en la explotación de una mina de oro, las vetas más superficiales se han agotado y para seguir buscando no basta con un pico, una pala y un poco de suerte.Hace falta mucho dinero para financiar las investigaciones. Claro que las empresas pueden aportarlo, pero a largo plazo es arriesgado subordinar el rumbo todo de una ciencia al criterio más bien miope y cortoplacista del mercado.
Por eso es que el Estado debe tener un rol activo, tanto en la educación como para fomentar la investigación básica, muchas veces desdeñada por poco rentable, como para favorecer la investigación en proyectos de gran interés social a largo plazo. Pero eso no basta: la ciencia debe estar presente en la vida de todos no sólo en forma indirecta a través de sus derivados tecnológicos y la educación no puede consistir sólo en combatir el analfabetismo. ¿Por qué digo esto? Porque la sociedad en la que vivimos es de una gran complejidad y sólo puede ser sustentable si una buena porción de la sociedad conoce y comprende los fundamentos básicos de las tecnologías de las cuales depende.
Y más aún que la ciencia básica lo que debe llegar a las escuelas es el método científico: para acercar al pueblo a la ciencia y que deje de verla como algo inalcanzable o como una amenaza, hay que enseñar lo que es el corazón mismo de la ciencia, lo que la hace una herramienta tan versátil. Tal como para aprender a cocinar hay que agarrar las ollas, para pensar científicamente hay que conocer su método.
El método científico no es otra cosa que una combinación de empirismo con pensamiento crítico: como tal es una escuela de humildad y escepticismo (entendido como la necesidad de tener pruebas antes de aceptar las afirmaciones como verdaderas, no en su sentido original de escuela filosófica). Ayuda enormemente a tomar decisiones y a distinguir "fraudes" y "cuentos del tío". No es un dato menor en un mundo inundado de publicidad que apunta al pensamiento mágico y de seudo especialistas que insisten en vender propuestas económicas de probada ineficacia como auténticas panaceas.
Contrariamente a lo que plantea el prejuicio, no sólo no va en contra del interés de un gobierno popular tener un pueblo instruido y con pensamiento crítico sino que puede ser esencial para su supervivencia en un mundo donde las políticas antipueblo se hacen tragar endulzadas con campañas que apuntan a la irracionalidad, y al miedo.

4 comentarios:

  1. Calculo que Descartes le pondría una zapatería en el toor a cada teólogo de la ¿ciencia? económica que apelan constantemente al dios mercado.

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  2. Si; no se si es un prejuicio lo que acotás al final, o una mirada interesada de quien sabe en el fondo que las cosas son más o menos al revés, siendo que su ecuación de gestión lleva necesariamente a dejar una porción de la población (la más vulnerable, claro) afuera del sistema. O de donde están siempre tan atentos a tener a mano la política de represión?

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  3. Pobre Descartes, no ensucie sus zapatos Moscón.

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  4. Creo que el último párrafo se presta a confusión, Daniel, el prejuicio al que me refería es el de creer que los gobiernos necesitan de la ignorancia del pueblo para conducirlo. En realidad un pueblo consciente es más fácil de conducir porque comprende hacia adonde va.
    Lo otro creo que es una combinación de las dos cosas:los que fomentan el neoliberalismo se benefician del estado de cosas que generan sus acciones pero también han llegado a creerse sus mentiras.

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