Diletante y en rebeldía

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Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

jueves, 5 de enero de 2012

Salud como derecho vs salud como bien de mercado

Parece muy sencillo hablar de que la salud es un derecho humano. Basta tomar el Artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
"1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad."
Y digo parece porque en la práctica eso no está tan claro. En la sociedad coexisten dos concepciones opuestas de la salud, tal como existen dos concepciones opuestas de la educación: una como derecho humano y la otra como bien de mercado sujeto a la oferta y la demanda.
En la primera concepción la salud pública y los hospitales públicos tienen un rol fundamental porque se trata de garantizar un derecho. En ese contexto el estado tiene la obligación  de lograr que toda la población tenga acceso a atención médica de calidad. Claro que eso no es gratuito, pero al tratarse de un derecho fundamental es lógico que los ciudadanos contribuyan (proporcionalmente) con sus impuestos al mantenimiento de dicho sistema de salud. Dentro de esta concepción el concepto de clínica privada y las  prepagas son al menos discutibles. De existir sólo podrían cumplir un rol complementario y bajo una estricta regulación.
En la segunda concepción en cambio la salud es un bien de mercado cuyo precio está sujeto a especulación. El que tiene dinero suficiente recibe atención de calidad y el que no, bueno...
Es ante todo una concepción egoísta. Cada uno garantiza su acceso,  y  el de su familia, a los servicios médicos como puede.La inversión en salud es considerada un gasto y como tal susceptible de ser reducida sin complejos.
En la mayoría de los países, incluido el nuestro, conviven ambas concepciones y se superponen dos sistemas de salud no muy bien coordinados. Uno público al cual acceden principalmente los que no tiene recursos para pagar clínicas privadas. Otro privado en el que se encuentran tanto clínicas privadas, muchas de ellas pertenecientes a organizaciones religiosas, como las organizaciones de la medicina solidaria (cooperativas). Como prestatarias de servicios de salud pueden mencionarse las prepagas pero también las obras sociales, que al sellar convenios con clínicas privadas ( y al atender a no afiliados) se han convertido más en un negocio que en una forma de ejercer la solidaridad entre iguales. Aunque aún así siguen siendo una opción conveniente cuya calidad varía según el gremio.
La concepción de la salud como un negocio no se refleja solo en despreciar al hospital público o en desfinanciarlo. La idea de que el hospital público es para pobres y que como tal no importa si están hacinados o si la cola para sacar turnos con meses de antelación debe hacerse desde la madrugada, porque total los pobres son perezosos y si están enfermos por algo será, es profundamente egoísta pero subyace además tras de ella una idea de que la atención médica es un privilegio a conseguir y no un derecho a respetar.
Por otra parte si bien la separación entre ricos y pobres que van a lugares de atención distintos  dificulta la solidaridad, esta no puede generarse a la fuerza. Así como el deterioro de la salud pública permite a la atención privada cotizarse más alto, un intento por lograr que la clase media-alta vuelva a los hospitales públicos solo los sobrecargaría.
Uno de los principales problemas de nuestro sistema de salud es la fragmentación. Al depender de las provincias se tiene un ministerio de Salud de la Nación sin hospitales tal como el ministerio de educación carece de escuelas. Hay programas nacionales muy buenos y eficaces (el Plan Nacer es un ejemplo), pero la calidad de los hospitales varía según las provincias. Y los prejuicios religiosos de sus gobernadores muchas veces atentan contra la implementación de medidas que bajan desde Nación. Es la forma más perversa de invocar el federalismo: estableciendo categorías de ciudadanos según la provincia de procedencia. No basta con que se construyan hospitales con fondos nacionales (aunque es muy positivo que el estado nacional haga esos aportes): una vez construidos los hospitales deben funcionar, necesitan insumos, personal capacitado. Y sobre todo hace falta cambiar la lógica administrativa (poco personal, médicos taxi ) por una lógica centrada en el paciente ( más personas con dedicación exclusiva en cada establecimiento)  siendo uno de los obstáculos la propia corporación médica. Claro que cuesta más caro, pero se mejora la calidad del servicio, se evitan daños por errores motivados por el apuro y el cansancio. A la larga las ganancias superan a las pérdidas. Pero hay que ser capaz de pensar a largo plazo.
Esto no pretende ser una crítica destructiva ni implica que no valore el hecho de que se han hecho cosas valiosas en los últimos años en el área de salud en nuestro país. Simplemente opino que hace falta un sistema de salud público nacional menos fragmentado y con más planificación. No espero que se logre mágicamente. Algunas herramientas para lograrlo ya están disponibles gracias al proceso comenzado en 2003: es muy positivo contar con una ley que favorezca la producción pública de medicamentos: ahora hay que aplicarla tanto como se pueda. Los anticonceptivos deberían estar disponibles en todas las provincias sin excusas de sotanas; hay que hace cumplir la ley. Es fantástico contar con una calendario de vacunación ampliado. Sería conveniente regular mejor a quienes producen las vacunas y recurrir más a los laboratorios públicos y menos a multinacionales con pocos escrúpulos. Pero sobre todo hay que regular mejor (aunque eso escandalice y genere presiones: hay vidas en juego).


2 comentarios:

  1. Recuerdo en los años del menemato y sibre todo con De la Rua , desde los sectores de la derecha presionaban por la eliminacion del ministro de salud y educacion , justamente con el planteo de que no tenia sentido un ministerio sin hospitales.
    Por otro lado el sistema segmentado argentino tiene tres niveles , salud publica , obras sociales y empresas privadas . Yo creo que desde los 80 se hablaba de un seguro nacional de salud pero nunca se ha podiso plasmar , yo creo que es el momento de lograrlo a partir de que la mayor parte de los gremios ha defeccionado de dar salud a sus representados constituyendo slo un pasamanos de los aportes de las obras sociales hacia las empresas prepagas . Es para mi el momento ideal para un cambio de sistema , haciendo que los aportes de los trabajadores vayan a un servicio nacional de salud y complementandolo con impuestos si se requiere y quedando las obras sociales para turismo y otros servicios , pero quedando la salud en manos del sistema publico

    Un abrazo

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  2. Ciertamente la idea de un seguro nacional de salud es buena, pero no le veo a Manzur pinta de innovador.A lo sumo tratará de regular más a las prepagas y a las obras sociales.

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