Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

viernes, 24 de mayo de 2013

Los muchos 25 de mayo

Los aniversarios tienden a mezclarse y a resignificarse a medida que pasa el tiempo. Después de todo no hubo un solo 25 de mayo sino 203 (bueno, siendo quisquillosos,falta un día para que sean 203).
Hubo uno, el primero, repleto de muchas de las contradicciones que luego ensangrentarían el suelo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. No inaugural, sino continuador de movimientos iniciados en el Alto Perú en 1809. Como un niño en pañales, esa revolución tuvo muchos padres y cada uno imaginó un destino distinto para ella, ora más conservador, ora más revolucionario. No fue el fin de un camino, sino el comienzo.
Hubo, también, un 25 de mayo de 1910, bajo estado de sitio, con una prensa que repudiaba las protestas obreras por obstaculizar los festejos de una oligarquía muy pagada de sí misma, que gobernaba de espaldas al pueblo. Cien años habían pasado y habiendo fallado en contruir la Patria, campeaban en Latinoamérica muchas naciones. Una de ellas era Argentina, que las miraba con menosprecio, y había proclamado por boca de Saénz Peña pertenecer a la humanidad (zoncera de primer nivel si las hay).
Esa es la edad de oro que muchos añoran, un pueblo excluido de la fiesta y de la justicia (porque un mejor reparto de la riqueza también es justicia).
Hubo 25 de mayo de todas clases, felices, tristes... Los de la dignidad recuperada con Perón (dignidad que nunca perdonaron quienes la habían negado, y que años después tratarían de destruir a sangre y fuego), los del miedo y la hipocresía de las múltiples dictaduras, los de la emoción de la democracia rediviva con Alfonsín, los de la patria rematada en los noventa, los de la desesperanza y la lucha, por contradictorio que esto parezca, en la crisis del 2001.
Hubo también un 25 de mayo en que un flaco vino del sur a proponernos un sueño. Algunos le creyeron, otros no. Pero cumplió...,cumplió él y cumplió Cristina, su compañera de toda la vida.
Tuvimos otra vez un país que busca incluir, y no excluir, donde la lucha por mejorar la distribución de la riqueza es una realidad. Un país que es capaz de pararse sobre sus pies y defender sus intereses frente a gigantes, en vez de andar de rodillas como nos habían acostumbrado por décadas.Un país que ya no le daba la espalda a sus países hermanos y que supo agradecer la mano extendida y generosa de estos. Un país que supo cerrar junto a otros países la puerta al Alca.
Claro que eso no les gustó a muchos privilegiados que aún conservando muchos de sus privilegios no toleraban haber perdido una porción de ellos. Y lamentablemente, tampoco le gustó a una porción de la clase media que veía en ese salir unos pelos del agua por parte de los más desfavorecidos como un menoscabo a su propio status.
Y la división que siempre estuvo y que había quedado oculta durante años resurgió.
No porque Néstor fuese cascarrabias o porque Cristina fuese "soberbia". Tampoco odiaban a Perón  o a Evita por sus modales. Lo que odiaban y odian de ellos es su cuestionamiento práctico, no libresco, del statu quo.
Incluso quienes en teoría también lo cuestionaban no soportaron ver como ellos hacían realidad lo que les parecía un reclamo propiedad de ellos, una bandera propia que preferían ver archivada, antes que en manos de otro.
La reacción fue fuerte y unió a fracciones de lo más variadas. Lo único que los unía era el deseo de que ese proyecto, que no era otra cosa que el peronismo, que volvía de la tumba y de la traición, desapareciera.
Así llegó el bicentenario, y no faltaron nostálgicos que lamentaron la división y recordaron el glorioso centenario, olvidando que la división ya existía y que consistía en que a la fiesta estaba invitada sólo una de las fracciones.
Contra los profetas del desánimo, el bicentenario tuvo la alegría y la potencia de los derechos recuperados. La Argentina ya no está sola y festejó en compañía de ilustres y queridos invitados (no, no estaba el FMI entre ellos), sus jóvenes 200 años.
En estos tres años mucha agua ha pasado bajo el puente. En el camino hemos perdido algunos amigos y también se han ido algunos canallas.
En la crisis más grande del capitalismo mundial, vivimos tiempos difíciles, pero no hemos perdido el rumbo. Por eso no debemos perder la alegría. 
Porque no estamos solos y somos muchos...que las cacerolas no nos tapen el bosque.
Porque no nos han vencido...Porque las máscaras han caído y vemos los rostros de quienes quisieron convencernos de que la resignación era el único camino.
Porque sabemos adonde queremos ir: hacia una sociedad más justa e igualitaria, hacia la Patria Grande de San Martín, Bolívar, Artigas, Yrigoyen, Perón, Néstor, y Chávez...
Porque hacia allí nos dirigimos aunque el camino sea tortuoso y difícil.
Salgamos a festejar: tenemos patria.


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