Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

sábado, 8 de septiembre de 2012

Reflexiones sobre la indignación ante el rol del estado

La indignación ante la intervención del estado, sobre todo si esta beneficia a las mayorías o toca intereses de grandes empresas tiene diferentes facetas: la más obvia es la de los afectados. Más que indignación es enojo ante la pérdida de privilegios o la afectación concreta de intereses.
Nada más pegadizo que el acostumbramiento a un privilegio: genera la falsa impresión de tener un derecho legítimo y la reacción a su pérdida parcial o total es acorde a esa sensación: ya sean la estatización de las AFJP, la recuperación de la mayoría accionaria en YPF, el nuevo rol del Banco Central,etc, no toleran el rol de un estado activo cuando esta actividad no es en beneficio de ellos.
Y eso ocurre porque no son verdaderos liberales: quieren estado para ser sus prebendarios. Aún siguen siéndolo pero ya no tanto, y esto los irrita, tanto que no dudan en demostrarlo ya sea a través de sus voceros o directamente.
No están perdiendo dinero: ganan más que nunca.Aún son subsidiados directa o indirectamente por el  estado. Todavía no se ha ido a fondo con ellos. Pero su sitial de privilegio ha sido rozado y eso es suficiente para enojarlos.
También está la indignación por los molestados por las medidas de control básicas de la AFIP o el control de la compra de dólares: hay una naturalización de la economía en negro que da la falsa impresión de que lo ilegal es un derecho humano. Y eso que aún no se ha ido a fondo con la lucha contra el negreo de los trabajadores, situación que involucra a grandes empresas, falsas cooperativas, pero también a PYMES y empresas familiares. Hay allí tanto grandes empresarios, como clase media  que han acordado como normal ese panorama y eso hace difícil su modificación. En caso de hacerse un cambio real la indignación de las doña Rosa con sus empleadas domésticas en negro, será tan furiosa como la de las grandes empresas (de las que ahora sólo han salido a la luz casos puntuales).
Más curiosas son las indignaciones crónicas que no dependen de hechos puntuales: es el discurso consumido de los medios de "todo está mal y todo será peor". Hay dos biotipos muy sensibles a eso: el  que se cree el país, y se siente invadido por los que no considera ciudadanos porque según él " yo pago mis impuestos y ellos no" (frase de veracidad dudosa). Olvida que la ciudadanía no depende del monto pagado de impuestos (por suerte para él) y se pone en posición de superioridad moral sobre las mayorías a las que detestaría pertenecer. El otro es el inmigrante de alma que vive el país como un hotel que no le da un servicio adecuado a sus pretensiones. Ninguno de los dos se hace cargo de sus acciones o de las consecuencias de las mismas. Todo lo negativo es siempre culpa de otros, aunque las pruebas lo señalen a él.
No es lo mismo, de todos modos, enojarse por situaciones reales de injusticia que aún persisten y denunciarlas: el cacerolero tipo no se indigna por esos motivos reales y fuertes de indignación . El que pide comprar dólares no suele pedir un sistema de transporte barato acorde a las necesidades del país, salud pública, gratuita y de calidad para todos los ciudadanos, o que los ricos paguen más impuestos.
 Siempre parecen pocas las mejoras cuando queda gente en la calle, o gente sin cobertura de salud o empleo en negro y eso debe motivar a esforzarse más, no a resignarse o a justificarlo.  En ese sentido corresponde instalar como tema de debate cosas que por naturalizadas pasan desapercibidas o iniciativas indispensables pero cajoneadas por desidia o por presión de lobbys varios. Para que la exigencia misma haga que el gobierno de turno deba tomarlas como propias.
Ir por más no es sólo una consigna, es un deber.



7 comentarios:

  1. Ah los liberales. Parece que hubo uno, presidente de USA, Jackson que se lo tomó en serio y los buenos financistas "liberales" lo cagaron a tiros.
    Sin el Estado son NADA, como era NADA el famoso y ejemplar liberalismo británico sin el rapiñaje colonialista y los corsarios al servicio de su majestad.
    El problema reside entonces como bien describís, cuando se decide utilizar la herramienta Estado en favor de las masas populares.
    Ahí los buenos seguidores de La Nación se mortifican por el 15 % a las tarjetas de crédito porque viven con el ensueño (increíble) de que con el libremercadismo podrían per se mantener el empleo en alto. Y estas medidas que persiguen realmente ese fin los ponen de la nuca.

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    1. Los liberales de bolsillo son así. Igual no creo que les importe mucho el pleno empleo a los lectores de la Nación, les basta con el libre mercado, y con que se ponga a la policía a detener a los excluidos (o eso piensan).

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  2. Como siempre buen material... más aún para un fenómeno demasiado complejo para una carilla, creo que es un tema que hay que tratar de observar fundamentalmente desde el Estado y el gobierno al margen las minorías e intereses afectados...; Venezuela desarrolló Canaima como sistema nacional y de uso público y educativo... mientras acá se pagaron licencias del privativo monopólico estándar de facto propietario..., acá en la tierra del primer GNU/Linux/FSF del mundo y de Lihuén y Tuquito y Musix y Dragora y las otras que no recuerdo..., esto que cito me parece una clara imagen de este gobierno que o no llega o lo hace tarde y a veces mal.

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    1. También lamento que no se haya apostado más por el software libre (Ututo es buena, por poner un ejemplo argentino, aunque yo prefiero OpenSuse o Trisquel) pero no creo que esa sea la constante. El estado está recobrando eficacia y los pasos dados hasta ahora como la recuperación de las jubilaciones a manos de las Afjp,la reestatización de Aerolíneas Argentinas, o la AUH, o la recuperación del control de YPF junto con la declaración de interés público de los hidrocarburos,la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, etc lo demuestran. Tanto cuando se acierta como cuando se corrigen errores pasados.
      Es claro que falta un montón: un sistema de salud integrado, la despenalización del aborto, la ley de servicios financieros, un sistema educativo de calidad y no fragmentario sin subsidio a las privadas,un mejor sistema de transporte, etc, pero este gobierno ha demostrado voluntad de cambio y capacidad de acción como muy pocos antes.
      De todos modos la última frase era general, se refería a cualquier gobierno: este y los que le sigan.

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    2. Está bien..., creo entender... mpas allá de los gustos de c/u ( para mi no Opensuse si Trisquel ), el tema - insisto - es un gobierno que no llega o lo hace tarde y a veces mal... eso entiendo desde mi marco ideológico ajeno a este neodesarrollismo...

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  3. Ta güeno. (Me refiero al post). De los comentarios me detuve en la lista de los pendientes. Coincidimos.
    Abrazo

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  4. Muchas gracias por sus comentarios.

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