Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

sábado, 6 de julio de 2013

Dos caminos

Julio ha sido un mes jodido para los líderes populares: Entre el 1 y 3 de julio se recuerda la muerte de dos grandes o, mejor dicho, tres: Perón, Yrigoyen y Alem.
Mucho puede deducirse de quienes los odiaron y de quienes los amaron...
No es casual que tanto Perón como Yrigoyen hayan sido denostados por los grandes privilegiados de la Argentina y sus voceros mediáticos.
Nunca se le perdonó a Yrigoyen su defensa de la soberanía argentina política y económica (su defensa de YPF es un ejemplo)...y su solidaridad con los países hermanos
Nunca se le perdonó a Perón su defensa de la soberanía,su intento de formar un bloque sudamericano, su reivindicación de los derechos de los más pobres (ni a él ni a Evita), su intento por industrializar el país (que la burguesía industrial local, con su vuelo de gallina, jamás asumió como propio).
Sábato estuvo a punto de verlo cuando describió a las empleadas domésticas llorando por la caída de Perón. Luego, convenientemente, dejó esa intuición de lado.
Los que los amaban sabían bien porqué, o al menos lo intuían: cómo no iban a amar a quienes les devolvieron la dignidad, que los hicieron sentir que realmente eran la patria y no unos advenedizos, como siempre les habían endilgado quienes se desdecían de la nacionalidad al menor contratiempo, con cara de "este país no me merece". Que les permitieron hacer reales y concretos derechos que otrora eran papel mojado o que ni siquiera figuraban en el papel. Esto último, sobre todo con Perón y Eva.
Los que los odiaban también sabían porqué: porque el avance de los derechos ajenos supone pérdida de los privilegios, reales o aparentes. La clase alta no toleraba que el estado se metiera en sus asuntos, y la clase media no soportaba que los pobres no bajaran la vista como antes.
Los partidos que fundaron tuvieron caminos disímiles: el radicalismo nacional y popular se murió con Yrigoyen o quizá con el peronismo que absorbió a algunos de ellos pero que dejó al partido sin razón de ser. Sólo pudo sobrevivir aferrrándose a la formalidad frente al contenido. Triunfo postmortem de Alvear, podría decirse.
Parece increíble entender cómo y porqué un partido que amagó al menos con ser reformista en favor del pueblo, se enlodara por casi un siglo en complicidades con dictaduras militares a cual más sangrienta y autoritaria. Pero lo hizo, y aunque Alfonsín trató de devolverle su identidad, se entregó en cuerpo y alma al neoliberalismo y siguió así vaciándose de voz propia, hasta llegar a ser hoy en día como una sombra de lo que antes fue, con enanos peleándose entre sí por el título de gigante.
El peronismo, luchador y perseguido, sobrevivió al extreminio del 76, pero no lo hizo ileso. Perdió con Alfonsín,llevando un candidato que prometía impunidad, y creyó renovarse de la mano de un traidor a todos los principios básicos del peronismo, a menos que uno tenga una visión tan hueca del peronismo que acepte como peronismo dejar sin empleo a una bocha de gente, quitar derechos laborales, destruir la educación (justo el peronismo, que alfabetizó el país), la salud pública (justo el peronismo, que creó un ministerio de salud donde antes no había), que perdió con De La Rúa que prometía lo mismo con menos corrupción, como si el neoliberalismo pudiera no ser corrupto, siendo como es una ideología que vive de poner reglas para hacer legal la corrupción empresarial, aflojando controles o destruyéndolos.
Fueron los fantasmas de los dos grandes partidos los que terminaron de hacer trizas al país, y paradójicamente es uno de ellos el que mostró que podía revivirlo, renaciendo el mismo en el proceso.
Así surgió el kirchnerismo, que es el peronismo del siglo XXI, su continuación y su heredero.
No es perfecto, es tan superable como cualquier partido, pero en este momento es el peronismo más genuino que existe en nuestro país, y al mismo tiempo la movida más progresista que el votante  mayoritario se permite pensar.
Cuando su líder habla de una década ganada (ganada, no perfecta) lo hace recordando claramente de dónde venimos y en donde nos encontramos ahora, y no comparándonos con mundos ideales o con libros de Adam Smith o de Karl Marx. Lo hace pensando en la mejora de las mayorías tanto tiempo invisibles e inaudibles, y no en la comodidad de empresarios que ahora deben hacer más trámites o pagar los impuestos o en la facilidad de los medios para obtener primicias o en la facilidad para comprar dólares, moneda de EEUU, no nuestra.
El peronismo ha vuelto a ser sudamericanista y por ello no es extraño el rol que jugó Nestor en el 2005 junto a Chávez (el ĺíder más lúcido que tuvo el proyecto de integración regional) o el que jugó en su breve paso por la secretaría general de la UNASUR, o el que juega Cristina en la UNASUR y en cuanto foro internacional en el que ha participado. Ha aprendido que Argentina no puede sola, y por ello se busca la unidad, una forma distinta de integrarse al mundo , que no "aislamiento internacional", como llaman los genuflexos a la autonomía de las grandes potencias.
Frente a eso el radicalismo es una máquina de repetir fórmulas vacías, con aliados que prometen ora la revolución, ora la vuelta a los 90, ora la nada misma, el "liquidemos al kichnerismo y despues vemos"...
Dos caminos con puntos en común pero que claramente divergen con el cada vez más evidente camino suicida del radicalismo que insiste en no tener identidad. No logrará matarse tan fácilmente, pero le esperan largos años de derrotas fuertes y victorias marginales.
Y al peronismo le espera un destino ambiguo, triunfador hoy, lo acecha el fantasma de la traición de los 90 cuando abandonó su tradición en función del neoliberalismo más recalcitrantre. Quedó la cáscara, pero murió por dentro. Ahora, de la mano del diálogo y el consenso vuelve la amenaza que se creía destruida. Tipos como Massa jamás serán peronistas. Sólo pueden disfrazarse de tales.
Sin un sucesor claro para Cristina, el riezgo de perder el rumbo no es desdeñable. Dependerá de la muñeca política del kirchnerismo y ,sobre todo, de Cristina.
 Lo único seguro es que el peronismo será kirchnerista y hará honor a su fundador, o será cáscara vacía y podrida por dentro. El radicalismo debería servirle de advertencia, ya que no puede ser ejemplo.

1 comentario: