Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

domingo, 21 de octubre de 2012

Madre

El ser flotaba inmóvil en la oscuridad. Llevaba eones preparándose para ese momento aunque el concepto de tiempo en ese mundo era algo muy difuso, casi inexistente...
Lo sentía. En su pequeñez sentía como el ser que crecía en sus entrañas pugnaba por salir.
Una tensión en su interior le decía que su hijo nacería pronto.
Un dolor cada vez más agudo la hacía estremecer. Lo había sentido desde el primer momento pero ahora era casi insoportable.
Su mente, sin embargo, soñaba con su futuro hijo. Sería inmenso, grandioso. Mucho más grande que ella.
Todos sus recuerdos se remitían a él. Era la razón de ser de su existencia. Crecía invadiendo cada rincón de su cuerpo, dificultando cada vez más su supervivencia.
Nunca lo vería nacer. Mucho menos lo vería crecer. Eso le producía un dejo de melancolía.
¿Cómo sería realmente? Sería grande, eso ya lo sabía, pero ignoraba cual sería su destino.
No tenía miedo- se dijo- Era un honor ser su madre...
¡Que gran mentira! Temblaba de miedo y emoción a partes iguales. ¿Sentiría él lo mismo?
No parecía. Sólo pujaba por salir sin mostrar la más mínima señal de conciencia o sentimientos.
Una oleada de dolor la distrajo de sus pensamientos. Faltaba poco. Su final se acercaba.
No... no podía ser insensible. Sin duda era muy pequeño: ya crecería y aprendería.
Ese pensamiento la asustó ¿Quién lo guiaría si ella no estaba?
Pero no había nadie a quién dañar. Eso la tranquilizó. Luego pensó que estaría solo y se puso triste.
No era como ella ¿o sí? Quizá le esperaba el mismo destino. No estaba en manos de ella elegir.
Ella había sido feliz- se dijo- Y más al saber de la existencia de él (¿o ella? Los pronombres significaban muy poco). Y ahora había llegado al fin de sus días. Junto con el comienzo para su hijo (¿O hija?). Miedo y satisfacción eran sus sensaciones más destacadas.
Se preguntó si debía darle nombre aunque nunca pudiese comunicárselo. Era su pequeña joya después de todo.
Ese fue su último pensamiento. Una gigantesca explosión la borró y el nuevo ser comenzó a crecer vertiginosamente... Un nuevo universo había nacido.




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