Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

sábado, 30 de enero de 2016

Chorradas inspiradas por post ajenos. No abono copyright, eso sí.

Ayer comenté en el blog de la Mak . Y aunque hoy borré el comentario por considerarlo confuso y de poca utilidad, me quedé pensando acerca del motivo por el cual me hacía tanto ruido la alegoría del menú escolar.
 Y creo que tengo una respuesta tentativa. En verdad llegar a un acuerdo absoluto acerca de un menú único que sea el más saludable para todos, no sólo es imposible, sino también innecesario. No sólo porque no todos tienen las mismas necesidades, sino también porque existen muchas variantes, hasta contradictorias entre sí, de dieta saludable.
Pero partiendo de que una dieta sana es esencial para la buena salud, y que lo que se come en la escuela educa en determinados hábitos alimenticios,si seguimos avanzando alegoría adelante, chocamos sin embargo con un problema. Y es que en salud sí hay acuerdos básicos que en política no están tan claros.
 Porque al menos podemos establecer con cierta claridad qué es estar sano, y en cambio no hay un modelo de sociedad que todos encontremos aceptable.
Por ejemplo, es un hecho que tener el azúcar alto constituye un peligro a largo plazo para la salud humana. Nadie le hablará de las virtudes de la hiperglucemia.
 Se debatirá si el mejor método para reducirla es eliminando del todo los dulces, si se pueden usar edulcorantes no calóricos o si debe evitarse todo alimento con sabor dulce, e incluso eliminar de la dieta infantil los endulzantes para que no se hagan adictos a lo dulce, si además hay que eliminar las harinas, o si hay que dar prioridad a lo integral y a las legumbres por sobre lo refinado sin prohibir taxativamente lo dulce, y no faltará el lobby de empresas multinacionales capaces de sugerir que los refrescos azucarados son sanos si se compensa el consumo de azúcar con mucho ejercicio.
 Si un individuo tiene las arterias coronarias tapadas, y requiere una cirugía a corazón abierto para salvarse, luego podrá debatirse sobre cuál debe ser la conducta posterior. Si se hará más hincapié en el cambio de hábitos, si de dará prioridad a la medicación, si se combinarán ambas para reforzar mutuamente sus efectos. Pero nadie dudará de que lo suyo es un problema. No vendrá alguien a decir que sus arterias tapadas favorecen la competitividad y la resistencia de sus células cardíacas.
 Y más aún: Coca Cola no hará una campaña diciendo "La diabetes es buena ", ni Pepsico dirá abiertamente "Ser obeso es lo más". Eludirán las cuestiones que les atañen poniendo el foco en otros temas para seguir con su negocio. Pero no harán apología de una enfermedad.
En cambio cuando se trata de indicadores económicos tan serios como la desigualdad o el desempleo, no falta el que dice que son cosas buenas porque fomentan la competitividad. Y si hablamos de que hay gente que no tiene acceso a la salud pública, te salen con que eso es selección natural, y que así sobreviven los mejores. De paso te sugieren que la pobreza se combate teniendo menos hijos, ya fuere por el procedimiento de renunciar al sexo,que es pecado, y el pecado es privilegio de ricos, caramba, como le gusta al Tea Party (y así no se enfada Panchito, cuya fobia a los anticonceptivos es total), o mediante el uso de anticonceptivos como prefería Bill Clinton (de dejar de destruir la estructura productiva de los países pobres con dumping y libre comercio unilateral, ni hablar).
 Si bien existen personas capaces de creer que largos períodos de ajuste estructural llevan finalmente, como recompensa moral a la austeridad y la sensatez, al pleno empleo y la prosperidad para todos (contra toda prueba disponible), lo cierto es que hay gente que directamente consideran que el desempleo y la desigualdad son cosas buenas. Que la defensa de la soberanía es una bobada infantil. Que la especulación desenfrenada es la verdadera libertad. Que el único derecho humano real es el derecho a pagar (y caro) por todo.
O sea que no hay únicamente un desacuerdo en los medios, sino también en los fines. Y allí ya no hay trato o rosqueo que valga. Porque su éxito es nuestro fracaso. Y viceversa. Otra cosa es habiendo establecido un piso mínimo de objetivos : un ingreso familiar mínimo asegurado, empleo y salarios dignos para los adultos, protección social a ancianos y niños, defensa de la industria nacional, acceso universal a salud y educación públicas de calidad, defensa de la soberanía nacional, a partir de allí juntar a todos los que acuerdan con ello aunque difieran en muchas otras cosas, o aunque haya discusiones en el mejor modo de lograrlo.
 Y es que lo que trataba infructuosamente de decirle a elbosnio es que hay cuestiones alimentarias que no tienen analogía rosquero-políticas, y que hay roscas políticas cuya analogías en salud son inadmisibles. Por ejemplo la burrada que se mandó al pensar que la fruta es fatal durante las diarreas (una manzana rallada viene bien en estos casos) no es tan relevante como el hecho de que consejos cómo "coma frutas y verduras", "beba agua" (potable, no es una campaña pro cólera) , "haga ejercicio físico" no tienen equivalente claro en política. "Vote políticos honestos" no es el equivalente, porque un político puede ser honestamente partidario de aumentar la desigualdad, o luchar honestamente en contra de la educación pública o de la industria nacional. Sería como beber agua contaminada con Vibrio cholerae. Lo malo no es el beber agua, lo malo es la compañía bacteriana que el agua trae.
Habrá casos de alergia a una determinada fruta o verdura, pero es muy improbable la alergia a todo lo vegetal (aunque si le pregunta a su hijo es capaz de decirle que es alérgico a todo lo vegetal , menos a las papas fritas , y al maní con chocolate :-)
 Y si bien en política se puede llevar a Gildo Insfrán de gobernador, o a Sergio Massa de ministro, y aún así apostar por un modelo de redistribución del ingreso, y a salud y educación públicas de calidad, en alimentación dejar el comedor escolar a una empresa de catering, despidiendo a la cocinera, o incluso a Mac Donald, ya no es tan aceptable. Dejar la promoción de la lactancia materna a Nestlé puede ser fatal.
No hay, por otro lado, un análogo político claro de las alergias alimentarias, aunque sí de las intolerancias. En nuestro país hay gente intolerante a la lactosa, y gente intolerante al peronismo. A veces hasta describen sus síntomas en iguales términos o_0
 En lo que sí hay una clara identidad es que ni en alimentación, ni en política, resulta útil discutir con fanáticos. Ya sea que en el comedor aparezca un padre vegano extremo, que exija la eliminación de todo producto de origen animal, o un crudívoro fanático que rechace cualquier clase de método de cocción de los alimentos, o que en el debate político aparezca un trosko que se niega a hacer trato alguno con la burguesía, o un neoliberal absoluto que exija la eliminación de todos los impuestos por considerarlos un robo, y reclame que él no tiene intención de pagar la educación y la atención sanitaria a otros porque cada individuo debe cuidarse solo, el efecto es el mismo. No hay acuerdo ni posibilidad alguna de trato con dicho individuo. Porque su intransigencia cierra toda puerta que no sea la de rendirse incondicionalmente a sus reclamos, o aislarlo, ignorándolo.
Por lindo que suene decir "acá trabajamos para el bien de todos", lo cierto es que nunca es así. Se construyen mayorías, y se priorizan los intereses de unos por encima de otros. Y siempre queda alguien que se beneficia menos,que siente que lo atendieron tarde, o que se siente perjudicado. El número varía, pero por más amplio y democrático que sea un gobierno, siempre habrá alguien que piense que lo que sucede no lo beneficia.
 Ojo, eso no implica que no se pueda seguir luchando por lo que se considera justo. Sólo implica saber que la unanimidad no existe,salvo en cuestiones que no les importan a nadie.
 Y es que mientras en el comedor siempre existe la posibilidad de pedirle al padre intransigente en materia alimentaria, o al que tenga hijos con necesidades especiales (alguna alergia o intolerancia alimentaria por ejemplo) que envíe a su hijo con una vianda, en la sociedad no hay modelos sociales de tupper, para consumir por separado.
 Más bien la construcción social se asemeja a una gran olla común donde todo se mezcla, y donde acercamos la cuchara para servirnos lo que podemos o lo que nos dejan.
Mozillita come saludable

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