Diletante y en rebeldía

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Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

lunes, 8 de abril de 2013

Derechos humanos, estado y capitalismo salvaje



El cambio climático -mal que le pese a muchos- es una realidad. Y, como suele suceder en un mundo desigual, los más afectados son los más vulnerables. Lo que no obsta a que el desastre golpee de vez en cuando la vida de los privilegiados.
Pero no hay que confundirse. Lo que está en juego no es una especie de guerra del hombre contra la naturaleza, ni una supuesta venganza de ésta contra quienes la dañan.
El cambio climático es -ante todo- un problema de derechos humanos. Que se ven muy bonitos en el papel, pero que cuesta hacer efectivos, aunque ya haya pasado más de medio siglo de tan extraordinaria declaración. Porque los desastres naturales dejan personas sin hogar, porque se pierden vidas, y porque no se puede pedirle a alguien que vive en una villa miseria que se preocupe por vivir ecológicamente.
Y cuesta hacerlos efectivos porque vivimos en un sistema capitalista que pone como prioridad la máxima ganancia empresarial. Ganancia que rechaza los límites de la racionalidad oponiéndose a regulaciones mínimas, casi tímidas, como las del Protocolo de Kyoto.
No significa que antes del capitalismo las sociedades fueran ideales. Hubo grandes civilizaciones que fueron depredadoras sin haber descubierto el capitalismo, aunque sí tenían sus déspotas y sus privilegiados. Los pueblos nómades no eran ecologistas, simplemente eran muy pocos para ser dañinos en exceso. No idealicemos inútilmente. Pero el capitalismo ha logrado que la producción y la población se multiplicaran exponencialmente, poniendo a prueba su propia sustentabilidad.
El principal enemigo de los derechos humanos son los privilegios del capital, que quiere crecer sin límites en un planeta donde los recursos son limitados (y no hay planeta de repuesto).
No puede haber desarrollo real de los derechos humanos mientras unos pocos controlen la mayor parte de los recursos naturales y decidan que se hace con ellos.
En ese sentido, el mismo capitalismo que con su desarrollo de las fuerzas productivas hizo posible una sociedad capaz de plantearse la necesidad de establecer un piso mínimo de derechos para todos- bien que lo hizo bajo la amenaza del comunismo- ha llegado a un nivel de salvajismo que sólo puede crecer barriendo con los derechos humanos de más y más personas.
No forma parte de la naturaleza del capitalismo en estado puro el plantearse límites: el cielo es el límite cuando se trata de acumular capital. Pero los límites existen. El planeta es uno solo y es finito. Por mucho que la tecnología avance, no es magia, no realiza un creatio ex nihilo. Muchas de las actitudes de quienes niegan los límites están basadas en un pensamiento mágico que combina una fe extrema en la tecnología y un negativa feroz a mover un ápice de las relaciones sociales existentes.
La mayor dificultad que presenta este estadio senil y feroz del capitalismo es que no hay sistemas rivales enfrente. Se sufren sus consecuencias pero no se puede decir: “tenemos alternativa”. Al menos no una alternativa con consenso mayoritario. Nada menos muerto en el mundo- Latinoamérica incluida- que el neoliberalismo, que reina triunfante sobre las ruinas que el mismo va produciendo.
Pero habrá que prestar atención, de la resistencia de los ajustados podría surgir una alternativa.
De la capacidad de producir riqueza del capitalismo no hay duda alguna. De su capacidad de exclusión, tampoco.
Frente a eso surgen los métodos de control de daño, en los que el estado actúa para distribuir más equitativamente la riqueza, con el fin de lograr un capitalismo con rostro humano. Eso se nota en América Latina, aunque aún estamos lejos del welfare estate que supo existir en la ahora neoliberal a ultranza, Europa. En algunos países incluso se apuesta a salir del capitalismo hacia un socialismo del siglo XXI, que aún es más sueño que realidad pero que es una esperanza concreta.
Pero la verdadera apuesta grande es ir por la unidad de grandes conglomerados de países, sobre la base de un estado supranacional, que pueda enfrentar con mejores armas a las multinacionales, última expresión del capital, que ya no tiene patria aunque siga usando banderas cuando le conviene.
Sólo auténticos estados democráticos- no colonizados por multinacionales- y plurinacionales pueden afrontar el reto de hacer reales los derechos humanos y más racional el aprovechamiento de los recursos naturales, centrándolo en la satisfacción de las necesidades humanas antes que en la búsqueda de ganancias.
No es fácil de lograr: los estados nacionales fueron colonizados y destruidos por dentro, y la misma unidad corre riesgo de ser instrumento de las multinacionales que debería controlar.
No es lo mismo un mercado común que un estado supranacional democrático. Lo primero es la Unión Europea y ya vimos como termina. Lo otro es una utopía y ,si tenemos suerte, nos servirá para caminar.
Para el caso particular de América Latina, hay muchos obstáculos para vencer en ese camino: internos: más de un siglo mirando hacia al norte, rencillas locales aun no del todo de resueltas , fuertes asimetrías regionales que el capitalismo ahondó fuertemente en su desarrollo, y diferencias ideológicas profundas,y externos : los países desarrollados no abandonan su visión neocolonial del mundo y ven como un peligro cualquier unión de pueblos que no responda a sus intereses.
La recuperación del rol del estado que se ve en países como el nuestro, aun incompleta, es un paso adelante. Pero el objetivo final debe ir más allá de los estados nacionales, demasiado pequeños para enfrentar a monstruos cuyos ingresos superan el PBI de muchos de ellos.
No es casual que países como Argentina deban enfrentar a fondos buitre, sabiendo que corren el riesgo de perder. Es el resultado de haber cedido soberanía sin posibilidad de control popular (diferencia con una integración regional estatal), pero también hay que tener en cuenta que sus enemigos son la expresión descarnada del verdadero capitalismo actual: un capitalismo que ve en el estado un coto de caza, y una excusa legal para sus rapiñas.
Contra ellos la respuesta es más y mejor estado. En el continente más desigual del mundo, los derechos humanos siguen siendo una deuda pendiente, tanto como un uso más racional de los recursos naturales que nos tocaron en suerte. Sin un estado activo, democrático, fuerte, y supranacional que aune las voluntades de los pueblos de Latinoamérica, seguirá siendo así.


2 comentarios:

  1. Qué la parió!...
    Me dejó pensando.
    -El cambio climático como un problema de derechos humanos- Interesante. Pero es toda la biósfera la que caga las peras, los humanos representamos un cachito, nomás.
    No soy un ecologista hecho y derecho. Pero ellos dicen que así como es posible el crecimiento económico sin desarrollo, también es posible el desarrollo sin crecimiento económico. Una idea para bucear.
    El crecimiento ilimitado era una idea presente ya en los iluministas como Condorcet y seguro que antes, pero hasta ahí llegué yo. :)
    En los economistas clásicos, el aire y el agua no son bienes económicos porque se consideraban ilimitados. Imagínese. En los barrios inundados vendían el agua de litro y medio a veinte pesos.
    El paradigma del crecimiento con inclusión social argento se basa en el aumento del consumo interno con intervención estatal regulando desequilibrios. En principio, para emparejar los tantos, y fortalecer la industria nacional no está mal. Pero si miramos el sistema más amplio del que somos parte -Usté lo puso en esos términos: la escala del cambio climático, y yo coincido- no es posible que cada habitante de la Tierra tenga un aire acondicionado, porque hacen falta tres planetas Tierra para satisfacer esa necesidad, sin contar los efectos ecológicos que provocaría esa producción/consumo.
    No me quedan dudas que hay que desalambrar bastante y fortalecer las instancias de enchamigamiento sudaca (y ver pa qué nos juntamos). La derecha ya lo hace, no solo en el OMC, o el GATT,
    http://tiempo.infonews.com/2013/04/08/argentina-99716-la-derecha-de-america-latina-se-reune-en-rosario-y-buenos-aires.php

    Mire esta quijotada simpática de los países más pobres de África (En italiano) Pero se lo pongo como pregunta provocadora pensando en nosotros los sudacas ¿Juntarse pa qué?
    http://www.ecoblog.it/post/61799/seguiteci-i-paesi-piu-poveri-del-pianeta-vogliono-ridurre-le-emissioni-di-co2?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+ecoblog%2Fit+%28ecoblog%29
    Un placer leerla

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    1. ¿Para qué juntarse? Sí, es una pregunta muy necesaria. Y decisiva.No siempre la unión hace la fuerza.Por otra parte la derecha es hábil para unirse y dividir a los demás al mismo tiempo. Mucho más que la izquierda, centroizquierda,el progresismo,etc.
      Gracias por los enlaces ( que visitas que nos caen, por favor, y lo de la reducción de CO2 tiene algo de ingenuo y enternecedor porque de ningún modo hará mella en los países más poderosos), y por comentar: hace comentarios muy buenos ,Renegau. Hacen pensar.

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