Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

sábado, 27 de abril de 2013

Un día normal


Como las ciudades tienen sus fechas de fundación, los procesos sociales y políticos tienen o creen tener una o varias fechas madre.
Es un vistazo en retrospectiva, una reinterpretación del pasado, como toda historia.
En un día que otrora supo ser pírrica derrota, los muertos tantas veces proclamados gozan de buena salud.
Cuando el odio y las cacerolas se acallan...
Mientras que el ridículo se apodera de quienes se autoproclaman guardianes de la república...
mientras los otrora dueños de la patria hoy deben compartir el pedestal...
Un día más, entre otros tantos, de diez años -y quien sabe -quizá muchos más...
Hoy es un día como todos: la prensa “independiente” ignora la ¿amarilla? ¿multicolor? represión del alcalde fugitivo. Que ahora sí estaba, dijo.
Vaya consuelo.
Los impolutos periodistas reifieren llorar por los que compran dólares.
Como lo harán quienes salgan en el próximo cacerolazo con la esperanza de -esta vez sí- matar al monstruo que ellos engendraron.
Porque es así. Los monstruos nacen de los miedos. Dime tu miedo y te diré que nacerá de él...
Hoy es un día como cualquier otro, un día normal,en un país normal, aunque en algún momento eso fuera una utopía...
Pero la utopía sirve para caminar y no es momento para detenerse.
Porque ayer molieron a palos a médicos y pacientes del Borda.
Porque hoy los diarios fingen que no pasó nada, y las cacerolas están guardadas.
Taser y cacerola, la lucha es una sola.
Porque el camino empezado hacia un país más justo y solidario está muy lejos de culminar.
Las injusticias duelen. La indiferencia echa sal en las heridas...
Hay que caminar hasta que los pies duelan y mucho más...
Que la máscara sonriente de un Macri no nos tape el camino.
Ayer hubo un acto más de injusticia.
Como otros tantos con menos publicidad aún...
Tenemos un rumbo. No olvidemos eso.
Queremos una Argentina con salud pública para todos, con educación para todos, con transporte público para todos, donde todos puedan acceder a un empleo digno y llegar a la vejez con una jubilación acorde.
Como soñaba un flaco que se nos fue hace tanto o tan poco.
Ese país que parece monstruoso a los ojos de los Macri, valientes tuiteros de cartón pintado. A los ojos de los ruidosos caceroleros, y los ojos de múltiples pusilánimes que juegan a comentaristas de la política.
Ese país que no permitiría escenas como las de ayer.
En ese país no habría presos sin sentencia, niños desnutridos,viejos abandonados, o locos apaladeados.
A eso debemos aspirar . Aunque lleve años y décadas lograrlo.
Hay que caminar hasta que sangren los pies.
Para que lo que hoy es utopía, mañana sea un obviedad.
Hoy Macri es una excusa para recordar que no queremos , y que queremos.
Tan simple como eso...

jueves, 18 de abril de 2013

Las cacerolas que vienen marchando

Cacerolas, budineras, savarin y pizzeras que suenan. Y suenan con odio.No sólo en plaza de Mayo esta noche sino en las provincias. Acá en Corrientes la reunión es en la Costanera, al grito de Democracia o Dictadura.
"Muere yegua", "prendamos fuego la Rosada", y "preparemos las sogas",” son las frases que inundan Facebook, Twitter y los comentarios de los foristas en la web, en el marco de la convocatoria de esta noche a Plaza de Mayo.
Toda una lección de ciudadanía y republicanismo, como se ve (sí, estoy siendo irónica)...

No son los perjudicados por el sistema, son sus beneficiados, afectados- eso sí-en sus símbolos y en -algunos- de sus intereses.
No necesitan o creen no necesitar al estado, y tienen una actitud de desprecio antes quienes sí lo necesitan.
Ningún partido político los representa - aunque los opositores los sigan de a pie y hasta los justifiquen- aunque el PRO es el que ideológicamente está más cerca de lograrlo.
Nos parecemos a Venezuela -dicen-, queriendo denostarnos,y si bien los caminos recorridos por ambos países son distintos, y mientras ellos pretenden contruir un socialismo del siglo XXI acá sólo se aspira a un capitalismo más humano, los opositores a sus gobiernos se parecen y mucho...
Tanto en Argentina como en Venezuela hay un sector social que no se banca una mejora- siquiera parcial  - de la situación de los más humildes.
Allá desconocen resultados de las elecciones y salen a quemar locales de sus opositores. Acá piden la renuncia de la presidenta y atribuyen sus votos al clientelismo y a la estupidez de los pobres.Pensándolo bien, allá también  hacen eso...
Eso sí, los cacerolitos nuestros patotean periodistas pero todavía no han pasado al vandalismo. Aunque no se privan de festejar  si los muchachos de la Cámpora son agredidos.
No toleran que les trastoquen el orden establecido y en ese sentido el peronismo fue para ellos como una patada en la ingle. Justicia social para ellos es dádiva del estado, y cobrar impuestos a los más ricos, un robo. Que la empleada doméstica tenga derecho un insulto, y que el preso no sea torturado garantismo inútil, cuando no desperdicio de recursos.
No vivimos en el país ideal, y hay mucho para reclamar: aún hay pobreza, aún hay desempleo, empleo en negro, explotación infantil, trata de personas, concentración económica, privilegios para los más ricos, falta de planificación urbana, federalismo que sirve de excusa para perpetuar desigualdades educativas, sanitarias, etc.
Pero los cacerolos no reclaman por eso. Se quejan por la AUH, una política de inclusión, no toleran la ley inmigratoria progresista que el país tiene porque sólo ven una marea-que no es tal- de extranjeros que los invaden - y encima negros, que los rubios no molestan tanto-, piden comprar dólares libremente y seguir operando en negro, como siempre lo han hecho.
Realmente no soportan más a este gobierno, ni a ningún otro que toque sus privilegios o los privilegios de quienes adoran y ansían imitar...no soportan a una juventud movilizada y activa,salvo que sea Pro.
No hay nada que darles. No se los puede representar porque son lo opuesto de los que un gobierno nacional y popular puede cobijar - aunque se nos cuelen oportunistas y alimañas varias- y tienen demasiada soberbia- justamente ellos que tratan a la presidenta de ídem, para ser segundos de nadie.
Pedirle a la oposición - salvo el Pro- que los represente es mucho. Tendrían primero que resolver sus propias contradicciones y dejar el papel de meros comentaristas - malos comentaristas- de la realidad. Si lo van a esperan consigan una silla muy cómoda.
Sueñan con un golpe blando, una revolución de colores. Hay que ganarles una vez más en las urnas,  aún sabiendo que desconoceran cualquier veredicto que no sea el fin de este gobierno. Como  negarían el valor de cualquier marcha de desagravio a Cristina.
No se puede discutir con ellos, porque no escuchan, aunque exigen ser escuchados y obedecidos. No negocian y por ello todo el campo de la política les es ajeno.Si alguien los critica es un vendido o un idiota,no ven otra opción...
Mientras no acepten las reglas de la democracia, serán una amenaza latente, que no se hace hace real por la ausencia de la pata militar a la que siempre recurrieron.
Pero les queda el golpe de mercado...,no hay que descuidarse.
Ante ellos sólo queda ir por un país más justo y más igualitario. Sin dormirse en laureles pasados.
Aunque eso los enfurezca todavía más.

lunes, 15 de abril de 2013

Ganó Maduro

 Ganó la Patria Grande:


Nicolás Maduro: 7.505.338 - 50,66% 
Capriles Radonsky: 7.270.403 - 49,07%.

Le espera una parada difícil . Los resultados envalentonaron a Capriles y , ya quedó demostrado, Maduro no es Chávez. Hay todo un liderazgo por construir. Y es hora de que el PSUV se tranforme en un verdadero partido de gobierno...
Eso sí, la peor opción sería negociar con la derecha y ceder posiciones. Sólo le queda a Maduro la huida hacia adelante: tiene a su favor a la UNASUR y a la mitad del pueblo venezolano. Pero tanto como si triunfa, como si fracasa la responsabilidad será suya.

Artemio, y Ricardo tienen su opinión acerca de los motivos por los cuales la victoria fue tan ajustada. Leanlas, por favor.

domingo, 14 de abril de 2013

No somos imparciales: elecciones en Venezuela.


Hoy hay elecciones en Venezuela.Maduro tiene la pesada mochila de mostrar que puede asegurar la continuidad de un proceso que le devolvió la dignidad a un pueblo.
Lo que está en juego, una vez más, no es sólo la dirección que seguirá el país en materia política, social y económica sino también la integración sudamericana.Por eso la elección nos importa incluso a quienes, por una cuestión geográfica, no votamos en ella.
Venezuela ha mostrado una verdadera solidaridad, no declamativa, con los países latinoamericanos y hasta con desposeídos del Imperio. Y fue el chavismo el que promovió estas medidas mientras la oposición chillaba y reclamaba no seguir enfrentando a EEUU, ni seguir dando ayuda a Cuba.
Hay dos opciones muy claras: la posibilidad del seguir construyendo el socialismo del siglo XXI en el marco de la Patria Grande o la vuelta a la época previa a 1999 ,cuando Venezuela no era más que una repúbliqueta petrolera que mantenía carnales relaciones con EEUU.
No hay que engañarse: Capriles, más allá de sus buenos modales, que pierde de vez en cuando, representa la nada misma en materia de propuestas. O mejor dicho, quiere borrar de un plumazo lo que el pueblo, de la mano de Chávez, consiguió.
El apoyo al proyecto de Chávez no es mero sentimentalismo de masas sugestionables y compradas, como quisieran tipos como Aguinis o ambos Vargas Llosa. Tiene bases concretas.Cuenta Ignacio Ramonet:
 “La gran fuerza del presidente Chávez es que su acción concierne ante todo a lo social (salud, alimentación, educación, vivienda), lo que más interesa a los venezolanos humildes (75% de la población). Consagra el 42,5% del presupuesto del Estado a las inversiones sociales. Ha dividido por la mitad la tasa de mortalidad infantil. Erradicado el analfabetismo. Ha multiplicado por cinco el número de maestros en las escuelas públicas (de 65.000 a 350.000). Venezuela es hoy el segundo país en la región con mayor número de estudiantes matriculados en educación superior (83% detrás de Cuba pero delante de la Argentina, Uruguay y Chile, y es quinto a escala mundial, superando a Estados Unidos, Japón, China, Reino Unido, Francia y España). El gobierno bolivariano ha generado la sanidad y la educación gratuitas, ha multiplicado la construcción de viviendas, ha elevado el salario mínimo…, ha mejorado las infraestructuras de los hospitales, ofrece a las familias modestas alimentos mediante el sistema Mercal, un 60 % más baratos que en los supermercados privados, ha limitado el latifundio, ha duplicado la producción de alimentos…, ha reducido la desigualdad, ha disminuido la deuda externa.”
Hay debilidades a corregir: inflación, inseguridad y corrupción elevada, limitaciones en materia de soberanía alimentaria, ineficiencias burocráticas, pero está claro que sólo el chavismo puede asumir esa empresa y no la bolsa de gatos que es hoy en día, la oposición venezolana.
Hay una incomprensión muy grande en una parte de la clase media que ve la realidad por TV y que, aunque ve mejorada su situación, lo atribuye únicamente a méritos propios. Y es que no comprenden que la mejora de las condiciones de vida de los pobres también la beneficia a ella, ya que un mercado interno fuerte requiere más producción, mejores servicios, en fin todo lo que ella de un modo u otro proporciona.Y, que por otra parte, si se va todo al carajo saldrá muy perjudicada y tendrá pocas herramientas para salir adelante.
Lo mismo vale para el empresariado tan aferrado a sus privilegios de clase que se opone a toda mejora de las clases populares con los grandes medios de comunicación a la cabeza.
También se observa una gran incomprensión en algunos intelectuales,cegados por prejuicios de clase y más interesados en reírse de la peculiaridades de Maduro, que en ver las mejoras concretas que el chavismo dio al país.
Hay una enemistad muy grande por parte del Imperio, que no admite autonomías , y muchos cipayos que siguen gustosos esa línea.
Pero las encuestas favorecen a Maduro y no se esperan sorpresas. El chavismo ha nacido y debe mostrar que puede andar sin Chávez. Es todo un desafío y corresponde a Maduro y al PSUV mostrar que pueden con ese reto. El pueblo venezolano está con ellos...

 

viernes, 12 de abril de 2013

Por más estado, por más derechos.

Podría hablar de la oposición y de sus continuos papelones pero realmente no tengo ganas.
¿Qué se puede agregar que ya no se haya dicho de una oposición que ha renunciado a hacer política para hacer comentarismo?Que no propone y sólo se opone.
Tenemos una derecha cuyo único plan es borrar de un plumazo la última década y volver al más rancio liberalismo, y una izquierda, que en nombre de la pureza y del temor a contaminarse con las alianzas non sanctas del oficialismo, se junta sin pudor con la derecha y con los representantes de una oligarquía que se siente- y en parte aún es- dueña del país.
Frente a eso hay un gobierno de centroizquierda, populista o como se lo quiera llamar que propone, que amplia derechos, y que avanza en la recuperación del rol del estado en favor de los más pobres.
Pero a falta de una izquierda que realmente corra el arco (no siempre esto es malo, es como la utopía, sirve para caminar) somos nosotros los que no tenemos que dormirnos en los laureles.
 Lo que voy a escribir a continuación va a parecer una sucesión de quejas,y tal vez lo sea. Pero al mismo tiempo son retos a encarar. La lista, aclaro ,es incompleta y arbitraria.
La recuperación del estado avanza pero hay que presionar para que ese avance llegue a cosas prosaicas como que nadie carezca de luz, agua potable, cloacas, gas natural, transporte público de calidad...y no podemos confiar en que empresas que no invierten y se lavan las manos lo hagan. Ya han demostrado que sirven para aumentar tarifas y quejarse, nada más.
 Que la inflación no se coma los salarios y que conseguir casa propia o que no te estafen con el alquiler no sean una utopía. El plan Procrear es un gran paso, en ese sentido. Los acuerdos de precios, no tanto. Mucho mejor sería fomentar  con créditos blandos las microempresas, cooperativas, y Pymes para que generen una mayor oferta de bienes y llenar el país de mercados centrales que faciliten el acceso a los productos de primera necesidad sin intermediarios.
Dejar de apañar la especulación con las tierras y regular mejor la propiedad de las mismas es una necesidad, amén de una planificación urbana, para que los desastres naturales no nos encuentren contando cadáveres en las grandes ciudades.

 Y también ir por las cosas grandes como una mayor regulación de los bancos o reformar el sistema impositivo para hacerlo progresivo. O una reforma de los sistemas educativo y sanitario que asegure salud y educación pública para todos, sin importar el lugar de nacimiento o la clase social. Porque el federalismo muchas veces es una excusa para negar derechos.
No podemos esperar buena voluntad de los empresarios, es inútil hablar con el corazón a quien piensa con el bolsillo. Van a seguir especulando con los precios sin invertir, mientras sea rentable, tanto como los ruralistas se sentaran sobre la soja aun a costa de perder plata.
Ahora que se plantea reformar el sistema judicial habría que replantearse las consecuencias de la "mano dura" en los más pobres que son los que caen preventivamente, muchas veces siendo inocentes, como se demuestra después de largos años.
Claro que no se puede todo al mismo tiempo y que hay que tener prioridades. Pero no por eso hay que caer en el posibilismo. Si vamos a esperar el momento perfecto, este nunca llegará. Nunca será el momento ideal para cambiar la ley de Martínez de Hoz,  recrear el IAPI o algo similar,  cobrar impuestos a las ganancias extraordinarias fruto del aumento de precios,reformar la constitución,  trasladar la Capital o legalizar el aborto. Siempre habrá algún motivo para no hacerlo. Pero si queremos realmente una sociedad más justa habrá que encarar una a una esas batallas. Los momentos no caen del cielo, se crean.
Es muy bueno que rompa la "pax financiera" con todo lo que eso supone, por ejemplo...si nos van a llamar chavistas demósle motivos.
Si digo esto es porque creo sinceramente que si hay un gobierno que puede hacer eso y mucho más, es justamente este. No podemos contar con una oposición que empuje en esa dirección. Y al parecer esa situación se extenderá por varios años. Nos toca a nosotros ir por el nunca menos y por el siempre más.

lunes, 8 de abril de 2013

Derechos humanos, estado y capitalismo salvaje



El cambio climático -mal que le pese a muchos- es una realidad. Y, como suele suceder en un mundo desigual, los más afectados son los más vulnerables. Lo que no obsta a que el desastre golpee de vez en cuando la vida de los privilegiados.
Pero no hay que confundirse. Lo que está en juego no es una especie de guerra del hombre contra la naturaleza, ni una supuesta venganza de ésta contra quienes la dañan.
El cambio climático es -ante todo- un problema de derechos humanos. Que se ven muy bonitos en el papel, pero que cuesta hacer efectivos, aunque ya haya pasado más de medio siglo de tan extraordinaria declaración. Porque los desastres naturales dejan personas sin hogar, porque se pierden vidas, y porque no se puede pedirle a alguien que vive en una villa miseria que se preocupe por vivir ecológicamente.
Y cuesta hacerlos efectivos porque vivimos en un sistema capitalista que pone como prioridad la máxima ganancia empresarial. Ganancia que rechaza los límites de la racionalidad oponiéndose a regulaciones mínimas, casi tímidas, como las del Protocolo de Kyoto.
No significa que antes del capitalismo las sociedades fueran ideales. Hubo grandes civilizaciones que fueron depredadoras sin haber descubierto el capitalismo, aunque sí tenían sus déspotas y sus privilegiados. Los pueblos nómades no eran ecologistas, simplemente eran muy pocos para ser dañinos en exceso. No idealicemos inútilmente. Pero el capitalismo ha logrado que la producción y la población se multiplicaran exponencialmente, poniendo a prueba su propia sustentabilidad.
El principal enemigo de los derechos humanos son los privilegios del capital, que quiere crecer sin límites en un planeta donde los recursos son limitados (y no hay planeta de repuesto).
No puede haber desarrollo real de los derechos humanos mientras unos pocos controlen la mayor parte de los recursos naturales y decidan que se hace con ellos.
En ese sentido, el mismo capitalismo que con su desarrollo de las fuerzas productivas hizo posible una sociedad capaz de plantearse la necesidad de establecer un piso mínimo de derechos para todos- bien que lo hizo bajo la amenaza del comunismo- ha llegado a un nivel de salvajismo que sólo puede crecer barriendo con los derechos humanos de más y más personas.
No forma parte de la naturaleza del capitalismo en estado puro el plantearse límites: el cielo es el límite cuando se trata de acumular capital. Pero los límites existen. El planeta es uno solo y es finito. Por mucho que la tecnología avance, no es magia, no realiza un creatio ex nihilo. Muchas de las actitudes de quienes niegan los límites están basadas en un pensamiento mágico que combina una fe extrema en la tecnología y un negativa feroz a mover un ápice de las relaciones sociales existentes.
La mayor dificultad que presenta este estadio senil y feroz del capitalismo es que no hay sistemas rivales enfrente. Se sufren sus consecuencias pero no se puede decir: “tenemos alternativa”. Al menos no una alternativa con consenso mayoritario. Nada menos muerto en el mundo- Latinoamérica incluida- que el neoliberalismo, que reina triunfante sobre las ruinas que el mismo va produciendo.
Pero habrá que prestar atención, de la resistencia de los ajustados podría surgir una alternativa.
De la capacidad de producir riqueza del capitalismo no hay duda alguna. De su capacidad de exclusión, tampoco.
Frente a eso surgen los métodos de control de daño, en los que el estado actúa para distribuir más equitativamente la riqueza, con el fin de lograr un capitalismo con rostro humano. Eso se nota en América Latina, aunque aún estamos lejos del welfare estate que supo existir en la ahora neoliberal a ultranza, Europa. En algunos países incluso se apuesta a salir del capitalismo hacia un socialismo del siglo XXI, que aún es más sueño que realidad pero que es una esperanza concreta.
Pero la verdadera apuesta grande es ir por la unidad de grandes conglomerados de países, sobre la base de un estado supranacional, que pueda enfrentar con mejores armas a las multinacionales, última expresión del capital, que ya no tiene patria aunque siga usando banderas cuando le conviene.
Sólo auténticos estados democráticos- no colonizados por multinacionales- y plurinacionales pueden afrontar el reto de hacer reales los derechos humanos y más racional el aprovechamiento de los recursos naturales, centrándolo en la satisfacción de las necesidades humanas antes que en la búsqueda de ganancias.
No es fácil de lograr: los estados nacionales fueron colonizados y destruidos por dentro, y la misma unidad corre riesgo de ser instrumento de las multinacionales que debería controlar.
No es lo mismo un mercado común que un estado supranacional democrático. Lo primero es la Unión Europea y ya vimos como termina. Lo otro es una utopía y ,si tenemos suerte, nos servirá para caminar.
Para el caso particular de América Latina, hay muchos obstáculos para vencer en ese camino: internos: más de un siglo mirando hacia al norte, rencillas locales aun no del todo de resueltas , fuertes asimetrías regionales que el capitalismo ahondó fuertemente en su desarrollo, y diferencias ideológicas profundas,y externos : los países desarrollados no abandonan su visión neocolonial del mundo y ven como un peligro cualquier unión de pueblos que no responda a sus intereses.
La recuperación del rol del estado que se ve en países como el nuestro, aun incompleta, es un paso adelante. Pero el objetivo final debe ir más allá de los estados nacionales, demasiado pequeños para enfrentar a monstruos cuyos ingresos superan el PBI de muchos de ellos.
No es casual que países como Argentina deban enfrentar a fondos buitre, sabiendo que corren el riesgo de perder. Es el resultado de haber cedido soberanía sin posibilidad de control popular (diferencia con una integración regional estatal), pero también hay que tener en cuenta que sus enemigos son la expresión descarnada del verdadero capitalismo actual: un capitalismo que ve en el estado un coto de caza, y una excusa legal para sus rapiñas.
Contra ellos la respuesta es más y mejor estado. En el continente más desigual del mundo, los derechos humanos siguen siendo una deuda pendiente, tanto como un uso más racional de los recursos naturales que nos tocaron en suerte. Sin un estado activo, democrático, fuerte, y supranacional que aune las voluntades de los pueblos de Latinoamérica, seguirá siendo así.


jueves, 4 de abril de 2013

La naturaleza y el estado.



Ante las catástrofes naturales siempre hay una cierta sensación de desamparo y de dolor. Dolor por las pérdidas sufridas, claro está, sean humanas o materiales. Y la tendencia a buscar culpables...
Lo cierto es que más que de culpa hay que hablar de responsabilidades y en ese sentido el estado (nacional, provincial, municipal) tiene tres tipos de responsabilidad que hacen a su rol.
La primera, la de la prevención. Muy pocos desastres naturales son totalmente imprevistos, puede variar su gravedad, pero las inundaciones en sitios inundados ya varias veces no pueden designarse con propiedad con la palabra sorpresa.
Mientras las ciudades crecen anárquicamente, sigue brillando por su ausencia una política de planificación urbana , que necesariamente es responsabilidad del estado. No puede esperarse que los intereses económicos de los empresarios lleven mágicamente a ciudades más vivibles, con o sin desastre natural.
Es hora de ponerse los pantalones largos y de que los servicios públicos sean administrados como tales y no como un negocio más.
Yendo más lejos aún habría que preguntarse hasta cuando las grandes urbes pueden seguir creciendo sin hacerse inhabitables y si no va siendo muy alto el costo (en términos humanos y económicos) de tener a la población argentina distribuida de un modo tan desproporcionado en torno a un conurbano que no para de crecer.
Pensar eso supone un estado activo en el antes. Lo que no significa evitar las catástrofes pero sí morigerar sus consecuencias.
La segunda es el control de daños: allí suele verse de forma muy clara la solidaridad de la gente y está bien que así sea pero eso no quita ni un ápice el deber del estado de estar presente.
Rescate de las víctimas, refugio a los damnificados, control de posibles saqueos, asistencia médica, etc. En el fondo el funcionamiento de esta maquinaria refleja el grado en que se ha complementado el primer paso: sin organización la buena voluntad no basta.
Y la tercera gran responsabilidad es la vuelta a la normalidad, es decir la reconstrucción de los destruido. Una vez que bajan las aguas empieza el verdadero trabajo, pero también donde salen a sobrevolar los buitres que buscan hacen su agosto con la desgracia de la gente. Una vez es deber del estado estar allí para evitarlo.
Y todo eso sabiendo muchas veces que la normalidad no es necesariamente un estado deseable, porque, no nos engañemos, seguimos teniendo un déficit habitacional enorme, y los servicios públicos aun no llegan a toda la población en la medida que deberían.
Pero lo que subyace detrás de este círculo que se repite una y otra vez es una concepción del rol del estado.
Si se cree que el óptimo es un estado mínimo que deje hacer a los privados, es lógico que haya distritos que no inviertan en prevención o que no regulen adecuadamente a los privados. Es su concepción. También es su responsabilidad.
Somos quienes creemos en el rol del estado como regulador los que debemos insistir en que estas cuestiones se afrontan con más estado y más inversión pública. Por mucho que eso enoje a los cultores del libre mercado o por mucho que hablen de demagogia y clientelismo.
No hacer es criminal, cuesta vidas. Se ha visto y se seguirá viendo en todo lugar donde el estado se haga el bobo y mire para otro lado. O donde haga pero haga mal .
La naturaleza no es responsable, el estado sí. Es terrible que debamos recordarlo cada vez que sucede una tragedia, pero mucho peor es no tener memoria.
Mi solidaridad con todas las víctimas y los damnificados sean del distrito que sean.

lunes, 1 de abril de 2013

Otro día que duele


El 2 de abril duele. Duele por los que cayeron en esas islas, duele por los que volvieron rotos.
Duele porque es un balde de agua fría. Nos recuerda que el valor no basta frente a una potencia mundial. Que sin grandes ejércitos y armas terribles nunca estás del todo seguro.
Nos recuerda que la ciudadanía apoyó una cruzada absurda , maquinada por una dictadura moribunda. Duele por los que fueron a luchar allí y sufrieron privaciones, torturas y traición por parte de quienes los enviaron.
Pero el árbol no debe taparnos el bosque. La historia no comenzó en 1982 sino en 1833, año en que los británicos expulsaron a la población local y tomaron las islas. Con la prepotencia que los caracteriza. Con el derecho que da la fuerza.
Nos toca seguir reclamando diplomáticamente lo que no podemos tomar por las armas, aún a sabiendas de que nuestras protestas hacen reír o bostezar a las potencias.
Reclamo que requiere unidad, más allá de los cipayos incurables con los que cuenta nuestro país.
No estamos solos. Latinoamérica puede y debe estar unida – no por una cuestión sentimental sino por una cuestión estratégica- en el reclamo por Malvinas.
Más que nunca la apuesta a la unidad regional – unión de naciones y no sólo de mercados como la Unión Europea, porque ya vimos adonde conduce eso- es indispensable para la Argentina. En un mundo globalizado por un capitalismo que ha pasado de salvaje a sanguinario ninguna nación puede sobrevivir sin el concurso de un bloque en el cual refugiarse.
La unión hace la fuerza ,siempre y cuando se huya de los cantos de sirena de los bloques meramente económicos a medida de las multinacionales.
La Patria Grande hoy, más que un sueño, es una necesidad.
El reclamo por las Malvinas debe ser causa común, para que sea algo más que una romántica causa perdida. Tanto como deben ser causa común el levantamiento del bloqueo a Cuba o la devolución de su salida al mar a Bolivia. Reclamos externos e internos que se debe a sí misma la naciente unidad latinoamericana.
Unidad, dicho sea de paso, que no nos garantiza la victoria, pero sin la cual estaremos inermes ante un mundo cada vez más inseguro, frente a un imperio cruelmente envejecido pero aún invencible y a una crisis que no es más que la forma en que el capitalismo ajusta el nudo.
Unidos, tal vez perdamos igual. Pero separados es seguro que no habrá milagro ni papa argentino que nos salven.