Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

jueves, 4 de abril de 2013

La naturaleza y el estado.



Ante las catástrofes naturales siempre hay una cierta sensación de desamparo y de dolor. Dolor por las pérdidas sufridas, claro está, sean humanas o materiales. Y la tendencia a buscar culpables...
Lo cierto es que más que de culpa hay que hablar de responsabilidades y en ese sentido el estado (nacional, provincial, municipal) tiene tres tipos de responsabilidad que hacen a su rol.
La primera, la de la prevención. Muy pocos desastres naturales son totalmente imprevistos, puede variar su gravedad, pero las inundaciones en sitios inundados ya varias veces no pueden designarse con propiedad con la palabra sorpresa.
Mientras las ciudades crecen anárquicamente, sigue brillando por su ausencia una política de planificación urbana , que necesariamente es responsabilidad del estado. No puede esperarse que los intereses económicos de los empresarios lleven mágicamente a ciudades más vivibles, con o sin desastre natural.
Es hora de ponerse los pantalones largos y de que los servicios públicos sean administrados como tales y no como un negocio más.
Yendo más lejos aún habría que preguntarse hasta cuando las grandes urbes pueden seguir creciendo sin hacerse inhabitables y si no va siendo muy alto el costo (en términos humanos y económicos) de tener a la población argentina distribuida de un modo tan desproporcionado en torno a un conurbano que no para de crecer.
Pensar eso supone un estado activo en el antes. Lo que no significa evitar las catástrofes pero sí morigerar sus consecuencias.
La segunda es el control de daños: allí suele verse de forma muy clara la solidaridad de la gente y está bien que así sea pero eso no quita ni un ápice el deber del estado de estar presente.
Rescate de las víctimas, refugio a los damnificados, control de posibles saqueos, asistencia médica, etc. En el fondo el funcionamiento de esta maquinaria refleja el grado en que se ha complementado el primer paso: sin organización la buena voluntad no basta.
Y la tercera gran responsabilidad es la vuelta a la normalidad, es decir la reconstrucción de los destruido. Una vez que bajan las aguas empieza el verdadero trabajo, pero también donde salen a sobrevolar los buitres que buscan hacen su agosto con la desgracia de la gente. Una vez es deber del estado estar allí para evitarlo.
Y todo eso sabiendo muchas veces que la normalidad no es necesariamente un estado deseable, porque, no nos engañemos, seguimos teniendo un déficit habitacional enorme, y los servicios públicos aun no llegan a toda la población en la medida que deberían.
Pero lo que subyace detrás de este círculo que se repite una y otra vez es una concepción del rol del estado.
Si se cree que el óptimo es un estado mínimo que deje hacer a los privados, es lógico que haya distritos que no inviertan en prevención o que no regulen adecuadamente a los privados. Es su concepción. También es su responsabilidad.
Somos quienes creemos en el rol del estado como regulador los que debemos insistir en que estas cuestiones se afrontan con más estado y más inversión pública. Por mucho que eso enoje a los cultores del libre mercado o por mucho que hablen de demagogia y clientelismo.
No hacer es criminal, cuesta vidas. Se ha visto y se seguirá viendo en todo lugar donde el estado se haga el bobo y mire para otro lado. O donde haga pero haga mal .
La naturaleza no es responsable, el estado sí. Es terrible que debamos recordarlo cada vez que sucede una tragedia, pero mucho peor es no tener memoria.
Mi solidaridad con todas las víctimas y los damnificados sean del distrito que sean.

4 comentarios:

  1. Justo tenía ganas de entrarle al tema. Pero pa qué si ya lo hizo Usté.
    Una variable a considerar que supera la escala Pro/Frente para la Victoria. Que supera al Sciolismo: el cambio climático. Aquí hay responsabilidades globales. Los gobiernos se hacen los boludos hachando el bote que nos lleva (la Tierra).
    En diciembre de 2012 venció el plazo del acuerdo del Protocolo de Kyoto, que comprometía a los países industrializados a disminuir la emisión de co2 a la atmósfera , uno de los causantes del efecto invernadero, con consecuencias en el aumento de la temperatura y del régimen de lluvias. EEUU -el principal emisor, no lo había firmado).
    No sé si acuerda, pero en Sudáfrica, en el 2011 se reunieron para prolongar el acuerdo cinco años. No lo firmaron EEUU, Canadá, Rusia, Japón, y no me acuerdo quién más.
    Sub-ejecutar presupuestos para obras hidráulicas, como hace el niño Macri, agrava la cosa, cómo nó!
    La cagada más grande es la estupidez humana, el suicidio como especie, y el asesinato de las demás.
    Esto lo comento no para rebatir nada de lo que muy bien ha escrito, sino para introducir una variable que se ha quedado fuera de los análisis mediáticos y que explica precipitaciones inéditas, independientemente de la irracionalidad en el diseño urbano.
    Le mando un abrazo.
    Otro día le comento sobre el rol del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires en la catástrofe (Allí laburo). Eso es otra catástrofe.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tiene razón, no considere esa variable. Lo irónico es que esa actitud suicida global (capitaneada por el país sin nombre, primer consumidor y contaminador mundial) tiene su base en que las multinacionales no quieren ser reguladas, aunque el no hacerlo ponga en riesgo a la humanidad.Son los estados bobos al servicio del capital.

      Eliminar
  2. A mi humilde entender el problema sigue siendo el mismo. El poder popular de los Estados, en realidad, es solamente un contrapoder al poder real. Por eso lamentablemente con un 55% no alcanza. El nuestro no es un Estado bobo ni un Estado Hood Robin sin embargo nos es imposible quebrar la ignominia del capital corporativo. Los tipos están en todos lados: En la justicia, en el Congreso, Gobernando provincias y distritos, los tuvimos dentro del propio kirchnerismo, en la industria, en el agro. Somos el 55% pero como contrapoder, no más. Acaso no alcance con nosotros para realizar todas las modificaciones que como sociedad necesitamos. Por ahora estamos solos. Ni el Radicalismo, ni el Fap, ni la izquierda dogmática tienen intenciones de aceptar el convite Nacional y Popular. Algo similar ocurre en el resto de Latinoamérica.

    ResponderEliminar