Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

miércoles, 23 de julio de 2014

El pensamiento mágico o cómo a veces confundimos al enemigo por facilismo o pereza mental


El pensamiento mágico tiene un encanto peculiar. Y el encanto reside en que sigue la ley del mínimo esfuerzo (al menos al principio, a largo plazo su ejercicio puede terminar siendo más trabajoso de lo que parece).
Ese es el secreto de su éxito. No requiere de arduos estudios o penosas observaciones empíricas, y más bien suele huir de ellas.
Proporciona siempre una respuesta completa a todo lo divino y humano, y lo hace con la técnica del relleno, que consiste en rellenar los huecos del conocimiento con entidades mágicas que pretenden explicar todo sin explicar nada, y el principio de no contradicción del absurdo, que consiste en que no importa cuan incompatibles sean las explicaciones, siempre que no sean racionales y empíricas, son aceptables.
El pensamiento mágico aplicado a la vida cotidiana puede ser inofensivo: más allá de una pérdida de tiempo o de temores innecesarios, hay creencias que en principio no dañan a las personas. Pocas personas sufren daño sustancial por persignarse ante un gato negro, o por usar siempre la misma camiseta frente a la tele cuando juega su equipo de fútbol favorito. O puede costarte la vida: dejar de comer, y beber agua para intentar vivir del sol, o negarte a recibir tratamiento médico efectivo, y reemplazarlo por rogativas o pastillitas de lactosa, son métodos de suicidio de eficacia comprobada (aunque el revólver es más rápido).
Su aplicación a la política es nefasta. Desvía recursos (siempre limitados) que podrían ocuparse en acciones más útiles, y hasta logra resultados opuestos a los buscados por no dar jamás con las herramientas adecuadas para la situación (salvo en las contadas ocasiones en que acierta por mero azar).
Una de sus características es que cuánto más prestigio superficial tiene- o pretende tener-, más costoso resulta, económicamente hablando. Un gurú económico, campeón del recetar siempre lo mismo, con el mismo nulo éxito, cobra millones, una curandera de barrio, unos pocos pesos. Y sin embargo su capacidad de cumplir lo que prometen es la misma: ninguna.
Contrariamente a lo que se suele repetir como sonsonete, el reinado de la fría racionalidad (que ganas de joder con ese termómetro metáforico) es como la pobreza cero: no existió nunca.
La naturaleza humana es profundamente irracional, y eso hace que los mecanismos de control más eficaces sean- y hayan sido siempre- irracionales. El miedo al otro en todas sus variantes ha sido el más eficaz.
Pero la valoración de la razón y el conocimiento empírico son variables: como un péndulo, van y vienen.
En esta época vivimos un momento en que el péndulo ha virado del lado de lo irracional: el sentido común desconfía de todo lo que huela a ciencia y tecnología, y cae extasiado ante todo lo “natural” , “tradicional”, “ancestral”...
No es una concepción propia de una postura política en particular: se observa tanto en partidos de derecha, centro o izquierda, aunque por su postura antisistema la izquierda (abandonando su tradicional postura racional, propia del marxismo) tiende a caer con más frecuencia en el pensamiento mágico. Curioso porque las corrientes new age eran más bien individualistas y poco solidarias con el prójimo (mucho resuelve tus problemas con pensamiento positivo, y los problemas de la distribución social de la riqueza, si te he visto no me acuerdo). De hecho, las corrientes que hablan alegremente de “decrecimiento” desde países que ya crecieron, mientras en el mundo aún queda gente que pasa hambre, a veces incluso en sus propios países , no parecen la cara más solidaria de las nuevas izquierdas de traje verde.
Lo hace porque confunde la rebelión contra un sistema económico, con la renuncia a todas las herramientas que ese sistema construyó.
¿El resultado? O se ven obligados a reconocer su error, y usan las herramientas repudiadas : Lula en Brasil, dejando de lado las prohibiciones prometidas en el programa original del PT, no sólo promueve el cultivo de transgénicos a nivel privado, sino que Brasil tiene una empresa pública que los desarrolla (siendo tachados de traidores por quienes , por no tener responsabilidad de gobierno, pueden ser puristas), o cavan su propia tumba, por encontrarse ante problemas reales y sin saber como afrontarlos (probable escenario de un Altamira o un Pino in concert, digo, si gobernaran), porque lo que suena bonito en el papel (no a los transgénicos, no a la minería a cielo abierto, no a los productos químicos de síntesis, no a las antenas teléfonicas), puede no ser tan bonito en sus consecuencias prácticas, e incluso ser impracticable.
Sea cual sea la postura ideológica de cada uno, hay que saber defenderla sin salirse de la realidad. Si acudimos al pensamiento mágico, puede que nos sintamos mejor, pero a largo plazo se está conspirando en contra de la propia causa.
Y si para defender una postura se requiere sí o sí de una mentira, tal vez nuestra postura no sea tan buena como pensábamos.
Se puede cuestionar a Mac Pato por su maltrato a los empleados sin acusarlos de envenenar las hamburguesas. Se puede cuestionar a Monsanto por sus prácticas extorsivas sin repetir como loros, trabajos mal hechos por conspiranoicos de cartel que gritan ¡cáncer!, como quién grita ¡fuego!, en un cine (y el endosulfán está prohibido, señor Lapolla y no se usa junto con el glifosato, y el dengue no sigue la ruta de la soja, señor Aliverti, no insista) .
Se puede hablar de la necesidad de cambiar el código de minería, sin necesidad de susurrar ¡vienen por el agua! ¡cianuro que contaminará el ambiente por siglos! (no, querida Alcira Argumedo, el cianuro se destruye en medio alcalino muy rápidamente, como parte del tratamiento habitual de los residuos en la minería del oro: ni se libera al ambiente, ni tiene tanta duración, y no, en las minas de cobre no se usa cianuro).
Es tan pensamiento mágico creer que se puede combatir el desempleo con flexibilización laboral, o bajar el déficit fiscal bajando los impuestos, o que el delito urbano se disminuye bajando la edad de imputabilidad, como pensar que se puede tener buenos servicios de telefonía sin antenas (que no causan cáncer, tienen menos energía que la luz visible, diga lo que diga una cadena en internet, sí ,en Europa también hay histéricos, no vayan a creer, señora Meyer, señora Daunes, hagánle caso a Aliverti, que por una vez tiene razón).
Y es tan pensamiento mágico creer que la deuda externa y los fondos buitres se desvaneceran en un plop con solo hacer una heroica declaración de default (sueño de nuestra izquierda vernácula)  como cantar a la luz de la luna con Greenpeace "no a las nucleares", mientras esperamos que se invente la máquina del movimiento perpetuo (ecológica, eso sí) , refrunfruñando porque seguimos siendo importadores netos de energía.
En ese sentido, el peronismo (a pesar de algunas metidas de pata, como dar cobijo a un farsante que le prometió a Perón la fusión fría) ha sido modernizador, y en general, bastante más racional y pragmático que las izquierdas argentinas (aunque eso no es gran mérito si consideramos que nuestra tradición de izquierda es de las más enemistadas con la realidad que uno pueda encontrar en el mundo)..
Tal vez por eso- salvo el periodo del caballo de troya menemista- no ha dudado en invertir en ciencia y tecnología, siempre que pudo, y no cayó en el “que inventen ellos”, que tan jodido resulta, porque, no nos engañemos, no conduce a un país de heidis y filósofos, sino a uno que tiene que comprar todo hecho, y -muchas veces- hecho por argentinos económicamente expulsados porque en el país de “servicios”, no cabemos todos.
Pero el pensamiento mágico permea todo, y si en Europa se manifiesta en el terror ante los transgénicos, las antenas, y el furor por la “medicina alternativa” (cuyos únicos beneficios comprobados son los de engordar los bolsillos de quienes la practican, con mucho discurso anti big farma, eso sí), en yanquilandia en la negación tenaz del cambio climático de origen humano, de la evolución por selección natural, y el miedo a las vacunas (que tantas vidas salvaron y salvan, pero que son acusadas falsamente de mil y un males del mundo), aquí no nos bajamos del mundo.
Todas las neuras que ellos tienen las repetimos acá . Y estamos en época de crisis, que abona el terreno del pensamiento mágico y las soluciones del dos por uno.
Más que nunca debemos cuidarnos de no confundirnos de enemigo, y no olvidar que así como no se arregla una cañería con café molido, tampoco se mejoran las condiciones de vida de la población con pensamiento mágico, aunque este sea muy local y pachamámico, y con sus chakras en v.

4 comentarios:

  1. No, no, no; hasta por una cuestión de género es inaceptable que compare a gurúes económicos - y sus eternamente fallidos horóscopos - con curanderas de barrio. No.
    Recuerdo, años ha, de cuando el sueño cumplido del monstruo propio eran chicos, que doña Carmela, o doña nunca supe el nombre pero estaba cerca, o la sobrina (de ella) ídem... terminaban en un santiamén con el lloriqeo y el despelote de los "pacientes" de empacho, paletilla, ojeo y alguno que otro padecer que ya olvidé... pero no olvidé cómo jodían.
    Comparar a esas nobles señoras con cachavachos como espert, broda y demases desperdicios: me va a disculpar pero es simplemente imperdonable (y éso sin siquiera pensar en los honorarios, en la gatuidad de alguna de ellas y las pornográficas cifras que cobran las lacras financiero/lobbista)

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  2. Efecto placebo, ram. Sobre todo si no hay enfermedad real, y lo único que pasa es que el bebé llora y llora, un tratamiento ficticio usado por una señora simpática calma al bebé, y sobre todo , a los asustados padres. Si hay enfermedad real, mejor un/a pediatra.
    Aunque es verdad que los econochantas no crean efecto placebo, te vacían las cuentas y te dejan con tremendos efectos secundarios.

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  3. Iris, fuera de joda, no tan "efecto placebo", tu teoría se va al cuerno cuando el propio pediatra te la "sugiere". Hay dos posibilidades, o todavía no cumpliste el sueño del monstruito propio o, tu confianza en los saberes y capacidades populares (y éste asunto del curanderaje es éso, y funciona en muchos aspectos que la "sabiduría" recetada desdeña por razones mucho más dinerarias que científicas) es poca. Nadie cree en brujas pero....
    Y de los gurúes y alimañas parecidas, dejame insistir en que esos tipos son absolutamente indignos de ser comparados con nadie útil como esas señoras. Ni el Raid sería suficiente para ellos, soga, electricidad o inyección letal, ma'mejor....

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  4. Hoy no estoy de acuerdo Iris.
    No me riefiero als sustento empírico de su hipótesis, sino a su propia hipótiesis.
    Hay otro artículo de tu otro blog que me ayudará: el de las falsas antinomias.
    La antinomia razón/ciencia Vs pensamiento mágico, desde mi perspectiva es falsa. (lo bueno, trabajoso, esmerado, vs lo malo, falso, facilista). Minga!
    La ciencia es solo uno de los modo de percibir el mundo, normado por ciertas convenciones y arbitrariedades que le confieren a sus postulados un status determinado.
    Y si fuera custión de chapear, la Antropología pretende hacer una ciencia con eso que usted denomia algo así como pachamamismo.
    El máximo de la razón instrumental nos ha llevado a Auschwitz. (así lo ven Adorno; Benjamin, Arendt).
    Un médico de la UBA y un curandero de barrio tienen el mismo poder para curar: se llama eficacia simbólica (o sugestión: no es mayor o menor en un médico que un chamán). El médico tiene competencia desleal porque la sociedad ha construido un MMH (Modelo Médico Hegemónico), por el cual, cualquier panel televisivo cuenta con un médico que explica desde el Big Bang hasta la tos ferina
    http://www.chubut.gov.ar/salud/capacitacion/imagenes/eje1,%20enc.1,%20Modelo%20M%E9dico%20Hegem%F3nico%20y%20APS,%20E.Menendez.pdf

    Una interesante manera de ver la ciencia post normal la plantearon SIlvio Funtowicz y Jerome R. Ravetz en un librito pequeño: Epistemología política ciencia con la gente. Allí proponen desalambrar el laboratorio y enyenarlo de gente, porque para aumentar la calidad de la ciencia, es poco serio dejarlo exclusivamente en manos de los científicos: los tipos son matemáticos y epistemólogos provenientes de la crítica a la pseudociencia.
    Usted también tiene pensamiento mágico: ponerle nombre de mujer a las computadoras tiene nombre: se llama animismo, una manifestación religiosa por la cual los practicantes suponen alma a seres inanimados.
    Abrazo.






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