Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

jueves, 9 de agosto de 2012

Apuntes sobre educación

Un tema estructural de difícil resolución en la Argentina (y no sólo en Argentina) es la educación y ligado a ella, la calidad educativa.
Una de las razones por las cuales el problema es de difícil abordaje es que compiten dos concepciones opuestas de lo que es la educación: la educación como derecho y la educación como bien de mercado.
Esa contradicción cruza a todos los actores del sistema educativo: alumnos, padres, docentes, directivos, funcionarios, incluso cuando no está explicitada...
La educación como bien de mercado consiste en considerar a la educación como un producto que se vende y que debe estar accesible sólo a quienes pueden pagarla.
La educación como derecho en cambio es aquella concepción que plantea que la sociedad necesita individuos con un mínimo de conocimiento y por ello garantiza el acceso de dichos conocimientos a todos sus integrantes.
La educación  privada responde a la primera y la pública a la segunda, al menos en teoría. En la práctica una de las rémoras del neoliberalismo está en la penetración del concepto de la educación como bien de mercado, en la educación pública.
En nuestro país todas las escuelas son públicas (al menos en teoría) y sólo varían en que pueden ser de gestión privada o de gestión pública.
Sin embargo la concepción privatista invade todos los ámbitos,abiertamente en la gestión privada, veladamente en la gestión pública: cuando los gobiernos provinciales toman medidas para tercerizar servicios, cuando los docentes  que  muchas veces dan clases tanto en escuelas  de gestión pública (públicas para abreviar)  como de gestión privada (privadas para abreviar) priorizan a la escuela privada dando clases en ella mientras hacen paro en la pública (está la cuestión de la falta de derechos gremiales en las privadas,pero no deja de ser un modo de establecer prioridades), cuando los docentes deciden que un grupo de alumnos no puede aprender cosas complejas por venir de una barriada pobre o cuando se discrimina al alumno que recibe la AUH.
Lo que subyace es que si no se paga, no se merece, muy alejada esta idea de la concepción de la educación como derecho humano fundamental a garantizar.
Dado el bajísimo perfil del ministro de educación es difícil saber que concepción prefiere, pero la posición de los ministros provinciales es variopinta y mucha veces choca contra las políticas de inclusión que vienen del gobierno nacional. Esto refuerza la fragmentación de un sistema educativo que aún hoy  es un conjunto de islotes que no tiran precisamente para el mismo lado. En ese sentido falta rediscutir el federalismo (lo que se llama ahora federalismo favorece la desigualdad más que la diversidad)  pero también el papel de las iglesias que gestionan escuelas  con subsidios estatales pero se niegan a ser reguladas por el estado.
Para superar esta rémora de la oleada neoliberal, que aún conserva numerosos bastiones, hace falta que los docentes mismos abracen una concepción diferente de educación:difícilmente traten de incluir más si creen que hay alumnos que no "merecen" o no pueden ser educados. Es un tema de formación docente y en ese sentido hay otro bastión a conquistar; las corporativistas facultades y los variopintos institutos de formación docente cuya calidad es muy desigual.
Sí, calidad, porque la calidad no está reñida con el derecho, por lo contrario es parte de la concepción que la educación recibida sea de la mayor calidad posible porque sino se cristalizan las desigualdades de origen.
De hecho, bajar el nivel de los contenidos exigibles en las escuelas públicas sólo favorece a los que pueden pagar profesores particulares o directamente ir a escuelas privadas , frente a los que sólo cuentan con lo que enseña la escuela: parte de la concepción de que los pobres no pueden acceder a lo mejor o tener un alto nivel educativo, por lo que hay que facilitarles el proceso. No ayuda ni a nivel personal ni a nivel de la sociedad  tener graduados con baja perfomance pero que figuren como tales en las estadísticas. Mucho menos ayuda a contener a los que dejan la escuela por diferentes motivos, uno de los cuales es la creencia de que no ganan nada continuando en ella.
EL otro criterio que divide aguas es la concepción de calidad: el criterio neoliberal del  "sálvese quien pueda" centra la calidad en la nota individual máxima que se puede sacar y no en la colaboración para lograr que el promedio general suba.
Nada más fácil para lograr un alto nivel que expulsar del sistema a los de bajo nivel sin darles otra oportunidad.
En la concepción de la educación como derecho en cambio la calidad reside en que el grupo mejore y que el nivel educativo general sea alto. Esto no se logra bajando el nivel de los contenidos sino ayudando a quienes tienen nivel más bajo a que lo mejoren incluso con ayuda de los alumnos más avanzados: que sacar la medalla de oro no sea la única presea posible.
Claro que eso significaría desde cambiar los sistemas de medición de calidad hasta lograr que los docentes fomenten el trabajo en equipo y las tutorías, como que dejen de menospreciar a determinados grupos de alumnos etiquetándolos de antemano como incapaces de aprender.
Y eso es difícil de lograr porque hacen falta profesionales y la docencia está lejos de serlo. Mejoraron los salarios pero no las condiciones laborales; un docente taxi difícilmente se comprometa con un grupo de alumnos .
Y la causa de esas condiciones está una vez más en la concepción de ver a la educación como un gasto y de tratar de ahorrar  por parte de lo gobiernos provinciales poniendo docentes por hora y no por cargo, haciendo que den más de una materia, convirtiendo el recibo de sueldo de un docente en un rompecabezas que nadie entiende.Eso no se compensa con un buen régimen de licencias sino más bien que éste es usado como un escape por los docentes, que no se sienten para nada comprometidos con el proceso educativo.
Durante mucho tiempo se pudo disimular porque si el país estaba en crisis ¿por qué no iba a estarlo la educación también? Pero al mejorar los presupuestos y la infraestructura, no mejoró la calidad educativa y es porque los factores de fondo no se tocaron.
El principal obstáculo son los diversos sistemas educativos que conforman el panorama: falta centralismo para que lo discutido por los ministros en el Consejo no se quede en aguas de borrajas y quizá directamente volver a nacionalizar el sistema educativo. El otro obstáculo son las iglesias: mucho dinero que podría financiar la educación pública se pierde financiando escuelas cuyos directivos pretenden ser de un sistema educativo aparte. Cualquier medida en ese sentido tiene costo político, pero el no realizar ningún movimiento también lo tiene. Un país en crecimiento (si quiere que ese crecimiento sea sustentable) necesita la mejor educación para sus niños y jóvenes, y en este momento no se la estamos dando .

4 comentarios:

  1. Muy bueno y bien claro el post, Iris. Lo de la educación religiosa financiada a esta altura es maléfico. Sucede que no nos podemos dar el lujo de cortarles el chorro porque deberíamos antes equiparar su organización (en eso han sido consecuentes - estoy hablando de movilidad y armado no de contenidos- y ampliarnos en cantidad en cuanto a la enseñanza pública. Nunca se hicieron tantas escuelas y sin embargo siempre seguimos en falta.

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    1. Tal vez haya que hacerlo gradualmente, sin embargo que creo que el mayor obstáculo sigue siendo que para eso hay que enfrentar a las iglesias y eso muy pocos lo hacen...

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  2. Hola Iris, comparto bastante tu nota y discrepo en algunos puntos no tan importantes
    Fundamental: Los docentes (en su mayoría) no se sienten para nada comprometidos con el proceso educativo. Hago extensiva esta observación a docentes públicos y privados. El docente “privado”, aparenta mayor “preocupación” por el alumno... Pero sólo aparenta. Deposita en el alumno un conjunto de saberes. Este “depósito” varía de acuerdo a la capacidad receptiva del chico. No “depositan” lo mismo en una privada de Villa Lugano que en una de Palermo (aunque el docente sea el mismo). El compromiso, está con “la calidad del alumnado” .
    Un “privado de Lugano” por ejemplo, deposita en páginas escritas. Carpetas gordas, muy gordas para que los padres vean que el nene trabaja mucho.
    El docente colabora en las “desigualdades de origen”. Es un colaborador activo.
    Todos sabemos que los contenidos no pueden ser aprendidos por el 100% del alumnado en las condiciones sociales-económicas-educativas actuales -ni nunca... En ese contexto tenés un secundario obligatorio.
    ¿Le privás a un chico que tenga “el papelito” para reponer en un supermercado porque no estudió el Quijote? ¿Dónde va ese pibe si además no cuenta con otras posibilidades acordes a su interés o capacidad? Se va del sistema.
    La obligatoriedad de un ciclo trae consigo una baja de nivel.
    Hacete la imagen de un pibe que por no saber resolver una integral definida, no pueda despachar hamburguesas de cualquier Mc. Un docente “comprometido socialmente” con el pibe, después de la tercera oportunidad -ojo, la vida no siempre te da una segunda- le pone un ejercicio “juego de niños” para que el muchachito zafe -aún así, hay muchos que no lo logran.
    El trabajo en equipo es otra de las contradicciones, no puede ser visto como la panacea.
    Podés tener un aula “ideal” con excelente trabajo en equipo y, al salir de la escuela, el alumno debe enfrentarse a un individualismo feroz con entrevistas selectivas incluidas.
    El docente taxi no puede estar comprometido con nada, salvo con el reloj para llegar a horario, pero el docente por cargo muchas veces no está comprometido nada más que con el reloj, para irse. Usa sus horas para pasarla lo mejor posible, acumula 10 ó 15 horas por día para, de ser posible, tener un día libre. Porque “la gran conquista gremial en el neoliberalismo” fueron las 72 horas de trabajo semanales.
    La cuestión está en el compromiso.
    Durante los 90, la escuela fue la única institución que se mantuvo (más o menos). El costo fue alto. Dejar de enseñar para dar de comer era moneda corriente... ¿Qué era prioritario?
    El desgaste fue terrible...
    Que un pibe dijera “Gracias profe por darse cuenta que ayer no comí” te desarmaba. El compromiso estuvo puesto en otro lado y el tiempo lo empleabas pesando la feta de “eso” que colocaban dentro del pan.
    Estos docentes, también formaron docentes.
    Todos, docentes y estudiantes estuvieron inmersos en el sálvese quien pueda del 2001.
    La mentalidad de la sociedad, está en la escuela. El individualismo de la sociedad, está en la escuela. La falta de compromiso de la sociedad, está en la escuela.
    Se reemplazó una escuela (caduca) que funcionaba por una (moderna) vacía. La destrucción es fácil. Para construir nuevamente un sistema educativo de calidad, no bastan las buenas intenciones.
    Las buenas intenciones, es condición necesaria pero no suficiente. Y no es sólo salario e infraestructura. Es algo interno, intangible... Es reconstruir la mística docente.
    No es imposible, pero demandará tiempo y esfuerzo.
    Un abrazo

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    1. Gracias por tu comentario, Hilda: es muy enriquecedor. Lo voy a poner como post y de paso respondo allí.

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