Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

sábado, 5 de noviembre de 2011

Los ladrones de almas


Continuando la serie de cuentos laterales :

Los ladrones de almas.
En las ciudades de la Confederación, y también en algunas “ciudades libres” se hizo popular entre los niños una historia. La contaban las abuelas y se fue modificando a medida que se la relataba, de un modo tal que, dos años después de su invención, ya existían cinco versiones distintas.
Según las abuelas, todos los niños al nacer reciben un alma: una luz pequeñita y casi invisible. Hay que observar con mucha atención para percibirla y aún así, muchos no la ven.
Cuando los niños crecen, sus almas no crecen con ellos, por lo que se conservan pequeñas y se hacen más difíciles de observar.
Se suele pensar que las almas brillan más intensamente cuando la persona está feliz, pero también hay quienes creen que las almas de los enamorados son las más brillantes obviamente son versiones contrapuestas. No falta quien dice que el sufrimiento es el que templa las almas y les da mayor resplandor ( esta versión se parece demasiado a la anterior... tal vez sea otra forma de expresarla)
Las almas son muy frágiles y además se pueden perder muy fácilmente. Sobre lo que ocurre con las personas que pierden su alma, las versiones difieren. Algunas dicen que las personas no pueden vivir sin alma y mueren poco después de perderla. Otras en cambio afirman que los desalmados sobreviven sin dificultades aparentes, pero se vuelven despiadados e insensibles. Se ha llegado a decir que se esconden durante el día y salen a la noche a robar las almas de los incautos, con el fin de resarcirse de la pérdida sufrida. Claro que esto último resulta inútil porque las almas sólo pueden entrar en los cuerpos de los recién nacidos.
Sea como sea, sucede que todas las noches rondan los alrededores de las ciudades los ladrones de almas. Nadie que los haya visto sobrevive para contarlo, pero se cree que roban las almas para usarlos de luminarias. Al parecer, viven en un lugar muy oscuro,pero no resisten la luz intensa. En vez de ello utilizan las tenues luces que emiten las almas.
Ahora bien, la luz de las almas es variable: puede debilitarse o incluso apagarse, así que siempre necesitan más.
Para evitarlo las abuelas aconsejan a los niños no salir nunca de noche, y aún los adultos toman muchas precauciones, no sea cosa que los encuentren desprevenidos...
Cuando alguien está enfermo se los acompaña permanentemente porque en ese momento es más vulnerable que nunca.
Se dice con algo de malicia, que los habitantes de la Ciudad nacen sin alma y que por eso son despiadados y crueles. También hay quien supone que los corroe la envidia hacia aquellos que todavía tienen un alma. Opiniones más benévolas insisten en que todos tienen alma al nacer y que los habitantes de la Ciudad la pierden después, de puro descuidados.
Tampoco hay acuerdo acerca de lo que pasa cuando las personas mueren. Hay quienes suponen que las almas de los recién fallecidos se reunen con las de los seres queridos que los precedieron y forman enjambres luminosos, como bichitos de luz. Otros afirman que las almas esperan que alguien nazca para ocupar su cuerpo e iniciar una nueva vida. También hay quienes dicen que todas las almas de los muertos caen en poder de los ladrones de alamas, que las mantienen cautivas para siempre.
Finalmente, hay una versión que no es popular pero que me gusta mucho: es la que dice que las almas se van apagando lentamente a medida que sus dueños mueren, hasta que se apagan por completo. Una vez que se apagan no pueden volver a encenderse, tal como sucede con las estrellas cuando dejan de brillar...
Algún día la última de estas luces se habrá apagado y entonces el universo aunque nadie lo note será un poco menos luminoso, estará un poco más vacío...
Relámpagos fugaces en una noche eterna, eso son nuestras pequeñas almas. Por eso debemos cuidarlas. Quizá toda precaución sea inútil: si las mismas estrellas están destinadas a apagarse ¿Cómo podría ser distinta la suerte de tan frágiles llamas?
Sin embargo ese es el verdadero motivo para seguir resistiendo. Detrás de nuestras endebles murallas tratando de ganarle al menos un partido de ta-te-tí a la muerte. Nada más digno de ser defendido que aquellas causas que no tienen ninguna chance. Cualquiera lucha en un guerra que sabe que puede ganar; sólo los valientes combaten en aquellas que están perdidas de antemano...

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