Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

martes, 6 de diciembre de 2011

La enfermedad (primera parte)

Mientras esperamos que nuestra presidenta asuma en su segundo mandato y cierto traidor se hunda en el olvido del cual nunca debió salir, un cuento (en verdad, la primera parte).

La enfermedad

Daneel había crecido preguntándose que era esa misteriosa enfermedad. Su pueblo, los celestiales, habían conquistado todos los confines del planeta y se habían animado a pisar el suelo de sus satélites más cercanos.
Parecía que ninguna amenaza podría con ellos pero la enfermedad diezmaba a los celestiales mayores de 13 años. Los que sufrían los primeros síntomas: mareos, debilidad, hemorragias,  sabían que no se salvarían. Como la enfermedad era contagiosa se los ponía en cuarentena pero al día siguiente ya estaban muertos.Había otros que sufrían síntomas más leves, unas ligeras molestias que daban tiempo para administrar el tratamiento que los salvaría a condición de tomarlo de por vida. Ese medicamento había salvado a los celestiales de la extinción.
Daneel tenía 11 años y era el único hijo del dueño de la fábrica que tenía la patente para la producción del SAE, tal era el nombre del fármaco. El chico había oído que su padre era el salvador de los celestiales y estaba muy orgulloso de él pero al mismo tiempo se preguntaba porque morían tantos y tan rápido si el medicamento era tan eficaz.
La respuesta de su padre fue que a veces los síntomas aparecían cuando la enfermedad estaba muy avanzada. Averiguando un poco más, Daneel descubrió que el SAE era muy caro y que quienes no podían pagarlo eran enviados a cuarentena sin tratamiento.
Furioso fue a reclamarle a su padre y éste riéndose le dijo:
- No hay nada gratis en este mundo, hijo mío. La droga es muy difícil de sintetizar. Me costó años de esfuerzo ¿Por qué debería darla gratis ?
-¿No te importa que la gente se muera? Tienes una fortuna ¿cuánto dinero más necesitas?
- ¿Prefieres que regale mi fortuna? ¿Morirías tú por ellos? Yo también necesito el medicamento y lo pago. Si ellos no se esfuerzan es culpa suya.
-¡Son niños, papá!
- Sus padres debieron preverlo: si no pueden pagar las medicinas para sus hijos, no deberían tenerlos- dijo el hombre pero al ver que su hijo comenzaba a llorar su voz se dulcificó y trató de consolarlo agregando:
- Yo he creado una fundación que paga el tratamiento de muchos niños que han sido becados y que no tienen recursos pero sí voluntad de superación. Y lo pagamos de por vida. No podemos salvar a todos pero tampoco es verdad que abandonemos a las personas a su suerte.
Daneel asintió, no muy convencido. Su mejor amigo, Gabriel, había muerto hacía casi un año y nadie podía convencerlo de que era alguien sin voluntad de superación...
Su padre pareció adivinar su pensamiento porque dijo:
- Lo de tu amigo fue una desgracia, la enfermedad se presentó prematuramente y de forma fulminante. No fue culpa de nadie que muriese.
Daneel asintió nuevamente en silencio. Su padre lo miró con preocupación pero no dijo nada. Se retiró presuroso pensando que no debía descuidar el trabajo en el laboratorio. Sus negocios andaban bien y tenía gente que los atendía pero se resistía a abandonar las investigaciones. Eso era indelegable para él.
El chico reflexionó en silencio mientras completaba mecánicamente las tareas que le habían encargado en la escuela.
Había otra cosa que lo intrigaba: ¿realmente la enfermedad era contagiosa? ¿Por qué no permitían ver a los enfermos durante la cuarentena? Cuando quiso visitar a Gabriel le dijeron que la enfermedad lo había deformado tanto que lo afectaría mucho verlo. Después le comunicaron que había muerto. Fue cremado y sus cenizas se esparcieron al viento según la costumbre de los celestiales.
Después de dudarlo mucho juntó valor y se metió un día en la zona de cuarentena: para ello robó dinero a su padre y lo usó para sobornar a los guardias y llevó también una tarjeta magnética que le encontró y que conjeturó le sería útil.
Logró entrar y  al principio no vio nada notable.Era de noche y todo estaba silencioso. Sin embargo había una construcción al fondo que lo intrigó. Se dirigió allí e intentó usar la tarjeta magnética para entrar. Para su sorpresa, funcionó. Ingresó al lugar con desconfianza. Había muchas habitaciones: entró en una de ellas y se asustó al ver varias camillas ocupadas por seres deformes. Asustado, retrocedió. Sin embargo sintiéndose avergonzado entró a otra habitación. Allí también había numerosas camillas con esas personas deformes, pero hubo algo que lo conmovió mucho más. En una de las camillas, deforme y con una mascarilla de oxigeno y un tubo en la garganta, estaba Gabriel.
Daneel se acercó a la camilla. Gabriel, habitualmente delgado, estaba mostruosamente obeso. Hasta sus facciones se habían redondeado. Conservaba eso sí, su cabellera rubia, aunque lucía sucia y despeinada. En ese momento Gabriel abrió los ojos. Pareció reconocerlo y le hizo señas de que quería hablarle. El tubo se lo impedía y él intentó quitárselo. Daneel le dijo que no debía hacerlo porque corría riesgo de asfixiarse si se lo quitaba pero su amigo negó con la cabeza y siguió forcejeando.
Al fin Daneel decidió ayudarlo y con mucho cuidado le quitó el tubo y la máscara. El muchacho tosió varias veces pero parecía respirar sin problemas. Inmediatamente después Gabriel habló. Lo hizo con una voz rara,  como si hubiese inhalado algún gas de esos que tornan aguda la voz. En otras circunstancias le hubiera parecido cómica pero la desesperación la tornaba dramática.
- Por favor, ayúdame, sácame de aquí.
Daneel no entendía nada: se suponía que su amigo estaba muerto y en vez de eso resultaba que aunque claramente afectado por una deformidad que casi no le permitía moverse, estaba vivo y encerrado en aquél lugar, al parecer contra su voluntad.Gabriel volvió a pedirle que lo sacara de allí y entonces él tomó una decisión. Desconectando la maraña de tubos y cables liberó a su amigo que se incorporó con dificultad. Daneel tuvo que ayudarlo a ponerse de pie porque su inmenso abdomen  le dificultaba los movimientos. Lentamente se dirigieron a la puerta, atravesaron el pasillo y justo en la salida se encontraron con un grupo de guardias que lo miraban con severidad.
-No sabes en qué problemas te has metido, jovencito- dijo uno de ellos tomándolo por el brazo y sacándolo de aquél lugar. Llegó a oír los gritos de su amigo, cada vez más débiles y aunque forcejeó no pudo liberarse.
-¿Qué le hacen? Déjenlo salir- Gritó a su vez
-Sólo un loco dejaría salir a esas cosas. Son peligrosas.
-¡No es una cosa! Es mi amigo.
-Tu amigo ha muerto. Créeme, es mejor así- y agregó enigmáticamente mientras lo sacaba del edificio- tal vez tú termines cómo él algún día.
-Mi padre nunca permitiría eso- respondió el joven pero el guardia se rió.
-Hay cosas que ni tu padre puede evitar.
En la puerta lo esperaban unos funcionarios de rostro más adusto aún, que lo arrastraron a un vehículo sin decir palabra. Mientras se alejaban de ese terrible lugar, Daneel comenzó a pensar en las palabras del guardia y a preguntarse si su padre se enteraría a tiempo de su situación, y si llegaría a tiempo para rescatarlo...

4 comentarios:

  1. Decime vos porque pero cuando empezabaa leer el cuento , pense automaticamente en la gripe A (H1N1) que nos vendian en 2009

    Un abrazo

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  2. Sembraron mucha paranoia con la gripe A. Pero esta "enfermedad" es un poco más rara :)

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  3. Sin embargo, pensè en otro tipo de enfermedad, en una enfermedad que tiene que ver con la psiquis humana, pensè en una sociedad contaminada por tanta "poluciòn ambiental" (entièndase por poluciòn ambiental: medios, hegemonìa etc.)

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  4. Podía haber sido, ciertamente (la psiquis humana está siempre presente aunque los personajes no sean humanos como en este caso). Pero el núcleo de la cuestión era que la "enfermedad" no fuese tal.

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