Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

miércoles, 1 de octubre de 2014

Dos mujeres, dos mundos


Nacieron en el mismo día y a la misma hora. Y ahí se acaban todas las similitudes entre ellas. Porque los kilómetros que separaban el hospital moderno en que nació una y la casita ruinosa en que nació la otra, eran un mundo de distancia…
El nacimiento de Madelaine fue muy esperado y deseado. Se dice que muchos ancianos retrasaron un día su muerte para oír su primer llanto. Como era de esperarse, fue muy mimada desde el primer día, y nunca le faltó nada.
Cuando Salam nació, ya había otros cinco hermanos en la familia y su llegada fue percibida como un estorbo. Su madre estaba muy ocupada, y poco después del parto ya estaba trabajando nuevamente. En cuanto a su padre, nunca supo el significado de esa palabra…
Madelaine creció rodeada de tutores que quedaban asombrados ante el talento innato de la niña, que manejaba las más complejas computadoras con la facilidad de un juguete. No quedaba duda de cuál sería su destino.
Salam creció casi sin ayuda, y sin que a nadie le importara mucho. Aprendió a trabajar por monedas cuando se podía,y a mendigar  o a robar, cuando no quedaba otra . Y aunque no tuvo juguetes, fue juguete ocasional de hombres que no tenían ganas de esperar su crecimiento. Tampoco quedaba duda de cuál sería su destino.
Con tantas diferencias no quedaba duda de que nunca se conocerían (y así fue, porque ninguna vio el rostro de la otra jamás, ni mucho menos supo su nombre), que sus vidas jamás se cruzarían de modo alguno…pero lo cierto es que se convirtieron en enemigas, y una mató evidentemente a la otra.
Haciendo gala de su precocidad, Madeleine tenía a los 15 años un verdadero batallón de drones a su cargo, y en una de las misiones que le encargaron atacó el territorio en que se encontraba Salam.
A sus 15 años, Salam también era precoz. Tenía tres hijos pequeños , de vaya saber cuáles de todos los hombres que habían pasado por su cuerpo. No se preocupaba demasiado por ello, bien temprano había aprendido que en su mundo, la mujer propone, y el hombre, dispone.
Los sentía como propios, y de nadie más, y así se lo había explicado al cura, la primera vez  que llevó una criatura a bautizar. Con el tiempo este cura había dejado de hacer preguntas estúpidas, y la recibía como una vieja conocida cada vez que se llegaba a la parroquia.
Cuándo llegaron los invasores, Salam no dudó, tomó un arma que encontró tirada, robó balas y salió a combatir, con sus niños a cuestas…
¿Porqué luchaba Madelaine? no era por patriotismo, ciertamente. Nunca se sintió parte de nada. Tampoco era por odio, sus víctimas le eran tan lejanas y ajenas como los personajes de los videojuegos de las prácticas, que a veces era incapaz de diferenciar de los combates reales. Lo único que la alentaba era su nombre en lo alto del marcador. Un oscuro presentimiento le indicaba que su posición y sus privilegios dependían de no haber perdido nunca, y a la vez le advertía que todo podía desvanecerse de un plumazo si no seguía siendo infalible…Al fin y al cabo era la primera mujer al frente de un batallón de drones y muchos (y muchas) deseaban verla fracasar.
¿Porqué luchaba Salam? Por sus hijos, por su vida. Ciertamente tenía poco que perder, pero por eso mismo le era invaluable. Sus mismos compañeros la despreciaban porque no era musulmana, y porque no se cubría el rostro, pero más por ser mujer y querer luchar a la par de ellos. Sabía que si ganaban ese combate imposible no la esperaba ningún paraíso. Pero también sabía que para esos drones ella era un blanco más, y si quería sobrevivir (y mantener con vida a sus hijos) no quedaba otra opción más que pelear.
En ese juego no quedaba duda que al menos una de las dos iba a morir, sino ambas…
Madelaine no creía en el destino,ni en nada, para enojo del capellán y el rabino del ejército, que no entendían porque le permitían tantos lujos a una mocosa insolente.
Salam rezaba todo los días por ella y sus hijos, y agradecía cada día que seguían con vida como un don del cielo, pero no dejaba de cuidar y mimar su AK47, porque sabía que sin él no sobrevivirían ni un segundo.
El final era algo anunciado . O quizá no. Los derrotados de siempre a veces se permiten una pequeña victoria.
¿quién mató a quién? ¿se salvó alguien realmente? Preguntas sin respuestas mientras algunos sigan naciendo con estrella, y otros reverendamente estrellados.

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