Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

viernes, 18 de noviembre de 2011

Las "ciudades perdidas"

Un anciano rodeado de chiquillos contaba diferentes relatos supuestamente basados en sus recuerdos.Algunos creían que tenía una memoria prodigiosa, otros en cambio decían que se inventaba todo y que estaba loco de remate.
Tenía 80 años y era el único hombre de esa edad en su comunidad, la mayoría moría joven. Si bien no tenía ninguna enfermedad grave no podía realizar ningún trabajo pesado y era despreciado por eso por los demás hombres y por las ancianas (que sí había, aunque ninguna tan vieja cómo él) que lo odiaban porque a diferencia de ellas se limitaba a estar sentado mientras ellas debían trabajar muy duro para poder recibir su ración de alimentos. Sólo la indulgencia de las mujeres jóvenes lo salvaba del abandono total. Al ver que el tipo se prestaba a mantener entretenidos a sus hijos contándoles cuentos mientras ellas hacían las tareas domésticas, le daban una parte de su ración y así le permitían subsistir.
Una de las historias preferidas del anciano era la de las "ciudades perdidas". ¿Cómo se pierde una ciudad? Bueno, decía el anciano, por extraño que parezca, eso sucede. De un día para otro una ciudad que llevaba años en un sitio se esfumaba. No quedaba nada en pie, ni  siquiera ruinas.
—Pero ni siquiera las bombas más poderosas pueden hacer eso —, protestó una niña en una ocasión. Los demás niños se rieron de ella y bajó la vista, avergonzada.El anciano sonrió y respondió:
— Hay una fuerza más poderosa que las bombas, pequeña. Y es el olvido. Nada escapa a ella, ni los hombres, ni las ciudades.Una anciana que pasaba por allí le dijo socarronamente:
— La Ciudad siempre ha existido y siempre existirá, y sabes bien que es ella la que hace que las ciudades y las gentes desaparezcan, no es magia,  ni es el olvido.
— Yo recuerdo como mi madre me narró cómo fundaron la ciudad, antes de eso no existía.
— ¡Bah! Seguro te lo has inventado.Yo no recuerdo eso.
—Eso porque eres una cabeza hueca, incapaz de recordar nada que no trate acerca de ollas y platos sucios.
— Al menos sirvo para algo útil, no como tú— dijo la anciana y se fue a continuar con sus tareas sin esperar respuesta.
— La Ciudad también desaparecerá — comentó melancólicamente el viejo— ni siquiera ella se librará del destino natural de las cosas y las personas.
Los niños protestaron pidiendo otro cuento y él dejó sus divagaciones para continuar con su relato.
Meses después la Ciudad mandó una de sus "misiones de paz" a esa región. Arrasaron todas las construcciones, cuidando que no quedara ningún sobreviviente y borraron toda referencia a sus habitantes en los registros históricos. Incluso el nombre de la ciudad que allí había se eliminó de todos los mapas.Así fue como realmente todos desaparecieron sin saber que estaba sucediendo ni porqué.A lo lejos un funcionario de la Ciudad sorbía una copa de buen vino y sonreía. El sabía o al menos creía saberlo...y eso era lo único que importaba.
Ese día las acciones de la Grace Company aumentaron un 400% su valor.

7 comentarios:

  1. Perdidas, no sé, pero vi desaparecer ciudades del interior cuando levantaron los ferrocarriles.

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  2. El famoso "destino natural".
    Es como cuando los adultos me decían;
    -"Mirá, siempre habrá pobres, porque es así (de natural, claro)".
    Y así se pierden ciudades, ideales, luchas... total, "es natural que suceda".

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  3. "Ramal que para, ramal que cierra", ¿no Quijote? y está costando un montón reconstruirlo, pero lo peor es que ya no basta para que los pueblos pequeños revivan. Algo de eso decía Enrique Mario Martínez, hay que lograr descentralizar: no toda la carne necesita procesarse en el mismo lugar, ni toda la leche,en fin,volver al procesamiento in situ es la única forma de disminuir la concentración de toda la población en pocos núcleos urbanos. Claro que eso jamás estará en los planes de las multinacionales.

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  4. ¿Esa no era una frase del turco también, Daniel?
    Dolina ha dicho en varias ocasiones que un gobernante fatalista es el mayor de los peligros: si todo está escrito ¿para que barreras en los pasos a nivel, para qué hospitales?, si te vas a morir es porque llegó tu hora. Justo lo opuesto de la tarea de un estadista que tiene que intervenir activamente para mejorar la calidad de vida de su pueblo.

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  5. Espero que no desaparezca la Ciudad de Bs. As. porque están haciendo muchos agujeros pa' poner edificios nuevos y guardar coches que hace caer al de alau.

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  6. Hacer desaparecer Buenos Aires es mucho trabajo y el Mauri le huye al trabajo como a la peste. Va a quedar un poco vapuleada, eso sí.

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  7. Antes que Carlos Saul Innombrable dijera "Ramal que para, ramal que cierra", Iris, el Proceso de Destrucción Nacional (de la mano de Joe Martínez de Hoz) levantaba las vías y las enviaba a Palpalá - Jujuy.
    A los transportes les pagaban 16 veces el precio del hierro "recuperado"; por lo que el Estado (?) perdía (?) fortunas.
    Si las hubieran dejado donde estaban y/o hubiesen autorizado a los lugareños a "llevárselas a sus casas" (durmientes incluídos), más de un poblador se habría beneficiado y el Estado no malgastaba.
    Coincido con el resto de las apreciaciones.

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