Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

domingo, 30 de marzo de 2014

La caída de La Nación



Llegaron de todas partes. Eran una marabunta. Ni siquiera el ejército podía contenerlos sin destruir también las ciudades que invadían.
Cada vez era más difícil vivir en más. En la Nación había cada vez menos lugar para los ciudadanos decentes. También Europa se caía a pedazos...
Había que vivir en fortalezas militarizadas sabiendo que incluso allí existía el peligro de un asalto por parte de los descastados.
La confederación por otra parte hacía tratos y negociaba con los líderes de las infraciudades y hasta aceptaba que algunos emigraran a sus tierras. Desdeñaba así a la Nación que los había declarado terroristas y por lo tanto no susceptibles de recibir asilo.
Para buscarlos se enviaban misiones de búsqueda y captura. Algunas tuvieron éxito. Otras, no.
Eso no resolvía nada, sin embargo. Cada vez había más descastados. Algunos se movilizaban sin líderes visibles.
A la vista de todos estaba la solución: La Ciudad. Sin embargo nadie se dió cuenta de ello, hasta que Oscar Bradbury lo hizo notar.
El hijo del mítico Richard Bradbury había tomado las riendas de la Ciudad luego de la muerte de su padre. Corrieron extraños rumores acerca del suicidio del Richard, pero su hijo hizo caso omiso de ellos y presentó un proyecto para trasladar a todos los científicos importantes, a los grandes empresarios, a los líderes políticos de la Nación junto con sus familias por supuesto, a la Ciudad. También invitaba a los líderes de las principales religiones y a inmigrantes de elite tanto de Europa como de la Confederación.
Junto a ellos irían otros tantos técnicos y obreros ciudadosamente selecccionados por su eficacia y obediencia.
El proyecto tuvo una rápida aprobación en el Congreso. Lo más difícil fue su implementación. Se vieron escenas lamentables de madres ofreciendo a sus hijos para que fueran enviados a la Ciudad. No entendían que siendo hijos de descastados no eran confiables y debían ser desechados.
La Confederación vivía una crisis interna y no intervino... Años después, ya salida de la crisis, su nuevo líder deploraría el accionar de Bradbury.
En la Ciudad,en cambio, Bradbury fue visto como un héroe.
-Lamentablemente, no podemos dormir sobre nuestros laureles. La vigilancia eterna es el precio de la seguridad- dijo una maestra a sus alumnos.
Todos los niños de 6 años recibían esta lección. Muy atentos oían como su futuro dependía de vigilar que no surgieran descastados entre ellos, aún en la Ciudad, en el espacio...

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