Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

lunes, 27 de mayo de 2013

Máscaras

Claudia Piedrabuena vende máscaras. Las hay de diversas clases y colores. Máscaras de ingenuidad, de bondad, de valor, de sinceridad, de audacia, de generosidad…
Es que las máscaras se han puesto de moda, y muchas personas no pueden vivir sin ellas. Han llegado a creer que la máscara hace a la virtud, o tal vez, resignados a no poder adquirir dichas virtudes, prefieren parecer antes que ser, ya que esto último exige más esfuerzo.
Incluso hay quienes han olvidado su propio rostro, de tanto usar máscaras de todo tipo.
Tiene compradores de a miles. Las más vendidas son las de bondad y las de generosidad. Nada satisface más a la gente que sentirse buena, más buena que nadie, y que todo el mundo lo sepa. Y nada conforta más a la gente que pensar en su gran generosidad.
También se venden mucho las máscaras de sinceridad. Estas son transparentes y muestran todo lo que hay tras ellas,por lo que a veces revelan cosas monstruosas, pero quienes las usan no se dan cuenta y piensan que la sinceridad es la máxima virtud, incluso más que la bondad o la generosidad.
Claudia misma usa muchas máscaras, una debajo de la otra y nadie conoce su verdadero propósito.
Tal vez algún día las personas se decidan a ver de frente sus verdaderos rostros. Tal vez no les guste lo que vean, tal vez sí. Pero lo cierto es que hoy circulo por las calles viendo miles de alegres mascaritas mientras estreno esta máscara nueva, que acabo de comprar.

viernes, 24 de mayo de 2013

Los muchos 25 de mayo

Los aniversarios tienden a mezclarse y a resignificarse a medida que pasa el tiempo. Después de todo no hubo un solo 25 de mayo sino 203 (bueno, siendo quisquillosos,falta un día para que sean 203).
Hubo uno, el primero, repleto de muchas de las contradicciones que luego ensangrentarían el suelo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. No inaugural, sino continuador de movimientos iniciados en el Alto Perú en 1809. Como un niño en pañales, esa revolución tuvo muchos padres y cada uno imaginó un destino distinto para ella, ora más conservador, ora más revolucionario. No fue el fin de un camino, sino el comienzo.
Hubo, también, un 25 de mayo de 1910, bajo estado de sitio, con una prensa que repudiaba las protestas obreras por obstaculizar los festejos de una oligarquía muy pagada de sí misma, que gobernaba de espaldas al pueblo. Cien años habían pasado y habiendo fallado en contruir la Patria, campeaban en Latinoamérica muchas naciones. Una de ellas era Argentina, que las miraba con menosprecio, y había proclamado por boca de Saénz Peña pertenecer a la humanidad (zoncera de primer nivel si las hay).
Esa es la edad de oro que muchos añoran, un pueblo excluido de la fiesta y de la justicia (porque un mejor reparto de la riqueza también es justicia).
Hubo 25 de mayo de todas clases, felices, tristes... Los de la dignidad recuperada con Perón (dignidad que nunca perdonaron quienes la habían negado, y que años después tratarían de destruir a sangre y fuego), los del miedo y la hipocresía de las múltiples dictaduras, los de la emoción de la democracia rediviva con Alfonsín, los de la patria rematada en los noventa, los de la desesperanza y la lucha, por contradictorio que esto parezca, en la crisis del 2001.
Hubo también un 25 de mayo en que un flaco vino del sur a proponernos un sueño. Algunos le creyeron, otros no. Pero cumplió...,cumplió él y cumplió Cristina, su compañera de toda la vida.
Tuvimos otra vez un país que busca incluir, y no excluir, donde la lucha por mejorar la distribución de la riqueza es una realidad. Un país que es capaz de pararse sobre sus pies y defender sus intereses frente a gigantes, en vez de andar de rodillas como nos habían acostumbrado por décadas.Un país que ya no le daba la espalda a sus países hermanos y que supo agradecer la mano extendida y generosa de estos. Un país que supo cerrar junto a otros países la puerta al Alca.
Claro que eso no les gustó a muchos privilegiados que aún conservando muchos de sus privilegios no toleraban haber perdido una porción de ellos. Y lamentablemente, tampoco le gustó a una porción de la clase media que veía en ese salir unos pelos del agua por parte de los más desfavorecidos como un menoscabo a su propio status.
Y la división que siempre estuvo y que había quedado oculta durante años resurgió.
No porque Néstor fuese cascarrabias o porque Cristina fuese "soberbia". Tampoco odiaban a Perón  o a Evita por sus modales. Lo que odiaban y odian de ellos es su cuestionamiento práctico, no libresco, del statu quo.
Incluso quienes en teoría también lo cuestionaban no soportaron ver como ellos hacían realidad lo que les parecía un reclamo propiedad de ellos, una bandera propia que preferían ver archivada, antes que en manos de otro.
La reacción fue fuerte y unió a fracciones de lo más variadas. Lo único que los unía era el deseo de que ese proyecto, que no era otra cosa que el peronismo, que volvía de la tumba y de la traición, desapareciera.
Así llegó el bicentenario, y no faltaron nostálgicos que lamentaron la división y recordaron el glorioso centenario, olvidando que la división ya existía y que consistía en que a la fiesta estaba invitada sólo una de las fracciones.
Contra los profetas del desánimo, el bicentenario tuvo la alegría y la potencia de los derechos recuperados. La Argentina ya no está sola y festejó en compañía de ilustres y queridos invitados (no, no estaba el FMI entre ellos), sus jóvenes 200 años.
En estos tres años mucha agua ha pasado bajo el puente. En el camino hemos perdido algunos amigos y también se han ido algunos canallas.
En la crisis más grande del capitalismo mundial, vivimos tiempos difíciles, pero no hemos perdido el rumbo. Por eso no debemos perder la alegría. 
Porque no estamos solos y somos muchos...que las cacerolas no nos tapen el bosque.
Porque no nos han vencido...Porque las máscaras han caído y vemos los rostros de quienes quisieron convencernos de que la resignación era el único camino.
Porque sabemos adonde queremos ir: hacia una sociedad más justa e igualitaria, hacia la Patria Grande de San Martín, Bolívar, Artigas, Yrigoyen, Perón, Néstor, y Chávez...
Porque hacia allí nos dirigimos aunque el camino sea tortuoso y difícil.
Salgamos a festejar: tenemos patria.


martes, 21 de mayo de 2013

Espejos (V)

Había una vez una ciudad que tuvo muchos nombres y olvidó el primero, así como olvidó su nacimiento.
Esa ciudad vivía de espaldas a un río y soñaba con tener un mar...
En ella, Elisa Herrera vendía unos curiosos espejos.
Eran espejos que mostraban a las personas feas y desdichadas, por más bellas y prósperas que fueran.
Por alguna extraña razón los habitantes de la ciudad compraban esos espejos con avidez y Elisa se hizo rica rápidamente.
Los habitantes de la ciudad vivían cada vez más frustrados e infelices, y cuanto más infelices eran más se enojaban, hasta que un día destruyeron la ciudad y se fueron en busca de mejores horizontes.
Lamentablemente se llevaron los espejos con ellos...

jueves, 16 de mayo de 2013

Una ciudad

La Ciudad es sucia aunque barre la basura bajo la alfombra.
La habitan los autos y la visitan las personas. Todos son turistas, salvo los que no pueden darse el lujo de serlo.
La Ciudad tiene miedo, y se esconde detrás de una gruesa aunque invisible muralla. Vive de espaldas al mundo, pero se cree el mundo todo.
Crea un mundo a su imagen y semejanza , y a él le rinde culto.
La Ciudad tiene tantos nombres que no tiene ninguno.
Duerme con los ojos abiertos, y espera a su príncipe azul rodeada de proxenetas.
Ha perdido la inocencia, pero de vez en cuando luce su máscara de ingenua.
La Ciudad olvida cada día y premia a quienes la traicionan.
Muchos le han jurado amor. Pocos han cumplido.
Miente con su edad y destruye su propio rostro. Quiere ser joven por siempre, mientras se finge mayor.
La Ciudad odia el fracaso. Ay del que caiga en ella, sin piedad será aplastado.
Egoísta y quejosa, cree merecerlo todo sin dar nada a cambio.
Resignada, la Ciudad juega a que no existe el mañana y apuesta contra cartas marcadas...
Pero esa no es la única Ciudad.
La Ciudad es también la de la memoria paciente, la de la justicia largamente buscada, la de la generosidad conmovedora, la del llanto agradecido a sus héroes y mártires...
Esa Ciudad no está sola y la esperan...

lunes, 13 de mayo de 2013

Tiempos revueltos

Vivimos tiempos complejos. Ver claro se hace difícil cuando los medios de comunicación te bombardean todo el tiempo pronosticando catástrofes, y el mundo vive una crisis tan o más grave que la de 1929.
El gobierno mantiene la iniciativa y aunque no acuerde con todas las medidas- lo del blanqueo no me gusta ni medio-  está claro que seguirá haciendolo, y que las líneas generales del modelo se mantienen. Tan claro como que las presiones de los poderes económicos continuaran presionando para que todo se vaya al tacho.
Realmente resulta triste ver a una oposición que apuesta al hundimiento del gobierno como una opción para salvarse ellos. Olvidan que si vuelve el " que se vayan todos" también será contra ellos.
No es casual que sigan siendo una bolsa de gatos después de tantos años. El "me opongo porque me opongo" no es un proyecto de gobierno, y el único proyecto real que pueden ofrecer es el pasado, lo peor de nuestro pasado. Dicen que el kichnerismo es de ayer, pero ellos son de anteayer. Su auténtico sueño no son los noventa, son los cuarenta, sin peronismo (aunque alguno se autodenomine peronista), ni patas en la fuente.
Más lógico es que quienes pescan a río revuelto llamen al caos. La parte de la clase media que festeja esas predicciones debería pensar que ella será fuertemente perjudicada si esas predicciones se cumplen. Que su desprecio por los pobres que asomaron unos pelos del agua no les tape el bosque.
La única manera de enfrentar esas presiones es ir por más, por más intervención del estado en beneficio de las mayorías. Si el gobierno es tratado de estatista, chavista y otras cosas más, lo mejor es darles motivos reales para que se quejen los privilegiados.
No estamos en el 2009, pero,si una lección debió dejar ese año, es que aminorar la marcha no calma a las bestias.
Pero también es responsabilidad de la ciudadanía darle un fuerte espaldarazo  electoral al oficialismo este año para dejar en claro que este rumbo es el elegido por las mayorías.
Se vienen las elecciones y si bien no es el 2009, de seguro todo resultado menor al 50% será presentado como una derrota del oficialismo. Aunque en unas elecciones legislativas sea lo habitual.
Igualmente hay que saber que el gobierno sólo tiene una parte del poder y que cada paso es el equivalente a remar en dulce de leche, cuando enfrente están los poderes económicos concentrados y los medios masivos de comunicación.
La buena noticia es que por primera vez en mucho tiempo el poder político no está rendido a los pies de esos poderes (aunque la oposición sí lo esté).
Ojalá esa situación pueda prolongarse por varios años más. En lo que haga o deje de hacer el kirchnerismo está la clave.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Lucha y festejo: día del trabajador

Como decía Aliverti en el 2010, hoy es el día del trabajador, no del trabajo. Diferencia semántica si las hay. Detrás de la primera denominación hay personas, hombres y mujeres que luchan por sus derechos, nada menos.
¿El origen de la fecha? veamos en Wikipedia:
"El Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo, es la fiesta por antonomasia del movimiento obrero mundial. Es una jornada que se ha utilizado habitualmente para realizar diferentes reivindicaciones sociales y laborales.
Desde su establecimiento en la mayoría de países (aunque la consideración de día festivo fue en muchos casos tardía) por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. Estos sindicalistas anarquistas fueron ejecutados en Estados Unidos por su participación en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas, que tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket. En la actualidad es una fiesta reivindicativa de los derechos de los trabajadores en sentido general, y se celebra en muchos países.
Llamativamente, en Estados Unidos y Canadá no se celebra esta conmemoración. En su lugar se celebra el Labor Day el primer lunes de septiembre en un desfile realizado en Nueva York y organizado por la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor, en inglés). El presidente Grover Cleveland, auspició la celebración en septiembre por temor a que la fecha de mayo reforzase el movimiento socialista en los Estados Unidos desde 1882. Canadá se unió a conmemorar el primer lunes de septiembre en vez del primero de mayo a partir de 1894."
¿Qué hubo después? El comunismo de un lado del mundo, el estado de bienestar en el otro, como reacción al primero, y una porción del mundo donde los derechos de los trabajadores jamás llegaron a ser conocidos, no ya aplicados.
Pero luego de la caída del muro de Berlín un fantasma recorrió el mundo, y no fue el comunismo, muerto y enterrado bajo el muro, sino el neoliberalismo que comenzó a derribar los derechos adquiridos a fuerza de incontables luchas.
Ni Europa, cuna del estado de bienestar, se salvó , aunque pasaron más años hasta que se vieron las consecuencias.
 Más que nunca es día de lucha porque hay una porción del mundo que está perdiendo sus derechos en favor de la voracidad empresaria, con la complicidad de estados otrora benefactores, y hoy gendarmes y guardianes del privilegio empresario. Y hay otra porción,más grande ,que jamás los conoció. Para ellos salir de la miseria y la injusticia es la más lejana de las utopías. No ayudan al proceso quienes siguen esquilmandolos, en nombre de la civilización o en nombre de la libre empresa.
Es día de lucha porque el trabajo digno (no cualquier trabajo, que no estamos para defender la esclavitud o el negreo) que nadie lo olvide, es un derecho humano, de los y las humanos y humanas.
Derecho, que no obligación impuesta a la fuerza..., aunque a veces lo parezca.
 Tanto elogio del trabajo y me olvidé del ocio. Que no tiene un día pero también lo merece, porque ambos nos hacen humanos.
Despues de todo, también me opongo a la esclavitud y al trabajo infantil (sí, la infancia es un invento, pero es un buen invento), y nunca falta el que en nombre del derecho al trabajo se lo encaja de prepo al prójimo (en nombre de lo que no tiene el gusto de conocer, of course), para después quejarse de que hay vagos que no quieren trabajar (y si los hay, que tanto lío, que cosa esa de mirar el ombligo ajeno para ver si hay pelusa).
¿Y en Argentina? No somos una isla, y nunca estuvimos aislados del mundo aunque ahora rememos a contracorriente.
 En Argentina la edad de oro que tanto añoran los nostálgicos le negó casi todos los derechos a los trabajadores.
Tuvo que llegar el peronismo para reconocer que los trabajadores tenían derechos y debían defenderlos, para horror de clases altas y medio pelo.
Años de dictadura no lograron borrar del todo esa memoria  y fue el menemismo el que terminó por sepultar bajo un muro de neoliberalismo que le trabajo es un drecho y que hay que unirse para defender los derechos. En el sálvese quien pueda muchos compraron que solos podían...,otros compraron pasajes a Miami, pero esa es otra historia.
El derrumbe del 2001 nos encontró con una bocha de desempleados, que a diferencia de otros países, supieron organizarse porque se consideraban trabajadores desocupados y no inempleables de por vida.
Esto no es realmente un recuento histórico pero vale la pena mencionar que en 2003 llegó un presidente que vio más desempleados, que votos a su favor.
Y si esto fuera un cuento de hadas diría que todo cambió y que todos vivieron felices para siempre.
Pero la vida no es así..., aunque las cosas sí cambiaron y no es extraño que la presidenta haya hablado diez años después, de la década ganada.Se recuperaron las paritarias, subió el salario mínimo, bajó el desempleo y la subocupación, bajó el trabajo en negro.Se recuperaron las jubilaciones de manos de las AFJP y se  jubilaron personas que habían quedado afuera por carecer de aportes, debido al desbarajuste que tantos aplausos mereció del FMI. Ya se sabe, cuando el enemigo aplaude...
Pero estamos lejos de poder dormirnos sobre los laureles.
El trabajo en negro aún es alto, no hay una ley de riesgos de trabajo que realmente proteja a los trabajadores, previniendo los accidentes, y las ART- verdadero engendro neoliberal- siguen campantes. Cada tanto se descubre que aún persisten el trabajo esclavo y que los niños son explotados laboralmente, a veces por sus propias familias (cosa que la ley que prohibe el trabajo infantil ignora, con lo cual se desentiende de acudir en ayuda de esas familias, y proporcionarles la posibilidad de un trabajo digno a los adultos).
Hay una clase media (que dice mantener a la mitad del país) acostumbrada a negrear a la empleada doméstica , hay empresarios que negrean porque "sino los números no dan" (cuidado con idealizar a las pymes, pero no faltan grandes empresas en ese rubro). Hay sindicatos que miran para otro lado y un estado que negrea de puertas para adentro...
Es necesario un cambio legal y cultural. Hay que terminar con el sálvese quien pueda. Como dijo varias veces la presidenta, la patria son los otros.
No se trata de quejarse en vano. Es sólo un recordatorio de que hoy es un día de lucha (y de festejo a la vez, claro). Hay cosas por las que luchar y cosas que festejar. Como siempre ocurre en la vida...