Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

sábado, 15 de junio de 2013

El odio

El tiempo pasa. Las circunstancias cambian. El odio es el mismo.Por diversos motivos hay una parte de la sociedad que jamás toleró ni tolerará al peronismo.
El 16 de Junio fue hijo de ese odio. Allí nació la violencia que signó el resto del siglo.
Durante el siglo XIX hubo una consigna entre los federales: "mueran los salvajes unitarios". Quedaron en la historia liberal como los sanguinarios que odiaban a los civilizados unitarios, olvidando que los federales habían sido previamente víctimas de asesinatos y traiciones. Lo que no le perdonaron nunca fue aquel año veinte, con los gauchos atando sus caballos en la plaza de la Victoria.
 Pasó otro tanto con el peronismo. Ciertamente no le perdonaban la afectación de intereses, ni la dignidad recuperada de los más pobres que ya no bajaban la cabeza tan fácil, pero lo que jamás olvidarían fue aquel 17 de octubre de 1945, con la negrada invadiendo el centro de la ciudad, vivando a Perón, ni las patitas en la fuente,nunca le perdonarían el miedo que sintieron ante la supuesta turba llena de odio que esperaban ver pasar...
 Como odiaban tanto, esperaban ver en quienes despreciaban el mismo odio que ellos sentían. No entendieron que ganar derechos genera alegría y no enojo.
Hubo un momento en que el peronismo pareció muerto, por obra de la dictadura y con el golpe de gracia de la traición menemista.
 Fue un momento en que resultó fácil ser progresista. Porque el pueblo ya no volvería a levantar la cabeza, porque la negrada sabía "su lugar". Claro que parte de la clase media pasó a ser pobre y la desigualdad aumentó exponencialmente. Pero el mundo era así, y "pobres habrá siempre", repetían.Y bastaba con poco para sentirse más bueno y honesto que el menemismo.
 Tanto que los "progresistas" se unieron a la UCR en la "alianza" a secas para hacer hacer menemismo incoloro, inodoro e insípido, pero "honesto".
 Mientras tanto Tinelli nos enseñaba que en materia de derechos para todos, "Nadie lo hizo, Ninguno lo apoya".Y lo gracioso era esto último cuando debía ser triste.
El menemismo con honestidad fue tan corrupto, tan desigual y tan defensor de la impunidad como su antecesor. Y nos precipitó al abismo.
Estalló todo, volvieron las viejas y olvidadas consignas de la mano de piqueteros y ahorristas estafados que ,sin embargo, abandonaron rápido el barco. Entonces ocurrió lo que nadie esperaba, el peronismo que se creía muerto, resurgió. No lo habían matado el 16 de junio, ni el golpe, ni la proscripción, ni la dictadura del 76, ni el neoliberalismo.
Volvió de la mano de un flaco desgarbado que venía del sur, y de su compañera de toda la vida.
 Hubo gente, entre ellos intelectuales progresistas, que no perdonan su regreso. Porque estaba muerto, y en su tumba lo vió, y no debía volver, para qué si ellos estaban tan cómodos, tan unidos, aunque la división de la sociedad prosiguera tan sangrante como siempre,aunque invisible. O invisibilizada. Porque seguía habiendo opresores y oprimidos, y la historia estaba lejos de acabarse.
Hubo gente , sobre todo clase media, que temió perder lo que, sin ese regreso, nunca hubiera ganado. Que se sintió peor porque los pobres estaban mejor. Hubieron los privilegiados, que aunque seguían llevándosela con pala no toleraron perder parte de su impunidad.
 Gente que casi le tuerce el brazo al gobierno más peronista que tuvo el país en décadas, allá por el 2008, que festejó el 2009 y lloró sorprendida e indignada el 2011. Que sacó las budineras y las cacerolas para repetir como farsa lo que otrora casi fue tragedia.
No pueden repetir, sin embargo, el 16 de Junio y allí radica su mayor impotencia. Su odio no se ha aplacado y mientras eso no ocurra no podrán aceptar del todo a la democracia y al juego de las instituciones aunque las invoquen todo el tiempo.
Porque así como Néstor dijo "progresistas somos nosotros" (nunca dijo revolucionarios, todo hay que decirlo),también pudo decir "defensores de las instituciones somos nosotros".Y hubiera sido cierto.También se defiende una institución devolviéndole la vida al adecuarla a la realidad. Porque, digan lo que digan algunos abogados, democratizar no es atacar, modificar no es destruir, reformar no es faltar el respeto.
 Las instituciones están para servir a la sociedad y no al revés . Nada más antidemocrático que la adoración a cáscaras disecadas mantenidas por mera tradición.
 No habrá otro 16 de junio, y es bueno que así sea. Lamentablemente eso no significa que el odio haya muerto. Debería preocuparnos y mucho, la impotencia de quienes así lo desean. Porque no dudaran en buscar caída de lo que odian y si la democracia no los ayuda, los mercados no dudaran en hacerlo.
El 25 festejamos un hito. Nada menos que una década ganada, y bien ganada.No olvidemos sin embargo que el camino es largo y los obstáculos muchos, y que los laureles no son para dormir sobre ellos.Hay que estar alegres pero al mismo tiempo alertas . Esa es la clave.

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