Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

miércoles, 22 de febrero de 2012

Los indispensables

Esto no es una referencia a Bertold Brecht,aunque podría serlo.Para empezar ¿existen las personas indispensables? ¿qué significa ser indispensable? 
Queda bien decir que nadie es indispensable, un concepto muy industrial de las personas, que hace menos referencia a nuestro carácter de seres mortales y falibles que a la idea de piezas intercambiables entre sí.Una aplicación del concepto de "obsolescencia programada" a los seres humanos. Llame ya: adquiera su nuevo ejemplar de celular y su nuevo líder... 
Aunque hay que decir que la obsolescencia programada no es un invento original por parte del ser humano. Ya existía en la naturaleza: todos los seres vivos son una muestra de una cierta obsolescencia programada en acción. Hechos para morir podría ser la etiqueta. 
Hay varias cuestiones relacionadas con este tema: una de ellas, la más cruda, es que los líderes envejecen, se mueren y el recambio generacional es inevitable. La incertidumbre está en la calidad del recambio, no en su posibilidad. No se puede depender de una sola persona, ni de dos.En ese sentido indispensable es aquella persona cuya pérdida genera daños difíciles de reparar a corto plazo.
Encarar esa realidad ,sin embargo, es más difícil cuando se trata de gobiernos que enfrentan poderosos intereses que para quienes los sirven. Ellos no necesitan patear el tablero, les basta con mantener todo más o menos como está. Un gerente es más fácilmente sustituible que un estadista...aunque en realidad la derecha no se ha privado de tener sus "indispensables", a los cuales nunca se les cuestionó la permanencia continuada en los cargos. 
Más complicado es aceptar que aquellos que considerábamos indispensables pueden haber cruzado una línea de la cual ya no puede volverse (además, la línea de quién promueve el egoísmo y el afán de lucro es más flexible, más fácil de correr que la del que busca la justicia social o defiende los derechos humanos). La lealtad pasada no justifica la traición actual y los liderazgos se renuevan todos los días. Es triste ver los pies de barro de los ídolos pero mucho peor es terminar justificando cada una de sus acciones hasta convertirnos en quienes criticábamos. Tal como puede reconocerse el gesto noble del enemigo debe rechazarse el gesto ruin o peligroso del que sentíamos como propio.No valen las justificaciones por la vía de las intenciones, ni el mentar que el enemigo es peor a la hora de jugar sucio: las reglas de juego no pueden bajarse al nivel de más tramposo o el más cruel. 
Y sí, a veces se pierde contra lo peor: a los que añoran justicia no les quedará más que levantarse y seguir luchando porque la causa no deja de ser justa sólo porque el único que hasta ahora parecía tener las agallas para llevarla a cabo haya fallado. 
Un última cuestión de estas palabras que pueden sonar oscuras,tal vez debido al quilombo que reina en mi cabeza: a la hora de decidir un rumbo,se sigue al mejor líder disponible (en cualquier ámbito de la vida) y se lo abandona si aparece uno mejor, aunque suene cruel. Y digo disponible porque no es juego limpio comparar personas reales con entelequias, ni querer reemplazar una realidad por una fantasía por más buenas intenciones que se tenga.

jueves, 16 de febrero de 2012

Frankestein o como eludir toda responsabilidad para seguir siendo bueno

Por influjo de la comodidad y de las sucesivas y truculentas películas que se han hecho, muchos han llegado a confundir al doctor Frankestein con su creación. Sin embargo más allá de las múltiples interpretaciones que la obra ha tenido quisiera centrarme en la figura de Víctor Frankenstein, a mi parecer mucho más aterradora que la de su criatura.
 Víctor Frankenstein no es realmente un científico aunque se lo  presente como tal ( y se haya usado su figura para demonizar a la ciencia, confundida esta con la tecnología y la técnica en un pastiche mental muy preocupante): es un alquimista,o  más bien un aprendiz de alquimista que busca dotar de vida a la materia muerta con métodos mágicos y convenientemente oscuros y secretos, ajenos a la comprensión del resto del mundo. Para ello actúa solo, sin confiar en nadie,ni en sus amigos más cercanos o en sus mentores.
El resultado de sus experimentos es un criatura de feo aspecto ante la cual se desmaya al  verlo abrir los ojos. Más aún: se alegra al ver que escapa y no hace nada para buscarla, cuidarle, proporcionarle algún tipo de educación.Se justifica de su tremenda irresponsabilidad invocando el horror que le produce su obra.
No le pone nombre porque eso sería asumirse padre, y por ende guardián de la criatura a la que prontamente etiqueta como monstruo.
Pero Víctor es bueno y sufre, nos recuerda permanentemente la autora. Es bueno aunque deja morir a una joven inocente pudiendo salvarla...es bueno aunque se niega a ayudar a su criatura, y decide condenarlo a la soledad de por vida. Es bueno aunque se casa sabiendo que con ello expone a su esposa a un peligro mortal. Es bueno cuando moribundo involucra a un capitán en su venganza (le advierte al capitán del peligro de la inteligencia del monstruo, capaz de seducir con palabras bellas, pero es él quien lo seduce haciendo que acepte su versión del relato).
Esa ética de Frankestein da miedo y está muy presente en nuestra sociedad: cuando se estigmatiza a los jóvenes como potencialmente peligrosos y de ese modo se justifican las agresiones hacia ellos. El "por algo será" del que mira para otro lado para seguir siendo "bueno". Los que convirtieron a las fuerzas armadas en un monstruo que amenazó con devorarse al país para que ellos hicieran negocios ( muchos de ellos aún siguen haciendo negocios). Cuando los que por años ejecutaron o ejecutan (y justifican) políticas de exclusión social (atención señora: en Europa sí se consiguen) que convierten en "inviables" a los estados  y en "desechables" a las personas, se escandalizan de ver el resultado de sus actos y temen la revancha de los perjudicados (que son malos, feos y sucios, claro está).
Porque el peor defecto de Frankestein no es su curiosidad ( mas bien escasa, renuncia rápido a ella) sino su extrema irresponsabilidad: jamás se hace cargo de las consecuencias de sus acciones: sólo quiere destruir al monstruo para borrar el hecho de que él lo hizo y él lo abandonó, asqueado...pero es tan bueno que sufre por la muerte temprana de sus seres queridos, eso sí, sin haber hecho nada para cuidarlos..
Una frase de infeliz memoria es  aquella pregunta de Caín: ¿soy yo acaso el guardián de mi  hermano? Frankestein decide no ser el guardián de su hijo y se horroriza por el hecho de que alguien al cuál le han dicho que su vida no vale nada no valore la vida de los demás.
El monstruo aprende rápido la ética torcida de esa sociedad: le dicen que si no tiene nombre o propiedades no vale nada, y él , que fue abandonado por su propio padre, acepta esa condena de entrada. Nadie le explica que no es él quien está mal, que no es justo que intenten  desecharlo por no encajar...dan miedo los buenos en esa historia. Porque ser "bueno" se parece demasiado a etiquetar al diferente y condenarlo sin juicio. Porque ser inocente es muy difícil cuando hay quienes ya han sido declarados culpables de antemano.
La solidaridad se construye en igualdad de condiciones  y su base son las responsabilidades compartidas: no hay que dejarse engañar por los pequeños  Frankestein que usan la culpa para negar la responsabilidad  y llaman a la venganza ( en serio: esos pedidos de bajar la edad de imputabilidad,  gatillo fácil , çárcel fácil y hasta pena de muerte son pedidos de venganza) cuando estuvieron en primera fila para impedir la justicia ( porque un plato de comida, un techo habitable y la oportunidad de educarse deben ser actos de justicia, no de caridad)...

lunes, 13 de febrero de 2012

La caída de los "brights": última parte.

 Los condenados entraron, encabezados por Miriam. Miguel II la observó detenidamente y no pudo evitar sentirse impresionado. Era hermosa: sus cabellos rubios, su piel pálida, su ojos azules, la delicada figura... Una cita bíblica pasó fugazmente por su mente :
¿Cómo caíste del cielo, lucero brillante, estrella de la mañana?
   Hizo un esfuerzo por romper el  hechizo. Se fijó en los demás condenados. Todos lucían monos anaranjados y estaban algo pálidos, pero lucían seguros de sí mismos y hasta desafiantes. Doce en total, seis hombres y seis mujeres. Una irónica coincidencia...
   Richard Bradbury notó la confusión del papa y se apresuró a ordenar a los recién llegados que se sentaran.
Así lo hicieron. Miriam reconoció al Papa y se apresuró a saludarlo. Luego comentó:
— Es un honor verlo en persona. ¿Sabe? Mi madre lo admira mucho. Ella y mi padre son católicos practicantes..., hasta se casaron por iglesia y ¡de blanco!.
— Eso es poco común — sonrió el Papa — Imagino que quiere decir que ella, bueno... se mantuvo casta hasta el matrimonio. Es lo que simboliza el vestido blanco.
— Ignoro eso. Lo que sé, por haber mirado las fotos y los videos, es que los dos vestían de blanco. Y que eso los llena de orgullo. Pero lo que más los enorgullece ahora es que un compatriota sea el nuevo Papa.
   Un brillo irónico asomó a sus ojos mientras agregaba:
— Supongo que agrega un nuevo título a una familia ya ilustre.
   Tanto Richard como  Miguel la miraron sorprendidos. Entonces se vio obligada a explicar :
— Su apellido es Hawkins ¿Verdad?
Miguel asintió. El rostro de Richard Bradbury se iluminó:
— ¡Claro! Ese era el apellido de un gran  físico teórico del siglo XX...
— Me temo que se equivoca, ese era Stephen Hawking. La familia Hawkins se destacó en un arte mucho más antiguo e ilustre en Gran Bretaña que la ciencia: la piratería. John   Hawkins fue un famoso corsario a las órdenes de la reina Isabel Tudor.
   Richard se rió estrepitosamente mientras un enfurecido Hawkins, que no se llamaba John sino Ernest,  se ponía muy rojo y balbuceaba que la juventud no tenía respeto por sus mayores y que sus insolencias eran imperdonables.
También los demás condenados se reían. Conocían las salidas de Miriam, pero aún así los había tomado por sorpresa.
— Y bien, señor Bradbury, explíquenos ¿Qué hacemos aquí? — preguntó, muy seria, Miriam Russell.
   Miguel II escuchó, sorprendido esa pregunta. Miró con recelo a Bradbury que , ya más tranquilo, contestó:
— He pedido al presidente que los indulte. Y él aceptó.
— ¿Por qué?
   Miguel II se apresuró a intervenir:
— Pierde usted su tiempo. Ellos no aceptaran. Son demasiado soberbios para aceptar gracia alguna.
—¿ Nos trajeron aquí para otro sermón? — protestó Pierre, que había permanecido en silencio hasta entonces —, ya hemos oído bastantes durante el juicio.
   Miguel II los observó desdeñosamente a todos y dijo:
— Los siete pecados capitales en persona:gula, pereza, lujuria, envidia, cobardía, ira, y sobre todo, soberbia.
— Por favor, Su Santidad — reclamó Bradbury, viendo que la situación se le iba de las manos—, fui yo quién los convocó y no vinieron a ser juzgados, por justas que sean las acusaciones.
   Mirando pensativamente a los condenados, fue señalándolos uno a uno mientras comentaba :
— Veamos, Miriam Russell ¿Verdad? Una física teórica muy destacada; Ernest Thomson, ingeniero experto en el diseño de materiales;  Alexandra Hollow, ingeniera y una de nuestras más brillante inventoras; Ivy Willow, experta en Física de sólidos; Marina Joliot, bioquímica; Eric Draper, químico; Marc Dawkins, biólogo; Lucien  Babbage, ingeniero informático,  Ada Grant, diseñadora de software;  Max Weiss, psicólogo ;  Pierre y Marie Bloch, médicos...  
Todos asintieron al ser nombrados. Hawkins frunció el ceño como si se esforzara por recordar:
— ¿Dónde está Edward Hughes?
   Miriam rió suavemente antes de contestar:
— Convencimos a Helena para que se lo llevara. Él es muy cabeza dura y no queríamos que lo mataran.
— Eso no importa —  intervino Richard, algo molesto — No necesitamos un historiador.
— No pensamos igual. Queríamos que se fuera porque lo consideramos importante —. Señaló Miriam.
— Además conseguimos asilo político para él y toda su familia en la Confederación, así que están todos a salvo — comentó Pierre.
— Sí, creo incluso que ampliaron un poco su familia, agregándole un par de hijos — rió Bradbury mirando a Pierre y Marie— ¿los suyos, tal vez?.
— Helena los cuidará bien  — respondió impasible Marie.
—También se fueron los hijos de Alexander— Agregó Bradbury.
— Investigó bastante—Comentó Miriam, pensativa — Sí, ellos se fueron después de la muerte de su padre. Son músicos bastante buenos y creo que no les irá mal en la Confederación.
— ¿Eran “brights”? — Preguntó sorprendido el Sumo Pontífice.
— No, como tampoco lo era su padre. De hecho, lo escandalizábamos bastante, pero nos defendía, porque no le agradaban ni el fanatismo, ni la estupidez — dijo Marc.
   La mirada burlona de Marc sobresaltó a Miguel II. El Papa volvió a mirar al grupo, esta vez con desprecio:
— En la Divina Comedia figura claramente en que círculo estarían ustedes.
   Si pretendía impresionarlos, no tuvo éxito. Se oyeron algunas risitas y respuestas por lo bajo:
— El séptimo.
— El quinto
— ¿Se puede estar en varios a la vez?
— Creo que te envían al peor posible, así que nos tocaría el noveno.
   El Sumo pontífice escuchó indignado las alegres respuestas de los “brights” y vio con aún más enojo ciertos gestos que parecían destinados a molestarlo: Ivy se había sentado ostensiblemente en la falda de Marina, y Marc abrazó a Lucien.
   Miriam se rió al ver la mirada horrorizada de Miguel II.
— Por lo visto me tocó el menos divertido de los siete pecados capitales—  Y dirigiéndose a Bradbury agregó— : señor Bradbury, aprovechando que el cerebro de Hawkins ha dejado de funcionar momentáneamente, ¿nos explica su plan?
   Richard asintió:
— Oscar Sagan me ha dicho que los necesita para la construcción de la Ciudad. El precio del perdón es que trabajen en la Ciudad. Tendrán todos los recursos necesarios, pero no serán libres jamás. Eso es todo. Si no aceptan serán ejecutados.
— No aceptarán — insistió el Papa.
   Miriam miró a los demás “brights” y estos asintieron. Luego se puso de pie y se acercó a Richard Bradbury.
— Aceptamos —  Dijo y le tendió la mano a Richard,que se apresuró a estrecharla, muy emocionado.
— Entonces, está todo arreglado — comentó sonriendo ampliamente — Llamaré al presidente.
   El Papa Miguel II intentó protestar pero Bradbury lo ignoró. Mientras él sostenía una breve charla con el primer mandatario, Miguel II encaró a los “brights” con aire de superioridad.
— Galileo Galilei no tuvo el valor de morir por sus convicciones. En verdad ningún científico moriría por un teorema o una ley y eso muestra lo poco que valen las teorías científicas incluso para sus más fervientes defensores. Ahí está la debilidad moral de la Ciencia. Ustedes, a pesar de su grandilocuencia,  no fueron diferentes a sus antecesores.
— Si no aceptábamos era por soberbia, pero si aceptamos también es por soberbia. Tiene usted una mente inquisitorial, Su Santidad — Se burló Miriam.
   Miguel II se encogió de hombros. En ese momento, Bradbury terminó su conversación e indicó por el intercomunicador que los llevaran para ponerse a las órdenes de Oscar Sagan.
   Poco después sólo quedaban en el lugar Miguel II y Richard Bradbury.
— Su insolencia es increíble — se lamentó el Sumo Pontífice.
— Serán útiles a la Nación, eso es lo que importa.
— Espero que no se equivoque — murmuró resignado Miguel II .
— Piense que la Ciudad puede ser el refugio de sus sucesores.
— Si es así, prefiero no vivir para verlo.
   El Papa Miguel II se retiró. Richard Bradbury sonreía satisfecho mientras bebía una copa de vino tinto.
— Hay que aprovechar tanto a los amigos como los enemigos; todo sea por el bien de la Nación.
   Mientras salían del edificio los demás “brights” miraron preocupados a Miriam.
— ¿No estaremos haciendo invencible a la Nación? En el espacio tal vez ni siquiera la Confederación pueda hacerles frente.
— Ellos nunca estarán a salvo. Están presos del  miedo. La Ciudad no será más que una cárcel de lujo, y nosotros la construiremos. ¡Que la disfruten, si pueden!

La caída de los "brights": segunda parte

Lo que Miriam había previsto se cumplió. Ella y los demás “brights” terminaron en prisión, para algarabía general. No faltaban los comentarios del orden de “por fin se hizo justicia”, etc.
Como la paranoia general los consideró parte de una gran conspiración para destruir la Nación, se tomaron todos los recaudos para evitar que salieran en libertad (la fianza fijada era altísima) y que se comunicaran entre ellos (no se sabe que puede planear gente tan peligrosa).
A medida que pasaba el tiempo, Miriam pudo apreciar el “privilegio” de tener un abogado que la había declarado culpable antes que el jurado. Uno tras otro pasaban los alegatos de la fiscalía y él se limitaba a esbozar tímidas objeciones, más de forma que de fondo.
Se supone que usted debe defenderme — Se quejaba amargamente Miriam. Él la observaba imperturbable y respondía:
Eso hago. Pero no hay mucho de que asirse. Sería más fácil si usted fuese inocente.
Es muy difícil ser inocente en estos días — Comentó con aire desolado la joven — Intentamos explicarle al pueblo, si es que aún existe, porqué son necesarias leyes más justas..., una sociedad más justa. Pero además lo hicimos de modo pacífico...
E ineficaz — rió el abogado —. Olvida que la simple de defensa pública de sus absurdas ideas es ilegal. Los vecinos, la gente decente, no quieren saber nada de agitadores. El siglo XX terminó y sus locas teorías están muertas y enterradas.
Miriam permaneció en silencio unos instantes. Cambiando de tema, preguntó por sus padres. La respuesta fue seca y cortante:
Se les ha concedido legalmente el cambio de nombre y apellido, así como el traslado a otra localidad. Además quedan libres de toda posible responsabilidad legal hacia su persona.
Qué irónico, es una forma inusual de quedar huérfana.
Es para proteger a los familiares de los delincuentes. Así se les evita ser discriminados. La opinión pública es implacable, pero a veces es injusta.
¿Tiene alguna noticias de los demás? Ya sabe, de los otros “brights”.
No debe haber comunicación alguna entre ustedes.
No estoy pidiendo que les transmita ningún mensaje. Sólo quiero saber como están.
Ellos me hicieron la misma pregunta. No voy a romper las reglas por nadie.
Vamos, no diga tonterías. Sé que nos asignaron el mismo abogado, un curioso gesto de tacañería, debo decir. ¿O hicieron un sorteo y usted perdió?
Nadie quería aceptar su caso; me ofrecieron un sobresueldo, y la posibilidad de mudarme a otro estado luego del juicio.
Felicitaciones. Imagino que su familia estará muy contenta.
El abogado carraspeó, visiblemente incómodo y anunció que debía retirarse.
¿Tiene alguna pregunta que sí pueda responder?
Déjeme intentarlo: ¿ ha habido algún avance en la investigación de la muerte de nuestro anterior abogado?
Tampoco puedo responder a eso.
Entonces es mejor que se vaya.
Así lo haré.— Fue la respuesta.
Los juicios continuaron y fueron seguidos con fruición y morbosidad por los ciudadanos de la Nación. El veredicto final se veía venir y no parecía posible una apelación. La ejecución sería televisada en todo el territorio de la Nación. En el plano internacional la opinión pública estaba conmovida. Hubo numerosas peticiones en su favor que fueron desdeñadas y manifestaciones pidiendo su liberación, de las cuales el pueblo de la Nación jamás se enteró.
El Papa en persona habló en favor de la condena, argumentando que, si bien se oponía al pena de muerte, había casos excepcionales a tener en cuenta y que ese era uno de ellos. Frente a periodistas de todo el mundo declaró:
— “Un grupo de doce personas inspiradas por la gracia de Dios, hará que brille la justicia. Ninguna debilidad, ninguna falsa compasión debe detenerlos. Están en juego no sólo sus almas, sino también las almas de estos desdichados. No se trata de una venganza sino de justicia. Fue su orgullo lo que los condujo hasta la triste situación en que se encuentran. Ellos se condenaron, antes que nadie lo hiciera antes. Es triste decirlo, pero sucede así a veces. La inteligencia se pierde sin la guía de la fe.”
Y en un sermón memorable pronunciado el mismo día del veredicto advirtió:
—“La rebelión del ángel más brillante se debió a su soberbia. También la rebelión de estas personas tiene ese origen. La razón debe estar subordinada a la fe y no a la inversa. Estos intelectuales nos arrastraran a la perdición si no les ponemos un freno. Las bases que sustentan nuestra sociedad, aquello que nos hace humanos y nos distingue de las bestias son la fe y la moral. Ellos han atacado ambos. Por eso, si no queremos que la ciencia deshumanizada y el libertinaje de los inmorales nos acorralen, la condena debe ser ejemplar. Está en juego el futuro de la Nación.”
Después de largas horas de deliberación todos los acusados fueron condenados a la pena capital. Intentaron apelar pero fue inútil. Se consideró que no había suficientes elementos para un nuevo juicio. La ejecución de la sentencia se programó siguiendo las exigencias de la televisión (había que maximizar el rating). Todos los vecinos de la Nación la verían en vivo y en directo.
Pero ocurrió algo inesperado. En aquel momento el Director del proyecto de construcción de la Ciudad Flotante, Oscar Sagan, estaba desesperado porque había perdido a sus mejores hombres. Muchos habían huido a la Confederación y otros había sido condenados a penas de cárcel. Podía conseguir personal para las tareas menos especializadas y algunos técnicos, pero le faltaba gente capaz de planificar y dirigir la construcción. Necesitaban que tuvieran un alto grado de preparación técnica y científica: los que cumplían con los requisitos no querían ir y los que estaban dispuestos a ir no servían.
Para peor el juicio a los “brights” no sólo había motivado una auténtica fuga de cerebros, también había hecho más apremiante la necesidad de culminar el proyecto. La esperanza de la gente de la Nación estaba puesta en el espacio, donde estarían más seguros, y las autoridades pronto sintieron la presión popular. Aprovechando ese particular estado de ánimo, Sagan tomó una decisión: llamaría a Bradbury. Él sabría como resolverlo...
Al día siguiente, en el despacho de Richard Bradbury, Sagan explicaba las dificultades que afrontaba su proyecto:
Escúchame, este proyecto es lo más importante que hemos llevado a cabo tanto desde el punto de visto científico como tecnológico. Por primera vez habrá humanos de manera permanente en el espacio. Y no sólo científicos, militares o millonarios aburridos, sino personas comunes y corrientes. Poco a poco la Humanidad comienza a tener existencia independiente de la Tierra, algo esencial para la supervivencia de nuestra especie. Eso no puedo hacerlo sin gente capacitada.
Lo entiendo muy bien. Y por eso llevo años presionando para aumentar las partidas presupuestarias. Este año han aumentado mucho. Puedes contratar a cualquiera. Sólo ofrece más dinero.
No se trata de dinero. Los más capacitados se van o están presos.
Mi querido Sagan..., no seas ingenuo. Siempre se trata de dinero. Sólo es cuestión de conseguir gente decente y pagarles bien. En esta Nación no necesitamos inmorales o terroristas para hacer nuestro trabajo.
Pero quieren que el proyecto avance rápido. El presidente y varios congresistas me han llamado. Así que sí, los necesitamos — Una sonrisa irónica asomó a sus labios: — a menos que hayan decidido esperar a la siguiente generación. Por fortuna los nuevos planes educativos aprobados por las diversas iglesias y asociaciones de padres están orientados a dar a los niños una sólida formación científica...
¿A quienes quieres contratar? — preguntó Bradbury, visiblemente incómodo.
Oscar Sagan le pasó una lista. Richard la tomó, miró los primeros nombres y protestó:
Estas personas están en el Corredor de la Muerte...
Son las que necesito.
Richard Bradbury bajó la cabeza, resignado.
Habrá que mover algunas influencias...
Ese es tu trabajo, Richard.
No haces más que causarme problemas.
Ese es mi trabajo.
Veré que puedo hacer. ¿Qué otra cosa más vas a pedirme? Aprovecha que estoy de buen humor.
Richard se esforzó por sonreír pero su sonrisa se transformó en una mueca cuando Sagan volvió a hablar:
¿Y qué me dices de la absurda vigilancia que han montado? Desalienta a los pocos que podrían unirse al proyecto.
Dame un poco de tiempo. Los ánimos están caldeados, pero pronto la gente se aburrirá y podrán volver a un régimen de trabajo más normal.
Richard Bradbury movió influencias. Era el asesor científico de la presidencia, y el propio presidente intervino en su favor una vez que éste le explicó como su imagen pública mejoraría si la Ciudad se terminaba en los plazos previstos. Si bien hubo dificultades, pronto todo quedó arreglado. Sus maniobras eran secretas pero no pasaron desapercibidas para Miguel II, que decidió visitar al presidente de la Nación, Robert Ball, para disuadirlo de sus planes. No consiguió audiencia y en vez de ello, lo derivaron al asesor científico de la presidencia. Los secretarios de Bradbury se apresuran a atender a la inesperada vista. Muy pronto estaba en el despacho de Bradbury sentado frente a él.
Su Santidad, es un verdadero privilegio para mí que esté usted aquí. Pero, dígame ¿A qué se debe el honor de su visita?
No me haga perder tiempo con cortesías fingidas. Sabe usted muy bien cuál es el motivo —. Respondió Miguel II, impaciente.
Quiere ir al grano. Muy bien, lo complaceré. Es muy sencillo: el Director de uno de los proyectos científicos y tecnológicos más importantes de la Nación está siendo continuamente presionado, le falta personal capacitado y me ha sugerido utilizar a algunos individuos capacitados aunque indeseables para resolver el problema. Estaban en el Corredor de la Muerte, un detalle menor que me apresuré a arreglar: hablé con el presidente y lo convencí de que los perdonara. Aún no lo ha hecho, pero lo hará.
Entonces, aún hay tiempo para rectificar...
¿Por qué lo haría? Se trata de una maniobra beneficiosa para todos.
¿Liberar criminales es beneficioso? ¿Para quién?
Sólo son un pequeño grupo y no estarán libres. Más bien será una especie de condena a trabajos forzados de por vida.
¿No entiende el mal ejemplo que dan?
En verdad, la gente tendrá su ejecución edificante. Una producción cinematográfica que haría palidecer de envidia a muchos productores reemplazará a la verdadera— Una mueca parecida a un sonrisa se dibujó en su rostro —.Entienda, Su Santidad: el perdón no será hecho público..., sería un golpe terrible para el gobierno si la gente lo supiera.
Miguel II parpadeó, sorprendido. Esa charla lo incomodaba. Sabía que el enojo no serviría de nada, que no podía imponerle su visión, tan sólo tenía la persuasión como arma. Pero no esperaba una postura tan cínica por parte de su interlocutor.
Quisiera verlos — balbuceó —, hablar con ellos... si no supone una dificultad para usted...
Richard observaba atentamente a su interlocutor. Lo divertía el evidente nerviosismo de su visitante.
No tengo objeciones. Ordenaré que los traigan aquí.
El Sumo Pontífice asintió, pensativo.
Imagino que intentó hablar con el presidente — comentó como al descuido, Bradbury.
Sí — respondió cansadamente Miguel —. Lo más lógico era hablar con la cabeza de todo y evitar intermediarios. Pero se me dijo que los asuntos científicos están mejor en manos de especialistas y que el presidente prefería que hablase con usted.
Richard Bradbury sonrió, pero no dijo nada.
No es esa la postura oficial de su gobierno — Señaló indignado el Papa.
Oh, bueno, hay que hacer concesiones de cara al público. La gente desconfía, y con razón, de la ciencia y la tecnología; y aún más, de los científicos. Pero no es práctico prescindir de los que saben, aunque se hable mal de ellos en los discursos.
Realmente maquiavélico.
Tal vez debería hablar con Sagan. El realmente cree en la ciencia. Y cuando habla lo hace con una convicción y un entusiasmo tal que resultan conmovedores. Por suerte yo soy más cauto y mantengo prudente distancia de tales idealismos.
El demonio siempre habla con palabras dulces a los oídos de los incautos... No comprendo como dejan en manos de un ateo la construcción de la Ciudad.
No sé de que habla. El doctor Sagan es la persona más apta para el cargo. No esperará que elija a mis subordinados en base a rumores sin fundamento.
No esperaba de parte de usted una ceguera tan obstinada.
Su Santidad, no sea tan duro. Somos buenos cristianos, seguimos los mandamientos...¿ Acaso el Señor no emplea a los demonios en el infierno, para castigar a los réprobos? Lo importante es a quién servirán sus acciones...
Supongo que hubo más reclamos por parte de otros religiosos.
¡Claro que sí! Tuve que discutir con varios ministros, un par de rabinos, un pastor... Si la presión por avanzar en la construcción de la Ciudad no fuera tan grande ya hubiésemos renunciado.
Pero ¿Por qué la Ciudad es tan importante?
Seguridad. La seguridad está en juego. Desde que existe la Confederación las amenazas que creíamos olvidadas han vuelto. Y la aparición de los “brights” lo confirma. El enemigo puede camuflarse entre nosotros sin que lo notemos. Es deber del gobierno proteger a los vecinos decentes y darles seguridad.
¿La Ciudad resolverá eso?
Será un refugio para la gente decente. — luego, en tono confidencial, agregó: — ¿Sabe usted? Muchos de los que ahora se enojan por nuestros métodos nos pedirán a gritos ser admitidos en la Ciudad.
Bueno — carraspeó el religioso—, la tradición me impide abandonar el Vaticano. No podría hacerlo aunque quisiera.
Tal vez la Confederación decida por usted.
Miguel II se puso pálido:
¡Esos bárbaros!, no se atreverían... Además — reflexionó —, ustedes prometieron ayudarme en caso necesario.
Sin duda — lo tranquilizó Richard Bradbury — Pero hay que estar preparado para todas las contingencias...
Luego en tono amistoso agregó:
Para la Nación es un orgullo que uno de sus hijos haya sido investido como Sumo Pontífice por primera vez en la historia.
Claro, claro — murmuró algo cohibido el Papa — Aunque nuestros fieles son una minoría en la Nación...
Protestantes y católicos adoramos al mismo Dios de diferentes modos. Pero somos todos cristianos.
Miguel II se revolvió, incómodo. No le gustaban del todo esas palabras, pero no quería ofender a su interlocutor con una respuesta directa.
Por eso quizá fue un gran alivio para él saber que los “brights” habían llegado. Al fin los vería frente a frente. Sentía curiosidad.

sábado, 11 de febrero de 2012

La caída de los “brights": primera parte



El origen de la Ciudad está vinculado a un conflicto, un curioso conflicto interno cuyas consecuencias más lejanas nadie pudo prever. Podría decirse que la Ciudad tal como la conocemos no existiría si tales acontecimientos no se hubiesen producido.
Para aquel que siempre ha dado por sentada la existencia de la Ciudad, tal vez le resulte extraordinario saber que hubo una época en la cual la Ciudad no existía. No había prácticamente habitantes permanentes en la estaciones espaciales: la mayor parte de la gente vivía en la Tierra. En vez de la Ciudad existía una entidad más difusa que fue su precursora: la Nación.
La Nación estaba habitada principalmente por personas decentes cuya vida próspera despertaba la envidia de millones. El mundo civilizado fuera de la Nación se había fragmentado (salvo por el horror que significaba la constitución de la Confederación) y aún el Vaticano se encontraba encerrado entre el caos de las “Ciudades libres “ y la tiranía de la Confederación. O eso al menos creían los vecinos de la más gloriosa y libre nación.
Ante esta amenaza, el temor de sus habitantes los impulsaba a buscar seguridad. Sin embargo, la solución no hubiese cuajado de no ser por un grupo casi inverosímil de ciudadanos, que desdeñaba los valores sobre los cuales se cimentaba la Nación, pero que fueron los encargados de otorgarle un nuevo destino.
El grupo provenía de la Universidad más nueva y mejor equipada de la Nación. Olvidados del privilegio que suponía permitirles estudiar y trabajar allí, grupos de científicos y estudiantes se organizaron y protestaron contra lo que consideraban un orden injusto y hasta retrógrado.
En manifiestos, libros y conferencias denunciaron lo que consideraban un absurdo y egoísta derroche de recursos en un mundo superpoblado y sobre-explotado. También protestaban por la prohibición, que regía en las escuelas básicas, de enseñar determinadas teorías científicas, denunciadas como perniciosas y contrarias a la fe por padres preocupados. Y por supuesto protestaban por las restricciones a su vida privada que gobernantes piadosos insistían en imponerles.
Hubo rumores de que el movimiento fue financiado por los enemigos de la Nación, pero nunca hubo pruebas fehacientes que lo indicasen. No importaba: los habitantes de la Nación así lo creían y eso era suficiente.
La influencia del movimiento en el común de la sociedad fue mínima. La reacción que provocó entre ellos fue de miedo y odio. La gente común los veía como locos peligrosos que amenazaban que destruir la Nación desde sus bases. Sólo encontraron eco en el seno de las demás universidades y en círculos de intelectuales. Sin embargo cabe destacar que las personas que reaccionaron con más virulencia contra ellos eran famosos escritores, científicos y hasta algún Premio Nobel.
La mayoría de sus integrantes era ateos o agnósticos, pero había entre ellos algunos nostálgicos de la llamada “Teología de la Liberación”, destruida hacia varios años por la proscripción y el olvido.
Los llamaron “brights”, nombre pomposo que recordaba a un grupo existente en el siglo XXI que defendía el derecho a proclamarse ateo sin ser perseguido o discriminado y que había pretendido borrar de la mente de la población religiosa la connotación negativa que siempre tuvo el ateísmo (obviamente fracasó). Si bien aquel grupo no tenía los propósitos políticos que este nuevo grupo sí tenía, los religiosos que les endilgaron el apodo no perdían el tiempo en sutilezas tales. Además, el mote les permitía amonestarlos recordándoles que fue el ángel más brillante el que cayó...sin embargo su status legal era más simple: se los consideraba "terroristas".
La Nación entera reaccionó contra los “brights” y sus defensores (que los tuvieron). En el transcurso de pocos años se dictaron leyes que castigaban severamente toda expresión de disconformidad y cualquier costumbre que se apartase de la “buena moral”.
El resultado inicial fue la huida de muchos de los revoltosos, que fueron recibidos con todos los honores por la naciente Confederación, una de la amenazas que comenzaba a afrontar la Nación.
Otros se quedaron a luchar sufriendo continuos reveses y traiciones, puesto que muchos preferían la comodidad de un indulto, antes que las cárceles. El mismo se ganaba con el arrepentimiento y la delación, como en tantas otras ocasiones en la historia.
La líder de los “brights” a mediados del siglo XXI era Miriam Russell, una física teórica muy renombrada (había ganado un premio Nobel) . A pesar de su juventud (tenía sólo 25 años), su inteligencia y su claridad ideológica la habían convertido en la cabeza visible del movimiento. Como tal era admirada y respetada por los suyos, tanto como era odiada por la mayor parte de la Nación.
En manifiestos , libros y conferencias denunciaron lo que consideraban un absurdo derroche en medio de un mundo cada vez más agotado. También protestaban contra la prohibición de enseñar a los niños determinadas teorías científicas denunciadas como perniciosas por gobernantes muy piadosos. Y, por supuesto chocaban continuamente con la rígida moral religiosa que se les quería imponer.
Hubo rumores de que el movimiento estaba pagado por los enemigos de la Nación, pero nunca pudo probarse nada. De todos modos,la gente decente estaba convencida de ello, y eso bastaba.
Las consecuencias de este movimiento fueron más profundas fuera de la Nación: en ella la indignación de la gente ahogó todos sus esfuerzos por hacerse comprender. Al iniciarse la represión, convenientemente brutal, muchos huyeron y hallaron asilo político en la naciente Confederación de naciones donde desempeñarían un importante papel desarrollando nuevos centros de investigación de ciencia básica y aplicada; otros se refugiaron en la “ciudades libres” donde al menos no llegaba del todo el poder de la Nación.
Unos pocos decidieron quedarse y luchar hasta el final; entre ellos estaba Miriam Russell. Eligieron ser el mascarón de proa, mientras fomentaban el éxodo de los menos conocidos, y de los más amenazados, abiertamente en el primer caso, subrepticiamente en el segundo. No faltaron los que recurrieron a la traición para salvarse: a veces por miedo, y a veces por convicción: científicos de renombre los despreciaban por “utopistas”; había ateos a los cuales les parecían inmorales e irracionales sus ideas, hasta el punto de que terminaron repitiendo los mismos discursos que el Papa.
El Papa Miguel II fue un actor protagónico en la lucha: con sus sermones alertaba contra los “peligros” de la razón. Finalmente sucedió lo esperado: los últimos “brights”(doce en total) fueron acusados penalmente. El último acto se daría en los tribunales, eso sí, ante la cámaras, para que los habitantes de la Nación pudiesen disfrutarlo. Los cargos eran muchos y variados: desde “traición a la patria”, “falsedad ideológica”, incitación a la violencia..., hasta terrorismo.
La defensa de los “brights” la asumió Alexander Valley, un curioso abogado, que además era músico, escritor y hasta futbolista amateur. No era ateo sino más bien un agnóstico que rechazaba toda etiqueta, incluida esta misma; pero después de conocido su papel, los rumores acerca de su persona indicaron que era un ateo comeniños, cuyo deporte favorito era agredir dulces ancianitas (de ojos azules y con su correspondiente pastel de manzanas en la mano). Él los escuchó con su habitual sentido del humor y siguió trabajando. Recibió amenazas que ignoró con desdén e insultos que incluían acusaciones de soborno, que escuchó con algo de tristeza. Sus hijos, que temían por su vida, le pidieron que renunciara pero él insistió en seguir adelante. No compartía las ideas de sus defendidos, pero deploraba la postura de que expresarlas fuese un crimen.
A los “brights” se les prohibió salir del país (cosa que nunca intentaron, pesar de los ruegos de los exiliados) y se les dictó prisión domiciliaria. No pudiendo salir de sus casas continuaron comunicándose entre sí mediante teleconferencias:
Nos hemos hecho famosos — ironizó Miriam —. Basta con decir que estas comunicaciones son cuidadosamente grabadas y analizadas. Parece que creen que discutiremos un plan secreto o algo así.
No necesitan que digamos nada en especial; cualquier comentario, por inocente que parezca será considerado parte de un “plan” — fue la respuesta, bastante resignada , de Alexandra Hollow.
De todos modos, nuestra situación es muy grave: Alexander Valley, el abogado que nos defendía hasta ahora, ha desaparecido.
¿Crees que huyó? ¿O acaso lo sobornaron y está muy ocupado contando su dinero?
No lo creo. Llamó uno de sus hijos preguntando por él. Estaba muy preocupado. Teme que lo hayan secuestrado los extremistas. Había recibido muchas amenazas, y quizá esta vez decidieron pasar a los hechos.
Teniendo en cuenta la actitud que han tenido últimamente, su temor es justificado..., si nuestras viviendas no estuvieran custodiadas ya las hubiesen asaltado...
Él tiene custodia policial ¿No es así? No creo que se atrevan a atacarlo.
Será mejor estar atentos a las noticias...
Al día siguiente los “brights” supieron al fin el paradero de Alexander Valley, o al menos el de su cadáver. Oficialmente se atribuyó su muerte a un intento frustrado de robo: según la policía, el abogado se habría resistido y los maleantes lo mataron.
Si la situación de los acusados era grave antes, ahora había empeorado: nadie aceptaba ocupar el lugar del difunto por miedo a correr la misma suerte.
Pero para algunos los problemas no se limitaban al ámbito judicial. Miriam Russell recibió la visita de sus padres, que previa autorización, ingresaron para comunicarle una curiosa noticia:
Legalmente, ya no eres nuestra hija.
Vaya..., no es lo que esperaba como regalo de cumpleaños
¿No puedes tomar nada en serio?
Veamos: me han despedido de mi empleo,me acusan de un sinfín de crímenes, asesinaron a mi abogado, puedo ir presa y hasta podrían condenarme a la pena de muerte . Todo esto es, sin duda, algo serio..., y ustedes me comunican que ya no son, al menos legalmente, mis padres ¿Qué esperan que les diga?¿Quieren que los felicite?
Siempre fuiste muy egoísta ¿Olvidas que somos nosotros quienes sufrimos?
¿Ustedes sufren? Soy yo quién puede ir presa...¡Pueden ejecutarme!
Hay que asumir las consecuencias de nuestros actos—. Sentenció gravemente su padre.
Dime: ¿dónde están ahora esos “amigos” que tenías? ¿por qué no te ayudan ellos? Pueden contratarte un nuevo abogado—. Le increpó su madre.
Sabes bien que mis amigos se encuentran en la misma situación. En cuanto al abogado: ningún abogado de los buenos aceptará nuestro caso. Ya sea por convicción o por miedo, han decidido mantenerse alejados de nosotros y de nuestro caso...
¿Sabes qué? Te lo mereces. Te has convertido en una terrorista. Tu madre y yo siempre te advertimos a cada paso adonde podía llevarte ese camino. Pero eras demasiado soberbia para aceptar consejos: ahora ya es tarde. Lo mismo digo de los demás: se merecen un castigo ejemplar...
¿Por qué? ¿Por pensar diferente?¿Por enseñar a pensar, tal vez ?¿O acaso se refieren a algunos detalles de la vida privada de algunos de los integrantes del grupo? Yo no estoy en la última lista... Mi vida privada es tan aburrida que desanimaría inclusive a los más puritanos.
Estás equivocada, no se trata de eso — Le retrucó su padre con aires de grandilocuencia—. No se trata de lo que piensen: ustedes corrompieron la mente de muchos jóvenes con sus atroces enseñanzas. Y ninguna sociedad puede permitir el libertinaje..., aunque se disfrace de libertad e invoque la tolerancia.
No vale la pena discutir contigo, no escucharías razones. Rezaremos por ti, es todo lo que podemos hacer — Sentenció su madre mientras se dirigía hacia la puerta. Su esposo le abrió la puerta y ambos salieron.
Miriam permaneció inmóvil unos instantes, sollozando...
Después se dirigió al videoteléfono y marcó un número. Tenía mucho que hacer. No había tiempo para lágrimas.

jueves, 9 de febrero de 2012

Recursos naturales: Qué, quién, cómo y para qué

Más allá de las posturas extremas del "laissez faire , laissez passer", y el "no sé de que se trata pero me opongo"; a la hora de  hablar de explotar los recursos naturales conviene hacerse estas preguntas: qué,  quién, cómo y para qué.
La primer premisa de la que hay que partir es que cualquier actividad humana    ( sea esta productiva o de mera extracción) altera el medio (decir medio ambiente es una redundancia) en que se realiza . La cuestión a tratar es el grado de alteración aceptable (que siempre será mayor que cero mientras exista nuestra especie).
En principio está el qué se hace: si se planta soja, trigo, maíz, algodón; si se cría ganado bovino, ovino, aves de corral...si extrae madera de los bosques o se hacen plantaciones de árboles con fines industriales, si da preeminencia a la actividad minera o a la agrícola o al turismo, o se busca cómo compatibilizarlas. Y más aún si se procesa la materia prima en origen y hasta qué grado o si se la exporta en crudo.
El qué es importante y en principio depende de las condiciones naturales pero está subordinado a otros factores que dependen del quién y para qué.
Por qué no es lo mismo tener monocultivo que hacer rotación de cultivos, ni es lo mismo tener ganadería en feeds lots que apostar al engorde lento con pasturas. La ganadería puede competir con la agricultura o complementarla. Lo que se haga puede depender exclusivamente del criterio de rentabilidad o pueden asignarse prioridades para cumplir objetivos como abastecer el mercado interno o crear un mayor número de puestos de trabajo en una determinada región.Esto sería en parte el para qué.
El quién puede parecer, si se lo mira superficialmente, irrelevante ¿qué diferencia hay en que la extracción o la producción la haga una multinacional, el estado, una cooperativa, una pyme?En primer lugar la lógica con la que trabajan las multinacionales: la sacrosanta escala. Debido a esta, tienden a centralizar en extremo su producción (todos los pollos se faenan en el mismo lugar, la leche se procesa en un solo lugar,etc) y al mismo tiempo a fraccionarla convirtiendo a los países en engranajes de su proceso productivo (así se ensamblan en el país piezas que bien podrían fabricarse localmente pero que se importan porque la empresa lo considera mejor para su modelo de negocio).
En segundo lugar: las ganancias obtenidas por dichas empresas muy pocas veces se reinvierten en el país y vuelan con mucha facilidad al exterior en forma de fuga de capitales. Ojo que en este aspecto las empresas extranjeras no difieren de las nacionales.
En el segundo punto tal vez se pueda apretar las clavijas con nuevas leyes o con negociaciones de toma y daca. Pero el primer punto queda incólume: si se trata de producir bienes y servicios  en provincias a las que el cinismo neoliberal llama inviables serán las cooperativas, las pymes o el estado los que llenen el vacío. Nunca una multinacional construirá un frigorífico en Formosa.
Porque ese el verdadero drama de las economías extractivas:las empresas se llevan el producto sin refinar o muy poco refinado con el concurso de gobernadores con miras estrechísimas.Si el metal extraído saliera en lingotes ya habría trabajo agregado extra y mayores beneficios para la provincia. Conviene mucho más vender papel que pasta de celulosa. Si se tiene petróleo se pueden producir combustibles pero también una amplia gama de compuestos químicos.La nación y las provincias trabajando en conjunto tienen recursos suficientes.Claro que para eso no hay que creerse el discurso de la escala y del "no se puede" sempiterno  en el que coinciden no casualmente los ecologistas de ONG y las multinacionales que se la llevan con pala.
Hay toda una legislación colonial heredada de los noventas que modificar y mientras tanto hay que aprovechar sus grietas.
En el cómo está otra de las claves:  debe favorecerse una producción que garantice la mínima contaminación posible pero también condiciones aceptables de trabajo y salarios acordes con la labor realizada. Lo he dicho antes, pero lo repito: el modelo salarial  no es, ni debe ser, China. Obviamente esto descarta los microemprendimientos aislados para la minería porque contaminar con mercurio no se justifica sólo porque lo haga una pyme. Pero insisto, tampoco es necesario esto. Es una avivada de marca mayor que no puede permitirse en tiempos de "sintonía fina". Hay otros rubros en los que las pymes y las cooperativas (las verdaderas, no las truchas que disimulan la explotación laboral)  pueden ser muy útiles: desde poner a funcionar una panadería local o abastecer de verduras a las localidades cercanas hasta brindar luz, agua o cable a pueblitos pequeños . Se genera trabajo local y se evita el absurdo de que hasta el pan se traiga de  lugares situados a varios kilómetros de distancia.
 Y el broche de oro es el para qué: ¿se produce para que cada año las empresas festejen que sus ganancias crecen casi sin inversión, mientras, eso sí, lloran porque "no hay clima para las inversiones"? ¿o se produce para satisfacer las necesidades del mercado interno, exportando los excedentes y generar puestos de trabajos que amplíen la capacidad de consumo y permitan así ganancias (sí, ganancias ¿por qué no?) basadas en el aumento de la producción y no en la mera especulación? Ese , creo yo, es el meollo de la cuestión...estamos construyendo lentamente un nuevo país sobre las ruinas del viejo (desde el 2003 en adelante). Y aún hay muchas rémoras del pasado (aunque menos que antes, todo hay que decirlo).
Por cierto, aconsejo escuchar el audio  de la charla de Aliverti con Enrique Mario Martínez en Marca de Radio. Se titula Modelos: es inteligente, vale la pena oírlo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

El origen del mundo

Ella bajó cautelosamente: tenía muchos poderes  pero se sabía vulnerable fuera de su territorio. Sueños oscuros le habían advertido del peligro de bajar a las tinieblas del Caos, pero una mezcla de curiosidad y aburrimiento la impulsaron a visitar esa extraña región.
Una vez allí jugó y bailó (al fin y al cabo, a pesar de sus eones era una niña). Su brillo iluminaba las tinieblas que parecían acurrucarse, buscando refugio ante su presencia.
Pero la luz llamó la atención de uno de los Cazadores que acudió rápidamente en busca de su presa...
No era un Cazador muy hábil y por eso le habían dado un ultimátum: si en esta ocasión no conseguía una presa no ingresaría jamás a la escuela de Demiurgos y permanecería para siempre como un perro de presa de estos.
Bien es sabido que sin la carne y la sangre de las Brujas no se puede fabricar un buen universo (el examen de ingreso en cualquier buena escuela de Demiurgos consiste en eso), pero estas suelen ser escurridizas y desconfiadas. El sólo las había visto de lejos.
Hasta este momento: ella se había descuidado y él se acercó a ella sigilosamente,aprovechando que había bajado la guardia.
Sólo cuanto lo tuvo frente a sí ella descubrió que estaba en peligro, pero fue tarde. Intentó huir, pero el Cazador la atravesó con su espada. Mientras moría oyó las palabras del Cazador que murmuraba:
-Gracias a ti seré un Demiurgo, el número 365...todos me adoraran...
Y procedió a descuartizarla pronunciando las fórmulas rituales correspondientes...

domingo, 5 de febrero de 2012

Recordando el presente

Para aquellos que se benefician de la injusticia y acusan de "envidia" a  los que son esquilmados inpunemente un pequeño recordatorio (Declaración de Lourdes, octubre de 1976*):
“Nosotros, que pertenecemos a las naciones que pretenden ser las más avanzadas del mundo, formamos parte de los que se benefician de la explotación de los países en vías de desarrollo. No vemos los sufrimientos que ello provoca en la carne y en el espíritu de pueblos enteros. Nosotros contribuimos a reforzar la división del mundo actual, en el que sobresale la dominación de los pobres por los ricos, de los débiles por los poderosos. ¿Sabemos que nuestro desperdicio de recursos y de materias primas no sería posible sin el control del intercambio comercial por parte de los países occidentales? ¿No vemos quién se aprovecha del tráfico de armas, del que nuestro país ha dado tristes ejemplos? ¿Comprendemos acaso que la militarización de los regímenes de los países pobres es una de las consecuencias de la dominación económica y cultural ejercidas por los países industrializados, en los que la vida se rige por el afán de ganancias y los poderes del dinero?”
 Faltaría agregar que ese mismo proceso se da en el interior de los países y así en países como EEUU el 1% vive a costa de 99% creyéndose y actuando como si fueran "La Nación" en su totalidad.
 Nada más sintomático que los privilegiados acusando a los que buscan justicia de envidiosos o de revanchistas (no hay que ir tan lejos para encontrar ejemplos: la oligarquía argentina siempre se imaginó al pueblo peronista como un conjunto de resentidos llenos de odio en un ejercicio magistral de la proyección).



 *Eduardo Galeano. Las Venas Abiertas de América Latina. p 451.

jueves, 2 de febrero de 2012

Marcando la cancha

Que las aguas no están calmas entre Moyano y el gobierno es algo visible.Si el enemigo aplaude...  Lo cierto es que el líder de la CGT que otrora era un cuco temible para Clarín ahora es rubio y de ojos azules. No descubro nada diciendo eso. Otros lo han dicho antes y mejor que yo. Lo cierto es que los últimos acontecimientos hacen dudar de la calidad de la muñeca política del camionero. En medio de la nada opositora es concebible que estos se aferren a un hierro caliente.Pero también es ese vacío el que explica que las peleas más trascendentes se den hacia adentro del conglomerado pan-kirchnerista.
En verdad lo que está en el juego es lo de siempre: la lucha por el poder, por una parte del poder, ya que a estas alturas del partido sólo un necio sueña con que un gobierno- cualquier gobierno- pueda ser el poder, así a secas.
Una de las cuestiones a tener en cuenta es que la carrera por la sucesión ya ha empezado: cuatro años son una eternidad pero también un suspiro en términos de construcción política. La presidenta planteó varias veces que aspira a institucionalizar el proyecto que actualmente dirige para que no dependa únicamente  de una persona. Pero por el momento ella es la única garantía real de continuidad de un proyecto nacional y popular que enfrente a las corporaciones:los liderazgos no se heredan ni se transmiten junto con la banda presidencial.
¿Adonde voy con este divague? Ni yo misma lo sé. Está claro que domar a las corporaciones es una tarea que el kirchnerismo ha asumido paso a paso, eligiendo bien a sus rivales ( e improvisando sobre la marcha también). En verdad, la posibilidad de una sucesión que garantice profundización está dada menos por los nombres de los sucesores que por los avances que el proceso político registre.Cuanto más firmes sean las bases construidas más difícil será plantear un retroceso en nombre del consenso y los buenos modales (ni hablar en nombre de un proyecto sustentable de derecha cuando ésta muestra en el mundo su incapacidad de generar nuevas respuestas).
Que la presidenta saliera a marcarle la cancha a las petroleras dando números y recordando que deben invertir y no sólo llevársela con pala al igual que los controles a las importaciones muestran que es muy consciente de la crisis en que está inmerso el llamado "mundo" (EEUU y Europa),  del cual nuestro país nunca estuvo aislado a pesar de los delirios de algunos gurúes (¿recuerdan que en el 2009 decía que "algunos ladrillos nos iban a caer encima"? Bueno: ahora el derrumbe es mayor). Pero también que nuestro país no apuesta al ajuste sobre los más débiles como herramienta para enfrentarla.
Moyano es un actor político y un representante de una corporación, una corporación a la que Cristina parece haber decidido ponerle límites.Como actor sindical su habilidad es indiscutible;como político, no tanto. Una ruptura no le conviene a ninguno de los dos ( y a los trabajadores menos que a nadie), pero los intentos de Moyano por jugar su propio juego ( con la habilidad de un elefante en un bazar) lo perjudican principalmente a él.
Como actor sindical su jugada puede y debe ser corporativa: como actor político no puede darse ese lujo. Son papeles contradictorios e incompatibles a largo plazo.
Ella en cambio actúa como líder político y más aún como presidenta por lo que está obligada a una visión de conjunto. En ese contexto la presidenta Cristina Kirchner aclaró esta noche en el marco de su anuncio de los aumentos de la jubilaciones establecidos por la Ley de movilidad jubilatoria que el Poder Ejecutivo no pretende poner pisos o techos en las negociaciones salariales del 2012. Adelantó que se formará una comisión para analizar la rentabilidad de los sectores "en caso de que se trabe una negociación"
Es un doble mensaje: a Moyano y a la CGT (la jefa soy yo) y a los empresarios (no soy neutral: moderen su angurria). Habrá que ver la respuesta del otro lado. Ella tiene a su favor la chapa del 54,11% (y no ha dudado en remarcarlo) y un liderazgo que en esta etapa no ha encontrado rivales a su altura. Por el bien de los trabajadores es de desear que Moyano no insista en lanzarse sin paracaídas (no siempre se puede retroceder a tiempo)...