Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Un día, un hombre y el imperio

Hoy puede ser un día como cualquier otro o un día para recordar.
Lo cierto es que hoy, como hace cuarenta años el Imperio impone su voluntad y sus intereses al mundo entero. Ya sea para liberarse de un gobierno latinoamericano incómodo o para asentarse aún más en el oriente, tierra de petróleo y conflictos por igual.
Ese imperio, que algunos insisten en considerar una entelequia, deja una estela de muerte y destrucción por donde pasan sus tropas o sus economistas, o ambos.
Lo supo un país donde para acabar con un pueblo se comenzó acabando con un hombre. Lo saben los países que supuestamente EEUU, directamente o a través de la OTAN, pretendió "liberar".
No basta un  negro presidente (que no un presidente negro) para cambiar un imperio sanguinario, eso ya quedó claro . Las raíces son más profundas.
En un país que gasta más en armas que en cualquier otra cosa dar salud a todos es comunista, y el pacifismo, una locura.
Asistimos a un imperio en una fase de declive, pero eso no debe alegrarnos. Porque no se vislumbra nada nuevo que sea mejor (tal vez los intentos de los países "populistas", "progres", de centroizquierda, o izquierda que hay en América Latina sean la excepción), y porque es en su caída cuando un imperio se revela como más peligroso, ya perdido todo escrúpulo y toda máscara.
Irónicamente ese imperio sacrifica a sus propios ciudadanos en el altar del neoliberalismo. ¿Qué podría esperar entonces Siria o cualquier otro país del mundo para sus habitantes?
No sólo México está demasiado cerca de EEUU. El mundo entero, aliados del país sin nombre incluidos, están demasiado cerca de sus jugadas económicas, bélicas, de espionaje, en fin, de exhibición de su poderío.
Ellos se dan ese lujo y es poco lo que se puede hacer para contrarrestarlos. Apenas si unirnos para tratar de ser menos débiles, con plena conciencia de que el caballo de Troya ya está dentro y no fuera, de nuestras frágiles y líquidas murallas.
Pero escuchemos a Allende, que supo muy bien dar hasta el final una batalla perdida, pero indispensable.

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