Diletante y en rebeldía

Diletante y en rebeldía
Algunas cosas no las sabe,otras las ignora, y la mayor parte ni siquiera las sospecha

martes, 28 de junio de 2016

Los dos pesimismos...

Parafraseando más o menos de memoria a Keynes,diría que hoy le temo a dos clases de pesimismos. Al pesimismo de los revolucionarios,que han decretado que como todo está podrido,sólo un cambio revolucionario vale la pena,y ninguna reforma que mejore la calidad de vida de los más pobres es aceptable. Como diría Aliverti: hasta que venga la revolución proletaria universal,¿Qué hacemos?
Y es que la desnutrición infantil de hoy no se repara tan fácilmente mañana. Y los muertos de hoy por falta de atención médica, por gatillo alegre, porque hacía frío y sólo tenían ese brasero... no reviven,ni mañana,ni nunca...
Y al pesimismo de los conservadores,de los que ven al sistema actual, tan frágil que puede estallar en pedazos si aceptamos la más mínima reforma.
Y entonces resulta que si un indigente logra comer todos los días, o un pobre logra construir su casa con sus propias manos,o ahorrar unos pesitos e irse de vacaciones a San Clemente del Tuyu o a Santa Teresita, entonces son unos irresponsables que quieren dinamitar el país, y todos ( salvo los grandes empresarios rurales,los gerentes y Ceos de multinacionales, y su séquito pago) debemos flagelarnos durante cuatro años ,y sacrificar a unos cuantos miles de compatriotas nuestros para saciar la sed de sangre del dios mercado. Ajá.Muy razonable.

Por distintos que parezcan los dos pesimismos conducen a la misma situación: la inacción. Ya sea porque se espera el momento propicio, que nunca llega, para arreglar todo de una vez,o porque se cree estar en el mejor de los mundos posibles estilo Leibniz,lo concreto es que no se hace nada...
Y ya que mencioné pesimismos, quiero recordar que hubo elecciones el domingo en España,con resultados fragmentados, mucha abstención ( no necesariamente revolucionaria),y abundantes autoflagelaciones y látigo a discreción posteriores.
Parece que no es sólo en Argentina que cunde la moda del flagelo,y porqué no,del cilicio...político.
Pero no hablo del tan cacareado voto al PP,que siendo del 30% aproximadamente, parece justificar para mucho sadomasoquista político encubierto, el pedido inmediato del exterminio masivo de la población española, o al menos su tortura por 4 años.
No sé si es necesario aclarar que en una sociedad cualquiera, siempre hay un piso de conservadurismo que no desaparece ni en las jornadas de mayor entusiasmo revolucionario...
Y que las crisis no fomentan el apoyo a propuestas reformistas, sino más bien a un aferrarse a lo conocido, en espera de que el temporal pase solo.
Pero lo cierto es que decir que porque el 30% sigue aglutinado en torno al que prometa que no tocará nada porque a lo mejor empeora todo ( el segundo pesimismo nombrado) ,todo el país apoya la corrupción, y merece sufrir es absurdo...
Y no explica la alta abstención, ni porqué el 60% de los votos sigue fragmentado, sin que ningún candidato o propuesta opositora logre unificar al menos al 70% de ese 60% ,que ya serían bastante para superar a la reserva PP...
No creo que diciéndoles necios y cómplices del PP a ellos se logre convencerlos de votar juntos,dicho sea de paso.
Ningún cambio es posible si seguimos subidos al pedestal, juzgando al prójimo como un retardado mental,porque no hace lo que queremos.
Y ya está probado que asustar como estrategia de ganar votos sólo sirve a la derecha. El miedo rompe solidaridades, y conspira contra cualquier organización.

Rajoy puede amenazar mil veces diciendo que se viene el lobo Maduro,y siempre resultará. Ninguna propuesta de izquierda que señale los peligros de los TTIP y TPP, o de que el desempleo llegue al 50%, tendrá el mismo éxito.
Y no porque mienta,como sí lo hacen descaradamente Rajoy,y sus comparsas Rivera y Sánchez. Sino porque esas verdades sólo generan más miedo,y más deseo de negar la realidad o a aferrarse a lo malo conocido.
Por cursi que suene, una propuesta mínimamente reformista,y mucho más aún, una revolucionaria,requieren una alta dosis de esperanza (sí, acabo de decir esperanza, admito que mi discurso previo en contra de la misma fue excesivo, por algo no soy líder política, ni me sigue ni mi sombra) . Y de creer en el prójimo. Si creemos que todos son idiotas menos yo,tenemos garantizado el fracaso. O la bienvenida al periodismo,claro :-D

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